El presidente Chávez valoro en toda su vida política la significación de voto, porque representaba el protagonismo del pueblo en democracia, sus discursos eran populista el cual se articulaban a las necesidades de cambio y expectativas frustradas durante años por las políticas liberales y neoliberales de los gobiernos democráticos de la cuarta república, es decir el comandante utilizaba sus discursos según los especialistas  “como una estrategia para llegar al poder y gobernar basada  en una narrativa maniquea que polarizaba la sociedad en dos campos antagónicos: un pueblo sin miedo contra la oligarquía”, desde ese primer momento también salieron del escenario los partidos tradicionales y otras organizaciones mediadoras. Emergía con fuerza una nueva esperanza parecía desaparecer las murallas de la corrupción y exclusión social que distanciaban al pueblo del bienestar y la justicia social. Sin embargo, las primeras acciones de políticas públicas y el populismo no fueron suficientes para canalizar la cantidad de demandas de millones de venezolanos que soñaron con el verdadero cambio, con el devenir del tiempo se comienza a configurar la variable del desamor por la revolución Chavista.

Ahora bien, para muchos versados en la temática, el populismo podría resumirse en pocas palabras como: decirle al pueblo lo que el pueblo quiere escuchar, independientemente de la realidad objetiva”. En este sentido, se devela que Maduro para gobernar en minoría demuestra ser todo un buen populista, apuntalado en el CNE. De lo contrario no hubiese ganado ninguna elección en los eventos de elecciones regionales 2017, elección presidencial 2018 y elecciones parlamentarias 2020.

La Venezuela del siglo XXI, el 80% desea un cambio de gobierno, teniendo como el su gran desafío el de tomar una nueva postura ante la miseria del populismo como estrategia pragmática de captar votos o respaldos, tal es el caso del carnet de la patria y los diversos bonos, instrumentos de control social. Lo grave, el concepto de populismo es tan complejo, el gobierno lo transforma como una especie de nacionalismo cuyo rasgo distintivo es la equiparación del país y el pueblo, pareciendo este último al universo social integrado por la gente. El nacionalismo inducido por el gobierno revolucionario agota sus esfuerzos en dar la sensación de unión con el pueblo, teniendo como los protagonistas a los excluidos o invisibles, es decir en nombre de este colectivo es que Nicolás se erige como el defensor de los intereses nacionales frente a la supuesta inminente invasión del imperio norteamericano.

En correspondencia con la intencionalidad intrínseca en que se mueve el gobierno, se revela la verdad verdadera la revolución bolivariana está flotando en varios escenarios para llegar hasta el 2024, activa además la estrategia de la psicología de la amenaza política y del miedo para evitar contarse en cualquier evento electoral incluso a su medida, las amenazas casi a diario que hacen los voceros de la revolución hacia la oposición, se expresa especialmente en el discurso político de la autoridad, afianzados en los medios de comunicación social, y se concretiza mediante los selectivos procedimientos represivos, los que generan experiencias traumáticas en la mayoría de la población que percibe la amenaza como algo que puede transformar el miedo en terror o pánico, germinando en nuestro caso la desmotivación en la mayoría de los venezolanos que buscan  rescatar el voto.

Es evidente la amenaza política que se establece a través del poder. Foucault dice que “todo poder es un modo de acción de unos sobre otros. Se ejerce el poder cuando unos individuos son capaces de gobernar y dirigir conductas. Conducir conductas implica gobernar, y gobernar constituye la forma más acabada del poder”. El poder como gobierno no resiste en el tiempo, la idea de un sometimiento absoluto en la conducta de la gente; en contradicción el poder revolucionario se enfrenta a sus propios límites o decadencia, por ejemplo: la posibilidad que brote contundencia la rebeldía del todo social, convocando el rescate del voto como sustancia significativa de toda democracia.

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