La historia está plagada de líderes autoritarios cuyos delirios han dejado una marca indeleble en la humanidad sembrando caos y sufrimiento. Los delirios autoritarios comparten rasgos distintivos que van más allá de las fronteras geográficas y temporales, revelando patrones preocupantes en el ejercicio del poder.

Los líderes autoritarios a menudo promueven la idea de la supremacía de su nación o grupo étnico, alimentando el nacionalismo exacerbado. Este sentimiento puede llevar a la discriminación, persecución y conflictos internacionales basados en la creencia errónea de la superioridad.

Los líderes autoritarios son maestros en la manipulación de la realidad, distorsionando hechos para encajar en sus narrativas delirantes. Esta manipulación puede generar una base de seguidores leales, pero también conduce a decisiones políticas y militares erróneas.

Los delirios autoritarios suelen ir de la mano con el desprecio por las instituciones democráticas. Los líderes autoritarios tienden a socavar la separación de poderes, el estado de derecho y los controles y equilibrios, consolidando el poder en sus manos.

La intolerancia hacia la disidencia es una característica común de los líderes autoritarios. La represión de la oposición, ya sea mediante la censura, la violencia o la persecución política, se convierte en un medio para mantener el control y silenciar cualquier desafío a su autoridad.

Por ejemplo, el delirio de Hitler respecto a la supremacía racial y la expansión territorial llevó a la invasión de Polonia en 1939, marcando el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Este error estratégico generó un conflicto global y resultó en innumerables pérdidas humanas y devastación. La invasión fallida de la Unión Soviética en 1941 marcó un punto de inflexión, exponiendo las debilidades de las fuerzas alemanas y abriendo un frente oriental que resultaría crucial en el declive del Tercer Reich.

Saddam Hussein también utilizó la expansión territorial y manifestó públicamente su desprecio por las normas internacionales, justificando la invasión de Kuwait en 1990. Aunque la invasión de Kuwait fue repelida, su falta de cooperación con las inspecciones de armas en 2003 condujo a la intervención liderada por Estados Unidos, esta guerra tuvo consecuencias duraderas, incluyendo la inestabilidad en la región.

La caída del Bloque del Este liderado por la Unión Soviética, es otro ejemplo del delirio autoritario; líderes como Stalin y Brezhnev impusieron décadas de represión política, censura y violación de los derechos humanos. La invasión de Afganistán en 1979 y la imposición de regímenes títeres en Europa del Este generaron una creciente resistencia. Sin embargo, la creencia en la estabilidad del régimen y la capacidad de controlar la información llevó a la sorpresiva caída del Muro de Berlín en 1989, marcando el colapso del bloque comunista y el fin de la Guerra Fría.

También se puede recordar la Guerra Civil en Siria bajo el liderazgo de Bashar al-Assad (2011-presente): la represión brutal del régimen de Bashar Al-Assad frente a las protestas pacíficas que exigían reformas políticas en 2011 llevó a un conflicto armado prolongado en Siria. El delirio autoritario de Al-Assad, su negativa a ceder el poder y su disposición a utilizar la fuerza indiscriminada contra su propia población han generado una crisis humanitaria de proporciones catastróficas. Millones de personas han sido desplazadas, y la guerra ha dejado un rastro de destrucción y sufrimiento, destacando los errores inherentes al mantenimiento despiadado del poder.

Un ejemplo más local es el delirio de Pinochet, el cual se reflejó en su creencia de consolidar el poder militar para suprimir cualquier amenaza percibida de izquierda, lo cual tuvo como consecuencia la persecución sistemática de opositores políticos, la implementación de políticas económicas neoliberales y la violación sistemática de los derechos humanos. La represión alcanzó su punto álgido con la creación de centros de detención y tortura, como el infame Estadio Nacional.

La historia muestra cómo la tolerancia y complacencia de la sociedad ante los delirios autoritarios expansionistas (principalmente) pueden tener consecuencias desastrosas, no solo para los líderes y sus regímenes, sino también para la estabilidad nacional, regional y la paz global. En tal sentido, considero importante que la gente se informe e involucre con sensatez en el tema de la política exterior de Venezuela, ya que es un factor que afecta directamente la economía y el bienestar de la población. Suficiente tenemos con la crisis salarial, energética, humanitaria, migratoria y social, como para difundir una retórica nacionalista que promueve acciones agresivas en el ámbito internacional, a fin de ocultar y no dar la cara al descontento nacional.


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