Desde 2013 las startups ya acaparaban el interés del mundo empresarial y aún hoy siguen siendo un modelo de negocio que despierta atracción. En parte porque estas empresas emergentes, que sería su traducción más cercana al español, tienen impreso en su ADN una premisa muy clara: reinventarse o desaparecer.

De allí que la búsqueda de la innovación constante sea la norma principal de estos emprendedores. Sin embargo, hay un rasgo que los distingue aún más: saben aprovechar las oportunidades que presentan las nuevas tecnologías digitales vinculadas, precisamente, a una idea creativa de negocios.

Es decir, son empresas, por lo general pequeñas o medianas de reciente creación y con pocos socios, que no solo se nutren sino también suelen hacer un uso intensivo del conocimiento científico y tecnológico, o están relacionadas con el mundo del Internet y las TIC (tecnologías de la información y la comunicación).

Posiblemente la definición más reconocida de startups es la de Steve Blank y Bob Dorf, autores de The Startup Owner’s Manual. Para ellos se trata de una organización temporal en busca de un modelo de negocio rentable, que puede repetirse y que es escalable.

Las startups tienen muchas posibilidades de expansión en comparación con otros tipos de empresas, gracias al fuerte componente tecnológico. El objetivo es lograr que el modelo de negocio sea escalable, como señalan Blank y Dorf. Esto significa lograr que los ingresos crezcan a un ritmo muy superior al que crece la suma de costos fijos y variables.

Para que eso ocurra el modelo de negocio debe permitir un crecimiento rápido, ágil y sostenido, reducir costos operativos y llegar a un público mayor, realizando una menor inversión (su necesidad de capital es inferior al de las compañías tradicionales).

Estas empresas emergentes también buscan explotar nichos de mercado que tengan un gran potencial de negocio, pero limitado en el tiempo. Su principal herramienta para darse a conocer es Internet e invierten importantes recursos económicos en contratar profesionales capacitados para implementar estrategias de marketing online. Además, fomentan el trabajo en equipo y la creatividad, con el fin de poder desarrollar esas ideas innovadoras que son su motor.

Si la idea prospera y logra rentabilidad muchas veces es vendida a una compañía más grande. Pero antes de llegar a esa etapa de venta, las startups, debido a su bajo costo de implementación y de poder generar beneficios en un espacio de tiempo relativamente corto, atraen a los llamados Business Angels.

Estos inversionistas ángeles, que son inversionistas privados, se caracterizan por realizar aportes de capital, personal, experiencia y una red de contactos, con la condición de ser parte del negocio y confiando en que alguna de esas empresas emergentes pase de ser un proyecto de gran potencial a una empresa consolidada.

Pero no todo es color de rosas. Las startups operan en un entorno de incertidumbre continuo, sometido a cambios operacionales en función de los resultados obtenidos. Pese a ello, es un modelo destacable, que no pierde su atractivo porque no se trata de una moda, sino de una necesidad de reinventarse a través de la innovación para no desaparecer.


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