No hay dudas de que la primera gran batalla política que se libra este año en América es la elección del secretario general de la OEA el próximo 20 de marzo. Grupos de poder en el continente quieren volver a controlar desde este cargo, las acciones o decisiones que se tomen, proponiendo a dos candidatos, María Fernanda Espinosa y Hugo De Zela, cuya posición política con respecto a las dictaduras de América, Cuba, Nicaragua y Venezuela, se vislumbran ambiguas y cómplices, cuando hablan de “despolarización” y “diálogos” en sus propuestas.

La OEA no puede volver a ser un club de embajadores para charlar, tal como fue durante los diez años de tinieblas de José Miguel Insulza, cuando nunca se tomaron medidas reales contra la decisiones autoritarias que para aquel entonces tomaba por ejemplo Hugo Chávez, y que llevó a Venezuela a la peor crisis humanitaria del continente en su historia moderna. Tampoco se preocupó por la injerencia del régimen cubano, esa “mano que mece la cuna de la maldad en el continente”, para evitar que expandiera sus influencias comunistas y debilitara democracias e instituciones, financiada por los petrodólares del chavismo.

La llegada de Luis Almagro en mayo de 2015 devolvió la razón de ser a dicho organismo, trayendo a su seno los problemas reales del continente, promoviendo el debate activo sobre la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos, utilizando todas las herramientas legales que posee la organización más antigua del mundo, e innovando mecanismos para la lucha contra la corrupción, la mala administración y políticas públicas que empobrecen a los pueblos, la trata de personas y el maltrato a la mujer y a las minorías, las violaciones masivas de derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad que se cometen en los países no democráticos.

Nunca como ahora, la sede de la OEA había sido el lugar de encuentro de la gente, de la sociedad civil, de las victimas, de los activistas y defensores de derechos humanos, de aquellos que nunca habían tenido voz y que son la razón de ser de esta organización. Nunca mejor dicho: “Más derechos para más gente”

No ha habido un día, un Consejo Permanente, un escenario, foro, evento o cumbre, donde Luis Almagro no haya denunciado a la dictadura venezolana y haya advertido sobre el acelerado deterioro y la gravísima crisis humanitaria que se avecinaba. Los 4 informes elaborados entre 2016 y 2017 señalaban la ruptura del orden democrático, la eliminación del derecho al sufragio universal, y además pidió la aplicación de la Carta Democrática Interamericana. También convocó a un grupo de expertos que durante un año trabajó para preparar un Informe sobre los Crímenes de Lesa Humanidad, y lo envió a la Corte Penal Internacional, logrando además que 6 países miembros del Estatuto de Roma lo suscribieran ante dicha Corte, algo sin precedentes en el continente.

¿Qué sería de Venezuela hoy, si la OEA de Insulza hubiera actuado a tiempo, con la misma determinación y hubiera escuchado las voces que le decían lo que ocurría?

Almagro también se plantó contra la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua, y anunció la aplicación de la Carta Democrática Interamericana en diciembre de 2018, luego de la terrible represión, asesinatos, detenciones y masivas violaciones de derechos humanos que ejecutó el régimen durante las manifestaciones de la sociedad civil ese año, y su denuncia y seguimiento continúa día a día. También denunció el fraude electoral cometido por Evo Morales en Bolivia, y ha acompañado atentamente, los procesos electorales del continente, denunciando cuando ha habido que denunciar irregularidades en los procesos.

América sufre toda en su conjunto, las consecuencias que generan las dictaduras enquistadas en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Las crisis migratorias y los problemas económicos y sociales que ellas generan, pueden provocar colapsos en países estables o con democracias frágiles. Pretender sacarlos de la agenda principal o restarle importancia demuestra la incomprensión del problema o la complicidad con las dictaduras de los otros dos candidatos que aspiran al cargo.

La reelección del secretario general Luis Almagro es imprescindible para garantizar la continuidad de lo que él ha liderado y promovido para volver a la vida y darle un fin a la principal organización regional, en la promoción y fortalecimiento de los sistemas democráticos y los derechos de la gente, con el pleno conocimiento de sus necesidades y la situación política de cada Estado parte.

América no puede permitirse pausas en su lucha contra las dictaduras, así como tampoco puede permitirse de nuevo, una OEA floja, inactiva, ambigua y cómplice de violaciones de las obligaciones adquiridas por los Estados partes de la organización, para preservar sus sistemas democráticos.