El trabajo honesto no es motivo de deshonra. Todo lo contrario, enaltece y forma ciudadanos independientes, capaces de valerse por sí mismos sin necesidad, por ejemplo, de recurrir al Estado para satisfacer sus necesidades más básicas.

Para quien nunca ha trabajado es difícil entender esto, es lógico entonces que desarrollen una especie de fobia a todo lo que implique esfuerzo y sacrificio. Una gran parte del madurismo, para no decir todos, sufren de esta fobia, el máximo exponente de lo que esto significa es precisamente el dictador Nicolás Maduro. Un “reposero”, como lo bautizaron sus ex compañeros de trabajo de tantos reposos falsos que metía para no ir a trabajar, pero no solo nunca trabajó, sino que desprecia a quienes lo hacen.

Más de 4.700.000 venezolanos se han visto obligados a abandonar el país. Dejar el lugar de donde uno viene nunca es fácil, siempre serás extranjero fuera de tu tierra por más años que tengas afuera. Migrar implica grandes sacrificios y en las condiciones en las que los venezolanos deben huir de Venezuela, aún más. Eso se traduce, en muchos casos, en que muchos migrantes se vean obligados a abandonar eso que les apasionaba para hacer algo que les  permita sobrevivir y si para sobrevivir es necesario lavar pocetas, eso no disminuye de ninguna manera a quien lo haga.

Queriendo burlarse de los millones de venezolanos que luchan afuera para recomenzar las vidas que el “socialismo del siglo XXI” les robó, el dictador muestra su estatura “moral”.  Si se pudiera elegir no tendría dudas en decidirme mil veces por el esfuerzo en libertad, en lugar de la “comodidad” en esclavitud. Pero es que ni comodidad son capaces de ofrecer. Convirtieron el país en un infierno donde las necesidades más básicas son un “gran privilegio” y todavía tienen el descaro de vendernos su ”obra maestra” como el paraíso.

La élite madurista lo único que sabe lavar son dólares, si no vean en lo que han convertido Caracas en los últimos meses: en una lavadora gigante. Mientras tanto, en el exterior son millones de venezolanos que en el difícil camino que implica migrar no cuentan con la más mínima asistencia del régimen que los expulsó del lugar donde nacieron. Pero pensándolo bien, sería ilógico que fuese lo contrario. La dictadura vulnera los derechos fundamentales incluso de quienes están fuera, el caso más conocido es la violación del derecho a la identidad con los pasaportes, pero otros derechos son también pisoteados, prácticamente todos.

Ningún venezolano deja su país porque quiere, lo hace por necesidad, porque un régimen cruel y criminal les niega sus derechos de cubrir sus necesidades más básicas como comidas, medicinas y servicios de salud, pasando por los servicios básicos que incluyen electricidad y agua, y por último, pero no menos grave: huyendo de la persecución del régimen y la criminalidad.

Desde el gobierno interino del presidente (e) Juan Guaidó, buscamos precisamente que esta situación cambie. Aunque la institucionalidad siga secuestrada, el esfuerzo de cada representación democrática en el exterior es para devolverle a los venezolanos sus derechos. En Estados Unidos, junto con el embajador Vecchio y el ministro consejero Marcano, estamos atendiendo una crisis que se ha generado debido a que un gran número de hermanos venezolanos que desesperados buscando para sus familias un presente mejor al que el régimen les niega han decidido emigrar a Estados Unidos, en muchos de estos casos sin visas por la frontera sur con Mexico.

Es importante destacar que en los países democráticos hay reglas y la migración no es una excepción a esas reglas y eso nos impone limitaciones importantes que debemos respetar.

En estos casos, limitados por la ley, nuestro rol como embajada es garantizar que se respeten todos los derechos de los venezolanos detenidos, eso debe ir en consonancia con las leyes de Estados Unidos. Lo que sí pueden tener seguridad los venezolanos afuera es que por primera vez en veinte años cuentan con una representación diplomática que en lugar de defender a un presidente o proyecto político fracasado, defenderá siempre sus derechos como Venezolanos y que no descansará y hará todo lo que está en sus manos hasta lograr que todos recuperen su libertad.

Aprovecho que toco este sensible tema en mi artículo de esta semana para pedirles que si conocen algún venezolano que esté detenido en Estados Unidos por razones migratorias y necesita asistencia, pueden contactarnos a través de [email protected] Para estar en conocimiento y poder prestarle todo el apoyo. Desde donde estemos, siempre estaremos trabajando por quien más lo necesita, pero más allá de resolver uno u otro caso, estamos hablando de más de 4.700.000 venezolanos que han sido obligados a abandonar su pais y este problema se va a acabar, así como la gran mayoría de los problemas que hoy enfrentamos los venezolanos, cuando se acabe la raíz de toda esta pesadilla que no es otra que el régimen que hoy tiene secuestrada nuestra Venezuela, que es el único culpable de todas las calamidades que estamos sufriendo los venezolanos dentro y fuera de nuestro país.

@BrianFincheltub