Creo que es importante comenzar por el discurso del compañero Evo, ciudadano boliviano, dedicado a la actividad gremial y sindical, transformado luego en conductor político de su nación, militante del Movimiento al Socialismo en su país, quien participó del privilegio y de la responsabilidad de ser electo presidente de la República en tres ocasiones consecutivas.

Es demasiado evidente que su presencia en la dirección gubernamental del Estado plurinacional boliviano es una demostración del progreso que ha tenido la lucha por la democratización de la sociedad, en la cual ha estado presente en forma importante, pero responde a  todo un proceso de crecimiento  de la conciencia poltica de la población desarrollado en décadas, que no debe ser ignorado.

Hay de su parte un abuso de la exposición en primer plano de su origen étnico, capitalizando políticamente el impacto emocional que sobre la importante comunidad originaria, produce su presencia en la dirección del Estado, “ignorando” la contribución que en los cambios progresistas bolivianos han desempeñado los trabajadores mineros y los sectores medios.

Ellos fueron los protagonistas de la primera y creo que única insurrección urbana antioligárquica triunfante en América Latina durante la primera mitad del siglo XX, ocurrida en 1952, la que tuvo como escenario la ciudad capital de La Paz y fue dirigida por el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), proceso que hizo posible las primeras políticas de Estado destinadas al progreso económico y social de la nación, que abren las puertas al protagonismo y mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores.

El ex presidente Evo Morales es parte del avance organizado de la actividad poltica del campesinado boliviano, en cuyo torrente se incorpora, haciendo suya la trascendente reivindicación de la defensa de los cultivos de coca, producto de elevada importancia económica, determinante para el progreso de la comunidad campesina indígena, cuya presencia en la composición poblacional sobrepasa el universo urbano blanco y mestizo.

Y que en los últimos años del siglo pasado es parte de la construcción de una política de poder democratizadora mediante la utilización del espacio político existente, apoyándose en la actividad partidaria a través de la fundación del MAS y presentándose en las consultas electorales, como candidato a diputado primero y luego aspirando la responsabilidad presidencial, ganando la consulta por primera vez en 2005.

Convertido así en el principal conductor de la nación, su labor arroja resultados económicos y sociales positivos para el país y sus habitantes muy a diferencia de Venezuela, pero luego surge progresivamente el nudo gordiano de la continuidad o de la alternabilidad en la dirección del Estado, “el ser o no ser demócrata, progresista y humanista”,  en un dilema muy parecido al que estremece a Nicolás Maduro,  a Daniel Ortega y Díaz-Canel y sus respectivos equipos.

Y en la consulta de la nueva Constitución que promueve Evo (2009) queda claro que solo habrá una posibilidad de continuidad inmediata al ejercicio presidencial, pero esta “alcabala” entra en crisis en 2009 a la orilla de una nueva consulta electoral presidencial, exigencia que el presidente Morales “resuelve” con el argumento de que la barrera regirá para la próxima elección, porque la norma en discusión está presente en la “nueva Constitución reformada” y el tiempo pasado no cuenta para este momento.

Sobraron como aquí las instituciones para-presidenciales (Justicia y Tribunal Electoral) que “santificaron e institucionalizaron” las habilidosas iniciativas presidenciales, permitiéndole al presidente seguir su marcha desde 2010 hasta 2014, contándolo como el primero en la secuencia, y pareciera que resultó una extraordinaria jugada multiplicadora del tiempo de permanencia en el Palacio Quemado.

Sin embargo, este nuevo mago de la poltica americana concibió una consulta sobre la continuidad presidencial más allá de un segundo turno inmediato, la que se realizó en 2016, y fue derrotado por la población opositora presente tanto en las ciudades como en el campo y en las comunidades indígenas, experiencia muy parecida a la de Hugo Chávez en 2007 por cierto.

Y de nuevo el subterfugio leguleyo del equipo presidencial y los recursos financieros y privilegios del Estado condujeron a sus compañeros del poder institucional presentes en el Sistema Judicial  y Electoral a pronunciarse por un nuevo chance, olvidándose del mandato constitucional no continuista, presente claramente en la carta magna boliviana

Y de espaldas a la realidad y a la Constitución, pretendiendo ignorarla apoyado en el poder personal presidencial, como la hace todos los días Nicolás, Evo se propuso para un nuevo período presidencial, el cuarto, pensando desde temprano en un posible quinto, para darle continuidad a una de las más perversas recomendaciones del castrismo a sus discípulos, que es la del irrespeto a la alternabilidad en la dirección del Estado

Fórmula mágica, “descubierta” por Montesquieu hace ya unos cuantos años, para reducir el carácter destructivo de las contradicciones entre los diversos intereses presentes en una sociedad humana, pero además el mejor y más objetivo camino para incorporar las contribuciones que en una comunidad puedan desarrollarse desde la diversidad, destinadas al crecimiento, al desarrollo pacífico y democrático de ella.

Como hemos explicado, la ambición, la ignorancia y los malos consejos desordenaron al presidente, tomando un camino equivocado el cual introdujo una contradicción insuperable en el espíritu de la nación, de nuevo una dictadura con la fachada del indigenismo, confusión que pronto fue superada y cuya trascendencia Evo no apreció, embarcándose en una nueva  consulta electoral, cuyos catastróficos efectos conocemos.

Evo olvidó que sobre la conciencia de la población los señalamientos a sus inconsecuencias políticas y electorales hicieron mella, fueron aprendidos y explican la resistencia al continuismo, actitud que se manifestó en la consulta de 2016, pero que ahora en las elecciones de octubre de 2019 se transformaron en una votación superior en contra de su permanencia, bastando la evidencia de las irregularidades para que el rechazo se convirtiera en huracán.

Huracán social y popular que dislocó su estructura de poder, imponiéndole concesiones a una situación en la cual la ciudadanía votó en los hechos por su salida del gobierno, la alternativas fueron la de confrontar violentamente a la población o irse, decisión en la cual se encontró solo con su aparato partidista, al negarse la policía y las fuerzas armadas bolivianas a acompañarlo en la represión a la comunidad y de paso sugerirle que abandonara el barco.