La falsaria oposición es una carga, un peso muerto, sobre los hombros de la mayoría ciudadana que libra auténtica lucha desde hace 22 años por el rescate de la democracia. Los impostores insertados en el ecosistema criminal simulan la lucha que no va más allá de darle carácter de verosimilitud a sus acciones, “apariencia de verdad” ajena a la verdad que los interpela. Son los responsables de haber creado un vacío en el ánimo de los que dan el noble combate libertario, al comenzarse a perder la lucha en la mente y corazón de los venezolanos.

Ese vacío será llenado por un liderazgo recio centrado en principios y valores republicanos, comprometido en una diáfana estrategia que abandone el zigzagueo impenitente de los usufructuarios del ecosistema.

A 63 años del 23 de enero estelar de 1958, vale la pena poner el foco, como lección de la historia, en la sucesión de acontecimientos que condujo a la libertad. La idea es inspirar a quienes libran la lucha de hoy en el singular espíritu libertario.

El 1 de enero de 1958, muy temprano en la mañana, estalla una sublevación militar contra el régimen dictatorial que preside el general de división Marcos Pérez Jiménez. A las 6:00 de la mañana, aviones de la base de Maracay aparecen sobre Caracas para anunciar a los militares comprometidos en la capital –era la señal convenida– que la insurgencia militar había comenzado. Alrededor de las 4:00 de la tarde, los aviones ametrallan el Palacio de Miraflores, donde se activan las baterías antiaéreas y en cuyos sótanos Pérez Jiménez y algunos de sus secuaces se habían puesto a resguardo de las incursiones aéreas. Debido a fallas en la coordinación –además de la no participación de la resistencia civil– la intentona no tuvo éxito.

A Rómulo Betancourt le preocupaba que el final de la dictadura perezjimenista llegara por la vía de una acción exclusivamente militar, y, en consecuencia, planteó el regreso de exiliados al país para fortalecer la organización de la sociedad civil y de los partidos en la resistencia interna.

El historiador Ramón J. Velásquez también tiene aprensión a la acción únicamente militar: “Lo que diferencia al 23 de enero de los episodios similares de nuestra historia es su carácter de jornada colectiva, tanto en lo militar como en lo civil…Si el movimiento del 1 de enero triunfa el mismo día de su estallido, distinto hubiera sido el rumbo del proceso histórico iniciado en el año de 1958, pues sorprendidos dictador y pueblo con el regalo de las libertades, la  participación de los demás sectores nacionales habría sido nula”.

Los 21 días que van de uno a otro acontecimiento les permiten a las clases dirigentes de la nación tomar conciencia de la crisis y asumir su dirección. Naturalmente que la decisión final de las Fuerzas Armadas era determinante para poner fin a diez años de gobierno autocrático y personalista, pero el proceso de desajuste del aparato de represión del gobierno va a permitir que numerosos grupos profesionales y económicos abandonen su justo temor ante las conocidas represalias, colaboren con los activistas de los partidos políticos que integran la Junta Patriótica y den carácter de jornada nacional y no de golpe militar al histórico episodio.

Rómulo Betancourt sostenía que el descalabro del levantamiento militar del 1 de enero no ha fortalecido a la dictadura, sino que está más débil que nunca. El ejército está anarquizado y el pueblo perdió el miedo. Las dictaduras son como los ciclistas, que cuando dejan de pedalear se caen. Estaba convencido de que era cosa de pocos días.

No se equivocó el fundador de Acción Democrática, a partir del 1 de enero de 1958 ocurrieron los hechos con velocidad vertiginosa, con el telón de fondo de manifestaciones de obreros y estudiantes, protestas callejeras y pronunciamientos de la Junta Patriótica. El 9 de enero se anuncia un alzamiento de las fuerzas navales. El día 10, por presión militar, Pérez Jiménez designa ministro de la Defensa al general Rómulo Fernández; destituye al ministro del Interior, Laureano Vallenilla Lanz (h), quien se asila en la Embajada de Brasil y luego viaja al exterior, y sustituye al director de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada, quien viaja a Santo Domingo. El 13 de enero Pérez Jiménez da un contragolpe: destituye al general Rómulo Fernández, lo expulsa del país y se coloca al frente del Ministerio de la Defensa. El 14 circula el manifiesto de los intelectuales contra la dictadura. El 16 de enero circulan manifiestos contra el gobierno firmados por abogados, médicos, farmacéuticos, banqueros y estudiantes. El 17 la Junta Patriótica ordena para el 21 la huelga general, y continúa la agitación en los barrios, en los centros estudiantiles y los sindicatos. El 20 de enero el gobierno maniobra y distribuye volantes falsos a nombre de la Junta Patriótica aplazando la huelga.

El día 21, a las 12:00 del mediodía, las sirenas de las fábricas, las cornetas de los automóviles y las campanas de los templos anuncian el comienzo de la huelga; no circulan los periódicos; la industria y el comercio suspenden actividades; y a las 2:00 de la tarde hay una concentración en la plaza de El Silencio, que es ametrallada por la policía. Hay muertos y heridos. Se impone el toque de queda a partir de las 5:00 pm. El día 22 de enero a las 10:00 pm, Pérez Jiménez es informado de la sublevación de la Marina y de la guarnición de Caracas, envía un emisario a la Escuela Militar, donde se encuentran los dirigentes de la rebelión, y los cita a una conferencia en el Palacio de Miraflores. El contralmirante de la Marina, Larrazábal, quien se ha pronunciado a favor del golpe, le advierte a Pérez Jiménez que debe abandonar el país.

El día 23 de enero, a la 1:00 de la madrugada, en el avión presidencial La Vaca Sagrada, el dictador Pérez Jiménez, acompañado de su familia, algunos ministros y amigos, parte de la base aérea de La Carlota con rumbo a Santo Domingo. Tuvo un descuido y dejó olvidada en el aeropuerto parte del equipaje, la maleta que después se hizo famosa.

La democracia volvió a Venezuela.

Comenzamos la lucha en el año 2021 bajo las siguientes premisas:

Lidiamos con una corporación criminal. En Venezuela se desarrolla un conflicto transnacional de carácter criminal. Es un país ocupado por fuerzas del crimen, es un Estado fallido y forajido. El sufrimiento de los venezolanos no parará ni se aliviará mientras usurpe el poder el sistema de mafias. Ellos no van a soltar el poder por elecciones ni por diálogos, sin una fuerza real, una amenaza real disuasiva que se construya al lado de las fuerzas democráticas.

El desafío democrático, si tomamos en cuenta que 80% desea el cese de la usurpación, es aumentar cada día la presión interna con el acompañamiento internacional. Así podremos sortear los obstáculos de las complejas capas de redes ilícitas superpuestas y anudadas por la corporación criminal que ha impedido la acumulación de la masa crítica que permita su eyección.

¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!


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