El régimen tiene los ojos puestos en cualquier cosa que genere divisas, aunque sea a menor escala. Es obvio que lo que entra al erario público (o sus bolsillos, que es lo mismo) ya no les alcanza, y menos en tiempos electorales que ellos mismos han propiciado para su propio beneficio.

De acuerdo con cifras de los expertos en materia petrolera, a Venezuela le han entrado 1,29 millardos de dólares desde enero hasta mayo, lo que afirman que es poco y es consecuencia de la baja producción y de la disminución del precio del barril.

Sin embargo, ha tenido que hacer negocio con los iraníes por gasolina y está visto que no será posible arrancar las refinerías para por lo menos cubrir el mercado interno. Por eso debe ser que andan desesperados como un drogadicto con síndrome de abstinencia.

Los venezolanos han comprobado que cuando la cúpula rojita se encuentra en ese estado hace las cosas más desastrosas o arremete contra cualquiera. En este caso han sido los concesionarios de varias estaciones de servicio en el área metropolitana.

Nunca se han preocupado por dar explicaciones de las medidas arbitrarias que toman, pero es obvio que los perjudicados necesitan saber la razón por la cual han sido despojados de sus medios de vida. Algunos han trabajado y construido sus negocios por décadas de manera decente y sin perder de vista que se trata de un servicio vital para los ciudadanos.

Cuando les explican que las gasolineras no deben cerrar bajo ninguna circunstancia, quedan en el limbo. La razón por la que las estaciones dejan de prestar servicio es que no hay gasolina para despachar. Eso, sin embargo, escapa de las manos de los concesionarios que manejan ese negocio, porque el responsable de la producción y la distribución de combustible es el Estado.

En resumidas cuentas, muchas familias se quedan sin medios de sustento porque Pdvsa es incapaz de cumplir con su obligación de surtir de gasolina a las estaciones de servicio. No es culpa de los que gestionan estos negocios que hayan tenido que cerrar muchas veces.

Ahora el régimen tendrá el control de las gasolineras que más movimiento tienen en el área metropolitana, lo que hace sospechar que uno de los objetivos principales de una medida tan extraña es controlar sin intermediarios la cantidad de dólares que están entrando en estas estaciones de servicio.

Una vez más, Maduro y compañía maltratan a los ciudadanos para su propio beneficio. Habrá que ver si la gasolina iraní sigue llegando, porque si cierran estas estaciones por falta de combustible que despachar, no tendrán cómo justificar esta medida. Bueno, como si les importara.


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