Ya en septiembre del año 2017, en un artículo que titulamos “Grave e imperdonable omisión” alertábamos sobre los efectos que se generarían sobre la participación de la oposición en las elecciones regionales de entonces, convocadas por la incipiente e inconstitucional  “ANC”.

En esas líneas manifesté: “No agredo a los otros opositores que asumen como una panacea el acudir a esos sufragios; me inquieta sí que esa decisión vaya aparejada con la inimaginable abstracción de dos de los hechos más trascendentes del acontecer político del país. El bestial fraude electoral del 30 de julio y su resultado: la ANC”.

Más adelante sostuve: “La participación en esas elecciones debió enmarcarse en una estrategia que le diera fuelle a la oposición y no al régimen que en ellas ha visto, entre otras ventajas, la ansiada paz en la calle cuando la protesta había alcanzado sus mayores decibeles, el desconcierto en muchos actores de la comunidad internacional, el reconocimiento del árbitro electoral y, por vía consecuencial, el reconocimiento de una ANC, así como una inmensa mayoría de venezolanos en estado cataléptico”

Se realizaron esas elecciones con los resultados ya conocidos. Dos gobernadores burlados en sus triunfos y cuatro gobernadores que han sobrevivido en una especie de cogobierno menguado y subyugado al este gobierno ultracentralista e intervencionista que no le da respiro a las buenas intenciones de esos mandatarios regionales. El costo fue grande.

Hoy, luego de aquellos vientos, tenemos estas tempestades. El  régimen ha rebanado sistemáticamente a un gran número de diputados opositores, que comenzó con los parlamentarios indígenas licuados en la infernal mafia judicial. Con esa “ANC” tememos que seguirán allanándole la inmunidad a más de 25 diputados, sin suplentes, para luego dejar al Parlamento como un cascarón y así declararlo inexistente. Lo demás es mero trámite. Sala Electoral convalidando esa decisión y convocando nuevas elecciones parlamentarias en forma adelantada: son los últimos naipes del régimen.

Luego de un largo periplo con renovados coqueteos electorales, que fueron solo un guiño de la dictadura, estamos aterrizando en la dura verdad de que todo era mentira. A nuestro pesar, esa “ANC” desconocida por una gran cantidad de países y organismos internacionales, pero tangencialmente reconocida por erradas decisiones que la dotaron de una legitimidad de la que carecían, con ambigüedades y genuflexiones, seguirá siendo el único escenario en el que aún sobreviva agónicamente este régimen de forajidos. ¿Por cuánto tiempo más?, no lo sabemos. Ojalá sea pronto.