Las personas tienen el deber moral de oponerse a la injusticia; es la prédica de destacados filósofos a través de los siglos. Al respecto, Rawls señala como requisito indispensable para ser considerada desobediencia civil su carácter pacífico.

En Venezuela, amparados por la Constitución que les rige, los ciudadanos gozan del derecho a manifestar pacíficamente y sin armas, tal como se plantea en el artículo 68; igualmente, el 350 consagra la desobediencia civil.

Gandhi la denominó “resistencia pasiva”. Y Bobbio la basa en principios éticos superiores. Al final -con consideraciones diferentes, en la práctica, en el formato popular- todas las concepciones sobre “resistencia pasiva» transitan casi el mismo sendero.

El surgimiento de un liderazgo de gran alcance refrendado en consulta popular ha despertado la necesidad de cambio, agigantado cada día en todos los sectores sociales. Hasta ahora, sólo estamos viendo el comienzo de un proceso inédito inimaginable, rompiendo estereotipos y traspasando todas las barreras en cada momento del camino.

Esta arrolladora fuerza de aire nuevo se devela en un contexto sorprendente e interesante, digno de profunda reflexión para comprenderlo:

– Ha desbaratado un régimen anclado en un poderío, que aún con la mayoría institucional usurpada a su favor, mantiene el eslogan “piensa hacia atrás y vive en el ayer”.

– Ha logrado que la anarquía gobernante desesperada pierda el norte y se encierre en su jaula de fracasos.

– Ha despertado a un pueblo cansado de tanto maltrato y casi desfallecido, y logra movilizarlo abiertamente con valentía y sin miedo. Las armas: el pacifismo.

– Ha reforzado la idea real de cambio ante cada agresión, visible en las calles del país.

– Ha convertido “el Tren de Miraflores” en un grupo recluido en el palacio de los desesperados. El jefe del comando ya no habla, grita. El tirano, en su función de vendedor de crecepelos, habla solo y saluda a la nada. «La combatiente», empacando con la asesoría de la vice, especialista en maletas. El último que se lleve los bombillos.

Así las cosas, resurge una luz resplandeciente que brilla de esperanza; se consolida un liderazgo impactante con identidad propia que camina y construye una movilización con enseñanza de una verdadera democracia.

Este liderazgo ofrece futuro y propone un Estado liberal que reestablezca o instaure un nuevo orden económico, proteja las inversiones y genere trabajo; con el propósito de ir reconstituyendo el tejido social. Lo dijo la lideresa en El Callao antes miles de seguidores convertidos en alumnos de la voluminosa aula de la calle: Estamos frente a una resistencia civil consistente, formativa, indetenible.

En resumen: Constitución y pueblo en marcha.

Continúa la cátedra a sol abierto en la ronda vial.

Se ofrece “Liderazgo en la Adversidad” dictado por la autora de este grandioso despertar.

No hay distingos…la Venezuela que aspiramos es de todos y para todos.


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