Nuestra amada Perla del Norte es cuatricentenaria. Cuando El capitán general y gobernador de la Provincia de Venezuela, el bogotano Francisco de la Hoz y Berríos y Oruña funda la pequeña comarca el 24 de junio de 1620, se iniciaba un viaje trepidante que unió su fértil valle con un destino marcado por la advocación de san Juan Bautista. Aquel profeta que acercó al reino de los cielos al bautizar a Jesús marcaba huella imperecedera en estas tierras. Con su mirada puesta en la magnificencia verde de sus colinas creció paulatinamente, por algunos costados emergían aguas cristalinas que la llenaron de esplendor.

El aborigen ancestral, como dueño originario de estos feudos, luchó por mantenerse al lado de sus costumbres y tradiciones. Peleó cada centímetro de estos lares con las armas que construyó con sus manos, pagó con sangre su ofrenda de valentía. El español trajo de Europa un idioma; abrazado a la religión oficial de la corona, también su organización social que fue imponiéndose con el paso de los años. Ambas visiones fueron acercándose hasta que las feroces reyertas quedaron en el pasado.

Como alzada por una vorágine, el tiempo nos trajo hasta la beatitud del café. La bonanza del rubro hizo crecer la economía local hasta hacerla una referencia más allá de nuestras fronteras. La provechosa inmigración italiana sembró de progreso esta tierra. La visión de Francisco Bortone, como el gran cerebro en la comercialización del café, la colocó en el exigente mercado europeo y norteamericano.

Crespo despuntaba con su crecimiento económico, para ello tuvo como aliado al ferrocarril Bolívar, aquel armatoste gris de membresía británica, fortaleció la comunicación comercial, sus vagones abarrotados de productos nuestros que llegaban hasta Tucacas, de allí salían a llevar el fruto del esfuerzo de un laborioso pueblo al selecto destino de los mejores clientes. Nada parecía detener aquel empuje maravilloso.

Duaca crecía aceleradamente gracias al encuentro del emprendedor italiano con los nacidos acá. Desgraciadamente la gran depresión de 1929 hizo que los precios del café cayeran en el mercado internacional, la ruina de muchos hacendados no se hizo esperar, solo se salvaron aquellos que lograron diversificar su negocio, pero la economía de Crespo sufrió un mazazo devastador del cual no se recuperó del todo. Lo que ocurre hoy es dantesco.

Un pueblo olvidado por pésimos gobiernos locales apenas subsiste. Sus calles rotas son el mejor ejemplo de ineptitud oficial. Con graves problemas de agua y de suministro de gas. El hambre arremete con furia destrozando el futuro de familias enteras. Las fuentes de empleo destruidas casi totalmente. La vialidad agrícola es una vergüenza. La inversión en créditos y asistencia al campesino es nula. En definitiva, el peor enemigo de Duaca es la revolución. Aunado con ello tenemos el gravísimo problema del ecocidio general. Nuestros bosques han sido severamente intervenidos por manos criminales, corremos el riesgo de transformarnos dentro de algún tiempo en desiertos. Es increíble como la deforestación destruyó nuestras principales reservas. La inconciencia humana, como hormigas depredadoras, continúan acorralando la vida.

La falta de un gobierno que ponga coto contribuye a fomentar este drama. Muchas veces son cómplices de grandes negocios que se mueven tras la intervención de las zonas boscosas. La merma ostensible de las caudales subterráneos de Barro Negro y Licua es responsabilidad de veinte años de gobierno socialista. Su traición al pueblo es pública y notoria.

Con todo y las desgracias, somos un pueblo con gran potencial. Cuatrocientos años de una población llena de gente valiosa. Siglos de una experiencia cumbre con este valle, que forma parte de nuestros mayores desvelos. Estamos seguros de que pronto llegará un cambio que nos hará brillar como la perla de siempre.

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@alecambero

 


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