Una vez adoptada la decisión, por demás acertada, de no concurrir, por las razones conocidas, al proceso convocado por la dictadura el 6 de diciembre, corresponde a las fuerzas democráticas adoptar una hoja de ruta hacia el evento señalado. Esa decisión debe ser tomada con el mayor realismo y pragmatismo posible, aquí no caben los voluntarismos ni los desesperos que han precedido algunas decisiones tomadas en el pasado, que han creado falsas ilusiones y finalmente alimentado, como consecuencia lógica, la desesperanza y frustración de la mayoría favorable al cambio. El covid-19 y el escepticismo existente hacia la presión de masas como instrumento de lucha son dos factores, entre otros, que se deben tener en cuenta para decidir el curso que se va a seguir.

De aquí allá solo corresponde: insistir en el discurso deslegitimador de la farsa electoral, exigir elecciones generales justas y libres, trabajar para construir la unidad más amplia posible en torno a la presidencia interina con quienes corresponda porque comparten objetivo, estrategia y táctica, resolver todo lo concerniente a la continuidad de la vigente y legítima Asamblea Nacional y el gobierno interino, concertar con los aliados internacionales la política y las medidas que se van a tomar en la nueva etapa que se inicia después del 6D. Esto último es de vital importancia ya que, desafortunadamente, el conflicto venezolano está internacionalizado (responsabilidad exclusiva del chavismo) y porque solos no podemos.

En consonancia con los criterios arriba mencionados, no me parece ni realista ni conveniente convocar, por ahora, a ningún tipo de consulta paralela a la farsa de la dictadura; usando el viejo lenguaje puede decirse que no están dadas ni “las condiciones objetivas ni las subjetivas” para ese tipo de acciones. Comprendo la angustia de muchos sobre la necesidad de hacer actos de resistencia, de no quedarnos sin hacer nada, solo que por desespero no podemos exponernos a fracasos como el que experimentará régimen en diciembre porque, de acuerdo a cómo van las cosas (han tenido que prorrogar dos veces el lapso de inscripción de candidatura y por algo será), puede esperarse una abstención brutal. Y digo fracaso porque al oficialismo no le conviene políticamente ni en términos de legitimidad  un vacío clamoroso. Recuérdese las consecuencias de mayo de 2018; lo de ahora es el remake de aquella película en clave parlamentaria. Otro acto de usurpación.

Lo que sí creo pertinente y necesario hacer es organizar en conjunto con las ONG que se dedican al tema electoral una amplia red de veedores electorales que supervise in situ los comicios venideros. La información levantada por la red será de mucha importancia para evaluar la calidad y asistencia real del evento y sortear la predecible propaganda roja.

Los indultos decretados por el oficialismo son bienvenidos, pero no cambian para nada ni la naturaleza del régimen ni sus propósitos continuistas. No por convenientes dejan de ser una maniobra de manual castrista para rebajar tensiones y maquillarse ante el 6 de diciembre.

 


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