Los aguajes han sido parte de la cháchara de Chávez y ahora de Maduro. En sus respectivas parodias no faltan nunca esas poses con las que han pretendido impresionar a la audiencia, apelando a esas puestas en escena con sus respectivas pintas y tamaños. Es una práctica propia de los impostores y ellos en ese terreno, sin duda, han sido sobresalientes. Son hábiles e inescrupulosos para entablar conversaciones con aparente atractivo pero que son, al fin y al cabo, intrascendentes. Son alumnos aventajados de la escuela castrista, que llevan sometiendo a un pueblo por más de 60 años a fuerza de represión y de historietas, que nada tienen de verdad, pero que las repiten una y mil veces aderezadas para cada caso, con argumentos que van renovando según cada evento en particular.

Lo último en esos menesteres en Venezuela es que Nicolás Maduro plantea volver a modificar el pabellón nacional. Según él, “están pidiendo la novena estrella”, el gobernador del Zulia, Omar Prieto. “Me gusta la idea, la dejo abierta para que la Asamblea Nacional la estudie y debata y tengamos una recomendación y una decisión”.  Esa es la nueva táctica distraccionista de Maduro. O sea, que mientras los venezolanos se levantan estrellados por los apagones, la hambruna, la hiperinflación y la inseguridad que incrementa el malandraje que controlan barrios y urbanizaciones, Maduro trata de desviar el debate hacia este nuevo hito revolucionario: ¡una nueva estrella para la bandera venezolana!

Mientras las pandemias azotan a los venezolanos, mientras todo tipo de enfermedades diezman la vida de niños y abuelos, Maduro pretende entretenernos activando este episodio que en nada va a remediar las calamidades que se derivan, por ejemplo, del anuncio realizado por el coordinador humanitario de la ONU, Sr. Peter Grohmann, de que “quedan suspendidos temporalmente los programas de transferencias monetarias correspondientes al Plan de Respuesta Humanitaria para Venezuela”. Ese tema sí es pertinente debatirlo ante un país en donde la gente se está muriendo de hambre y cada día es más vulnerable ante los embates de cualquier enfermedad.

¡Ah! no, ¡eso no le conviene a la revolución!  Maduro no permite que se aclare la razón que da pie a esa suspensión, que no es otra que la falta de trasparencia en ese tipo de transacciones. Tampoco quiere darle la cara a los directivos de la Organización Panamericana de la Salud, que reclama el pago de la deuda que tiene pendiente con esa institución. Pero Maduro quiere que los venezolanos nos enfrasquemos en una discusión sobre la “novena estrella” para pasar agachado ante el escándalo que representa otra arbitrariedad que cometen sus panas de los grupos armados, esos pelotones que ellos amparan para que cometan todo tipo de desmanes, como esas de estar invadiendo propiedades. Las denuncias están a la vista de todo el mundo, los vecinos han salido a defender sus apartamentos y casas ante la embestida invasionista de asaltantes que se mueven por razones de todos conocidas.

Maduro no quiere que se discuta ampliamente, hasta llegar al fondo de ese enojoso asunto, como es la poderosa red de explotación humana, relacionada con encopetados militares, empresarios, individuos extranjeros, que en el estado Apure utilizan a jovencitas de entre 13 y 16 años en la explotación sexual. ¡No, que va!  Maduro quiere echarle tierrita a esta denuncia bien documentada que ha circulado internacionalmente, gracias a las pesquisas realizadas por la acuciosa periodista venezolana Sebastiana Barráez.

Por todo lo antes dicho debemos estar dispuestos los venezolanos a esquivar estos “trapos rojos” que Maduro mueve, para buscar meternos en esos potes de humo en las que a su vez pretende ocultar la tragedia que padece Venezuela.


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