¿Pueden los totalitarios (fascistas y comunistas) celebrar la Navidad? Ciertamente que sí pero no en su real sentido. Es una falsa Navidad llena de muchas cosas pero vacías de amor y misericordia, carente de bien. Sin duda son los Scrooge que terminaron en la fosa de su tumba camino al infierno. Han rechazado al niño en el pesebre porque lo vieron pobre, porque estaba rodeado de lo ordinario y porque sus padres no eran famosos, ricos o poderosos. Muchos pensaron con tristeza en medio de la Segunda Guerra Mundial en lo que fue la primera Nochebuena de 1939 (como contamos la semana pasada) y más en la de 1940, cuando la Europa que había sido el centro del cristianismo ahora era dominada por el Imperio más perverso, que no había razones para celebrar. Pero pequeños y grandes gestos en medio del horror hicieron la diferencia.

En las fiestas de 1940 el Mediterráneo ya es un frente de batalla. Griegos e italianos combaten en medio de un fuerte invierno en Albania y otros italianos están retrocediendo ante el avance del ejército británico en el desierto de Libia. Ese invierno permitió bajar la intensidad de los ataques submarinos contra las vías de aprovisionamiento en torno a Gran Bretaña. China se mantiene bajo la ocupación japonesa y desarrolla una guerra de resistencia. En pocas palabras ya son millones los hogares que en Nochebuena y vísperas de Año Nuevo sufrirán la tristeza de la ausencia de sus seres queridos por haber sido asesinados en la guerra, por estar internados en campos de concentración (por ser prisioneros de guerra o no) o porque combaten en tantos frentes. Muchos son los que padecen la ocupación (la más cruel de todas en Polonia con sus guetos), los bombardeos de sus ciudades (el Blitz sobre Gran Bretaña la cual también sabe “pagar con la misma moneda” aunque de menor intensidad) y en el caso de Alemania –tal como señalan los testimonios– ha habido un proceso de descristianización de las Navidades desde la llegada de los nazis al poder. En general los platos típicos, las bebidas y los regalos son un lujo por el racionamiento generalizado.

La descristianización es denunciada por el papa Pío XII en sus Mensajes de Nochebuena (Discurso del Santo Padre Pío XII a los miembros del Sacro Colegio y de la Prelatura Romana con motivo de las felicitaciones de Navidad) tanto de 1939 como de 1940, siguiendo la doctrina establecida por su predecesor Pío XI en 1937 con sendas Encíclicas (una contra el comunismo ateo y otra contra el nazismo racista y pagano). En el mensaje de 1939 señala en su punto 7: “la siempre más extendida y metódica propaganda anticristiana e incluso atea, principalmente entre la juventud” y exige en el 8: “A preservar la Iglesia y su misión entre los hombres de todo contacto con tal espíritu” y “para que sean siempre vigilantes y ejemplares en la enseñanza y en la práctica del amor y no olviden jamás que en el reino de Cristo no hay precepto más inviolable ni más fundamental y sagrado que el servicio de la verdad y el vínculo de la caridad”. En el mensaje de 1940 afirma:

6. La santa alegría por el nacimiento del Señor, el intimo gozo que surge como propio latido de los fieles de Cristo, no dependen ni pueden quedar disminuidos o turbados por los acontecimientos exteriores; el gozo navideño, que los colma plenamente de felicidad y de paz, tiene raíces tan profundas y alcanza cimas tan altas, que no puede ser anulado por la tormenta de ningún acontecimiento terreno, ya se mueva el mundo en paz, ya esté en guerra. La consoladora verdad de las palabras del Señor: «Vuestro corazón se alegrará, y nadie os quitará vuestro gozo» (Jn 16,22), ¿quién la podrá sentir y experimentar mejor que aquel que, con el corazón sincero, con la voluntad purificada y el alma abierta, escucha el himno de paz a los hombres de buena voluntad, dirigido a la tierra desde el pesebre, primera cátedra del Verbo divino encarnado?

Después de las certezas teológicas de estos tiempos desarrolla en el resto de los puntos que van del 8 al 29 lo que llama “El cristiano ante la situación del mundo”. En ellas describe la guerra (12. Con trágica y casi fatal persistencia, el conflicto, una vez desencadenado, prosigue por su camino ensangrentado)  y la actitud que debemos tener para lograr ser “baluarte espiritual, para dar ánimo y ejemplo a cuantos se hallan tentados a ceder o a desanimarse frente al número y la potencia de los adversarios” (punto 8), habla de la atención de la Iglesia a todos los prisioneros de guerra (sin importar el bando) y aclara que el “Nuevo Orden” debe ser el de la justicia (el derecho internacional) y no el de la fuerza. Y da un guiño a lo que ahora hacemos (escribir y divulgar la historia) al afirmar que la guerra lleva a un “fácil olvido de las normas de humanidad, en el desprecio de las costumbres y convenciones bélicas, llega a veces a tales extremos, que una época menos perturbada y agitada que la nuestra pondrá un día estas vicisitudes entre las páginas más dolorosas y oscuras de la historia del mundo” (punto 12).

