En los actuales momentos en los cuales se celebra el 70°aniversario de la creación de la República Popular China, es oportuno señalar los aprendizajes profundos que dicho país obtuvo de estruendosos fracasos económicos en sus inicios y cómo debieron entrar por la senda de practicar el capitalismo mientras seguían predicando el socialismo como doctrina para la conducta política, pero jamás de nuevo para la conducción de la economía de dicha nación.

Tales lecciones políticas pudiesen ser muy útiles si el PSUV hubiese comprendido las razones de la caída de la Unión Soviética y el auge ya notable de China en 1998 y no cometiera el error espantoso de repetir políticas fracasadas en Europa Oriental, Latinoamérica y la misma historia venezolana de los últimos 50 años en el manejo de las bonanzas petroleras de 1973 y 1979, lo que finalmente dio pie a la espantosa crisis económica que vivimos en la actualidad.

Es un hecho trágico en la historia de la humanidad recordar la experiencia de las decenas de millones de personas que murieron de hambre en China entre 1958 y 1961, cuando crearon una economía comunal, se prohibió la agricultura privada y fundaron miles de factorías de acero de carácter casi artesanal que resultaron ineficientes, lo que generó una cultura de colectivismo y culto a la personalidad, un aspecto que no debe extrañarnos que exista en la actualidad en Venezuela, las loas y alabanzas a los consejos productivos de trabajadores, a la economía comunal, a las empresas de producción social y durante algunos años a la enfermiza obsesión por las expropiaciones de empresas privadas y la idea de que el Estado debía operar directamente en todos los sectores de la economía nacional.

Mientras en China, según los autores que se consulten, murieron entre 10 y 46 millones de personas de hambre y destruyeron gran parte de la economía rural y desordenaron la naciente industria manufacturera; en Venezuela el proceso de aplicación de dichas medidas generó una caída de la mitad del producto interno bruto, la huida desesperada de al menos 3 millones de emigrados al exterior, la destrucción de las prestaciones sociales de las generaciones de trabajadores de los últimos 20 años y aún faltan por calcularse los muertos por causas nutricionales y falta de medicinas de los últimos 5 años.

Estas muertes pudieron evitarse de haberse aceptado las experiencias soviéticas de industrialización de las décadas de los años veinte y treinta, y no caer en la locura de rechazarla por el simple hecho de no contagiarse del revisionismo político soviético de la época de Stalin, que inspiraba el temor de que las masas pudieran cuestionar en lo más mínimo la palabra de sus líderes o la línea política de su partido, dado el carácter casi sagrado de las mismas, lo que se parece mucho a la costumbre revolucionaria de que los líderes son intocables y no se equivocan, tal como ocurre actualmente en Corea del Norte y Venezuela, donde se ha podido evidenciar muchas veces cómo se dejan pasar situaciones inauditas como la quiebra financiera de Pdvsa bajo una directiva revolucionaria, de la cual nadie en el PSUV quiere o puede asumir la más mínima responsabilidad política para no cuestionar el legado político de Hugo Chávez, ni además investigar a muchos directivos responsables de unidades operativas que aún se encuentran en la palestra pública nacional o en cargos de responsabilidad pública.

Después de este disparate, ocurrió algo muy parecido conocido como la Revolución Cultural, donde en mayo de 1966, después de que Mao alegara que elementos burgueses se habían infiltrado en el gobierno y en la sociedad en general, con el objetivo de restaurar el capitalismo. Para eliminar a sus rivales dentro del Partido Comunista de China, Mao insistió en que los revisionistas fueran eliminados mediante la lucha de clases violenta.

Los jóvenes chinos respondieron al llamado de Mao formando grupos de la Guardia Roja en todo el país. El movimiento se extendió al ejército, a los trabajadores urbanos y al propio liderazgo del Partido Comunista. En las violentas luchas que siguieron en todo el país, millones de personas fueron perseguidas y sufrieron una amplia gama de abusos, incluyendo humillación pública, encarcelamiento arbitrario, tortura, trabajos forzados, hostigamiento sostenido, confiscación de bienes y, a veces, ejecución.

Un gran segmento de la población fue desplazado por la fuerza, en particular la transferencia de jóvenes urbanos a las regiones rurales durante el movimiento Envío al Campo. Se destruyeron reliquias y artefactos históricos, y se saquearon sitios culturales y religiosos. Mao declaró oficialmente que la Revolución Cultural había terminado en 1969, pero su fase activa duró hasta la muerte del líder militar y sucesor propuesto por Mao Lin Biao en 1971. Tras la muerte de Mao y el arresto de la Banda de los Cuatro en 1976, los reformistas dirigidos por Deng Xiaoping comenzaron a desmantelar gradualmente las políticas maoístas asociadas con la Revolución Cultural.

En Venezuela, en 2019, estamos en una situación muy parecida debido a que el gobierno de Nicolás Maduro plantea la disposición de utilizar más de 3 millones de milicianos para enfrentar a los enemigos externos e internos de la patria, estando dispuesto en sus propias palabras a ir a una guerra con Estados Unidos, Colombia, Brasil y sus aliados del Grupo de Lima; además, plantea que no tienen duda de que ganaran dicho conflicto militar en caso de ocurrencia.

Después de 1978, el gobierno de China lanzó una política similar a la de los cuatro tigres asiáticos de apertura económica, creación de un sólido sistema educativo y cierre político, que usaron dictaduras militares como las de Corea del Sur y Taiwán, generando por sus dimensiones territoriales una reacción colosal que ha llevado a China a ser prácticamente la primera economía del mundo en la actualidad en términos comerciales e industriales.

Esto hubiese sido imposible sin la política implacable de lucha contra la corrupción que ha llevado a la ejecución de muchos funcionarios, al encarcelamiento de muchos más e incluso a la desaparición durante meses o años de empresarios favoritos del gobierno que luego aparecen en prisión. Evidentemente, este no es el caso de la Venezuela de los últimos 20 años, con la excepción de los gerentes de Pdvsa durante la actual gestión de Tarek William Saab en el Ministerio Público.

En Venezuela es obvia la caída de todos los indicadores sociales y económicos debido a la ineficaz política económica y por ello debería estar muy avergonzado el gobierno nacional, por haber dilapidado centenares de miles de millones de dólares.

En este aniversario de la creación de la China popular sería mucho lo que debieran reflexionar nuestros gobernantes, aunque parezca ingenuo de mi parte pedir tal esfuerzo de reflexión.