Entre las noticias de esta semana figura una de la que se puede hablar sin problemas (porque seguramente nadie saldrá en defensa de los mosquitos, quiero decir).

Resulta que el conocido magnate, el superrecontramultimillonario Bill Gates está liberando en Medellín 30 millones de mosquitos a la semana.

Numerosas inquietudes surgen: ¿por qué estaban detenidos esos mosquitos? ¿De qué se les acusaba? ¿Fueron sometidos al debido proceso? ¿Se respetaron sus derechos mosquitanos? Y la más relevante de todas: ¿qué c. (carrizo) hace Bill Gates, haciendo honor a su apellido, abriéndole las puertas a ese mosquiterío loco?

Cuando nos adentramos en la información, resulta que la organización World Mosquito Program, como una suerte de ONU de los zancudos, se dedica a producir mosquitos modificados genéticamente para luchar en contra de las enfermedades cuyo origen principal se remonta al Aedes aegypti, un mosquito transmisor del dengue, la chikungunya y el zica.

Claro, la primera duda que a uno le invade ante esa liberación mosquiteril es: ¿por qué en vez de liberarlos no los dejan detenidos?

Bueno, el punto es que las susodichas bestias voladoras son infectadas con wolbachia, una bacteria que impide que el insecto pueda transmitir las enfermedades que habitualmente transmite.

Al parecer esos mosquitos liberados hacen que en corto plazo todos los mosquitos sean portadores de la bacteria, lo que reduce significativamente las estadísticas de contagio con las enfermedades mencionadas.

Y así, aunque con todo ese mosquiterío suelto, podemos convivir pacíficamente con ellos, dándoles, si es el caso, la habitual palmadita que los deja estampados en la blanca pared, pero sin ningún otro riesgo para la salud, salvo la eventual fractura de algún dedo.

Para lograr su propósito, el Sr. Gates tiene una «granja de mosquitos» en Medellín.

Uno no entiende bien cómo funciona una granja de esta naturaleza, pero supone que debe ser lo mismo que la de pollos: bebederos, alimentación y una cerca para que no se escapen y no mucho más.

Ahora el tema de la alimentación también genera inquietud: según las investigaciones las hembras se alimentan de sangre humana (hematófagos).

No sabemos cómo se la proporciona Bill Gates, ni pretendemos averiguarlo tampoco. No hay por qué saberlo todo de los negocios ajenos.

Todo esto parece asunto de broma, pero no lo es; la capacidad mortífera del zancudo supera incluso la de nosotros los humanos matándonos unos con otros, que ya es bastante decir.

Pero valga la oportunidad, ya que Mr. Gates está trabajando tan afanosamente en este proyecto, para preguntarle si no le sería posible también proporcionar un beneficio complementario para eliminar el zumbido del mosquito, porque en honor a la verdad, y para decirlo en términos académicos, eso es lo que más jode.

Entiendo que el zumbido lo producen las alas en el vuelo, así que mi sugerencia es buscar algún mecanismo para silenciarlas. Y así, ya que no lo van a matar a uno, por lo menos que chupen calladitos.

Si no se puede con el silenciador de alas, otra sugerencia: ¿no se les podría hacer alguna mutación genética para prescindir de las mismas?, y que, si quieren picarlo a uno, bueno que le echen pichón y lo hagan a pie.

Gracias a Bill Gates por esta noble iniciativa que aplaudimos fervorosamente, con las consiguientes disculpas si acaso, por mala suerte, alguno de sus mosquitos se nos atraviesa en el aplauso.

Originalmente publicado en el diario TalCual


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