Navidad y víspera de Año Nuevo son tiempos de esperanzas y así lo transmiten las entradas de los diarios de dos alemanes: uno judío de ideología demócrata-cristiana (Victor Klemperer, 2002, Quiero dar testimonio hasta el final. Diarios 1933-45) y otro “ario” socialdemócrata (Friedrich Kellner, 2018, My opposition. The Diary of Friedrich Kellner – A German against of Third Reich). Las mismas nos permiten compararlas con el fundador del fascismo: Benito Mussolini a través del Diario de su yerno y canciller: el conde Galeazzo Ciano. De esa forma podemos dar respuesta a la pregunta inicial e identificar lo que para finales de 1940 será la esencia del conflicto de la SGM: la lucha de los fascismos versus las democracias. Tema al cual dedicaremos la primera entrada del 2021, Niño Jesús mediante.

El conde Ciano cuenta el 31 de diciembre de 1939 que Mussolini pensaba que al año siguiente podrían entrar en la guerra junto a Alemania (tal como ocurrió) con el fin de “batir a las democracias” y; la Nochebuena de 1940 relata que comenzó a nevar y el Duce dijo: “Esta nieve y este frío me gustan; así mueren los tarados y se mejora esta mediocre raza italiana”. Y nos adelantamos un año porque la entrada de la Navidad del 41 sigue esta forma de pensar al citar estas palabras: “Navidad no es más que el 25 de diciembre. Soy ciertamente el hombre del mundo que siente menos estas efemérides”. Si fuera por los fascismos (italiano y alemán) de la SGM no se celebraría la Navidad porque el humanismo que ella representa es lo contrario a la mentalidad de odio que exaltan.

Las entradas de Klemperer y Kellner son todo lo contrario al espíritu fascista.  El primero, del que ya relatamos sus navidades de 1939 la semana pasada, ve en la guerra el fin de Hitler, lo cual ratifica en la Nochevieja de ese año al afirmar: “Estoy convencido ahora de que el nacionalsocialismo se derrumbará el año que viene (…) y con él, del modo que sea, el terror”, y agrega: “Me obligo a vivir con una mezcla de esperanza y no pensar en ello”. Al año siguiente no se derrumbó sino que se hizo dueño de Europa y dice: “perdimos la esperanza. Después, poco a poco, cobramos un poquito de ánimos”. Y a los judíos como él que todavía quedan en Alemania se les ha prohibido salir de noche, incluso dentro de sus “Judenhaus” a visitar vecinos o salir de sus apartamentos, de modo que las celebraciones serán solo en familia y a puerta cerrada. En estas condiciones Klemperer se “consuela” en los fracasos militares italianos y en la generosidad de sus amigos al darles comida (“los primeros trozos de carne desde hace meses”) para las fiestas lo que le hace escribir: “éramos ricos”.

En la noche de fin de año de 1939 Kellner escribe en su diario: “El pueblo alemán será castigado por las permanentes ofensas al entendimiento y la razón”. Y en la Nochebuena de 1940 dice: “Nadie puede sentir ‘paz en la Tierra’”, pero agrega que percibe un cambio en la situación por los continuos fracasos de Italia y se siente optimista porque Hitler profetizaba en 1939 una rápida victoria y ya la guerra iba para los 2 años, y finaliza optimista por la favorable posición militar que han logrado los británicos para exclamar: “¡El edificio fascista se tambalea! ¡La humanidad lo derriba!”

El 29 de diciembre de 1940 desde Estados Unidos llegó la mejor razón para que los demócratas confiaran en que el “Nuevo Orden” hitleriano para Europa no sería para siempre. La democracia contaba con un “arsenal”: la gran industria “americana” daría las armas para luchar contra el Tercer Reich según palabras del presidente Franklin Delano Roosevelt en un discurso transmitido por radio, en el que dijo, además: “We have every good reason for hope — hope for peace, yes, and hope for the defense of our civilization and for the building of a better civilization in the future”. En nuestro próximo artículo analizaremos este discurso junto a otro muy importante que estará cumpliendo 80 años también, porque ambos (sumado a las palabras de muchos líderes Aliados) representan la respuesta también en las ideas con respecto a los totalitarismos victoriosos en Europa y Asia.

¡A nuestros lectores, a El Nacional (muy especialmente a la comunicadora Patricia Molina), a los que nos apoyan en la investigación para hacer realidad este proyecto sobre la Segunda Guerra Mundial y a todos los venezolanos de buena voluntad les deseamos un Feliz Año 2021!

 


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