Hay situaciones que están a la vista, conocidas por todo el mundo. Venezuela jamás había estado peor. Me refiero a todos los aspectos de la vida nacional. Públicos y privados. Una tragedia de tal naturaleza que llevó al padre Luis Ugalde S.J., en su último artículo, a escribir entre otras importantes cosas:   “Es urgente la renuncia de Maduro y un cambio a fondo del desastroso proceso…”. Lo demás es fácil de imaginar, pero lo importante es la línea coincidente con relación a este objetivo primario. Sin alcanzarlo será imposible la construcción de un nuevo país sobre la base de la libertad, el progreso y los principios fundamentales de una verdadera democracia.

A pesar del indignante fastidio que provocan, escuchamos atentamente todas las alocuciones de Maduro, de Cabello, de los hermanos Rodríguez y de unos cuantos más, especialmente gobernadores, o “protectores” de algunos Estados y no encontramos nada de fondo. Ni una palabra con relación a la tragedia y mucho menos, diseño de alguna política destinada a resolverla con ánimo de superación definitiva.

No se trata de un capricho. Tampoco de politiquería de quincalla baratera. Es un grave problema de fondo que nos afecta a todos y está unificando a los compatriotas por la base. Demócratas opositores, la mayoría de los chavistas originarios y muchos que hasta ahora por razones de supervivencia han estado al margen de las polémicas propias de la política, están de acuerdo en que esto no puede ni debe continuar. La consecuencia es evidente. La base de sustentación del régimen está muy deteriorada. Solo puede aferrarse, como hasta ahora, a la mentira y al disimulo, a la violencia física e institucional, al abuso ante la incertidumbre de lo que les depara un futuro que ya empezó. ¿Qué harán y adónde irán con recursos mal habidos bastante ubicados por el mundo entero?

Para refirmar lo que estamos afirmando basta con recordar que más de 5 millones de compatriotas están en el exterior. Se trata de un récord para Latinoamérica y buena parte del mundo. Regresan unos pocos y el régimen especula como si vinieran de nuevo al paraíso terrenal que los obligó a irse. Pura farsa mentirosa. La vida de la inmensa mayoría de los venezolanos que están en el exterior es triste. Muy pocos se adaptan plenamente a la vida marginal que como refugiados encuentran, pero están plenamente conscientes de las dificultades que los obligaron a partir.

Por desgracia adicional la pandemia originada por el coronavirus muestra en toda su magnitud la tragedia. La represión para imponer un obligado silencio a la población y las mentiras, le están generando al régimen resultados distintos a los que buscan. Esto es un socialismo-comunistoide probadamente fracasado en el mundo entero.

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@osalpaz


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