Si algo hay que reconocer pasados ya más de veintisiete años desde que el equipo que ha destruido al país hiciera su aparición pública un 4 de febrero, es que han sido persistentes, insistentes y consistentes en su empeño de dañar y aniquilar, pero además en la utilización de los mismos medios que durante tanto tiempo les han permitido revestir de un ropaje de legalidad lo que normalmente era y sigue siendo indefendible e injustificable.

Fue así como de forma injustificable, aunque predecible, un 19 de enero de 1999, entre el carisma de un líder populista y autoritario, la ceguera de un pueblo hipnotizado por los cantos de sirena, y la sumisión de lo que se creía era un Poder independiente como lo era el Poder Judicial, se abrió la puerta con la Sentencia 17 de la Sala Plena de la entonces Corte Suprema de Justicia, a lo que hoy podemos claramente etiquetar como el género del realismo mágico judicial, al torcerse con la excusa del interés nacional, a lo más sagrado e importante para la paz ciudadana, que es la Constitución Nacional, en aquél caso la de 1961, la cual como era de esperarse y luego de ser violada, duró muy poco y en menos de un año fue sustituida por la de 1999, que terminó heredando esa propensión a ser violada como en efecto lo ha sido sin clemencia. 

A veinte años de haberse enterrado la Constitución del 61 y de haber sido aprobada la del 99, de la ecuación, de ese triángulo inicial algo bastante relevante ha cambiado, pues aunque quien heredó y conduce el desgobierno sigue siendo populista y autoritario, y la cabeza del Poder Judicial persiste en su sumisión, ya el pueblo salió del estado hipnótico y ha despertado de lo que no fue otra cosa que una vulgar y silvestre estafa en la que cayó desesperado por la necesidad de superar y trascender a un modelo político que se había desconectado de sus necesidades y había dejado de darle respuesta. 

En su afán de persistir en utilizar una fórmula que por años les funcionó y muy bien, los actores del desgobierno pasan por alto ese relevante despertar colectivo, gracias al cual sus artimañas ya no funcionan, pues sencillamente se esfumó la magia, quedando desnudo el estricto realismo, así de puro y duro como el que se vive día a día en la agitada Venezuela. 

Como en 1999, recurrieron a una Asamblea Nacional Constituyente, aunque en esta oportunidad prescindiendo de casi todas las formas, lo cual era obvio y necesario, pues de lo contrario no hubiesen podido construir ese abominable cuerpo que dice representar la voluntad soberana. Pero esa ANC ha sido la principal desgracia del desgobierno, y sobre su desconocimiento se ha construido una sólida posición de la comunidad internacional democrática que ha derivado en el cuestionamiento de la legitimidad constitucional del mandato de Maduro; y así, aún con lo mal que les salió esa huida hacia adelante que se plantearon en Julio de 2017 con el juego de la ANC, persisten en esa línea de conducta desatinada, desafiante y de atropello que ya no funciona como una vez funcionó, con encanto y disimulo, siendo que a estas alturas lo que queda es simple fuerza y ni un ápice de razón. 

Lo que abundó alguna vez en los actores del desgobierno que era la creatividad, se desvaneció y cual porfiaos, insisten en la misma fórmula, esta vez con la exigencia de un cuestionado Poder Judicial a la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente, del allanamiento de la inmunidad parlamentaria de los únicos actores políticos que aún detentan un mandato popular legítimo, lo cual fue el camino escogido para desarticular y desmantelar a la legítima Asamblea Nacional.

Pero los porfiaos del desgobierno, enfrentan hoy la obstinada e indeclinable insistencia de rescatar la democracia de una avasallante mayoría con tres particularidades, al contar con un pueblo despierto que difícilmente sea hipnotizado nuevamente; acompañado de la solidaridad de una comunidad internacional que reconoció la dimensión del drama venezolano; y por último, aún más importante, todavía más porfiaos en alcanzar su objetivo que es hacer posible el nacimiento de una nueva Venezuela.