Empezaré como los poetas, preguntando al viento dónde se hallará tal bendición, de dónde fluyen mieles de tanto valor, como para en lugar de volver el color al rostro, lo iluminen por completo. La miel con sus múltiples propiedades nutracéuticas medicinales aporta en diferentes afecciones una opción curativa natural de gran valor. Ahora, qué hay de esas dolencias del alma que aquejan los rostros y opacan la mirada, ¿acaso existen mieles lo suficientemente poderosas como para regresar el color y la gracia al rostro, o incluso alguna, de composición tal que llegue a iluminarlo?

Mi corazón salta en el pecho cuando pienso en cosas como estas, aunque no me es permitido hacer promesas, porque cada individuo es un mundo de complejidades en pensamiento, creencia y acción. Sin embargo, me atrevería a descubrir una fuente de mieles tan oculta como las piedras preciosas, y tan accesible y expuesta como el mar. Me refiero con vehemente respeto, por su valor incalculable, a la oración. Un tiempo de estrecha cercanía con el creador, donde abres tu corazón y tu boca con sinceridad, no encubriendo lo que allí pueda estar, por el contrario, con total confianza y seguridad expresas tus querellas, aflicciones y proyectas sueños, en la búsqueda de intervención divina. Sabiendo que ésta será a tu favor, aunque a priori no luzca como querías, pero el tiempo te demostrará qué es lo mejor.

Aunque para algunas personas no resulte sencillo, la oración es fuente de deleites, desahogos y aguas salobres en demasía, frente a otras prácticas que podrían ser complementarias en una vida de bienestar. Sobreponiéndose a los errores que la conciencia señala y resalta siempre que puede, la oración te permite total transparencia y acceso, no por méritos propios sino por los de Aquel que nos recibe en su oquedad. Reconocimiento de su benignidad y nuestra propia inmundicia resultan una llave, después de la cual no habrá restricciones ni obstáculos. Para quien ha confesado todo, no hay acusaciones que valgan, ya que se exhibe sin excusa alguna y en total rendición.

Acaso un Padre justo dejara atrás un hijo inexperto que pifia y se desalienta en el camino; nunca será así, lo tomará en sus brazos, sanará sus heridas y le proveerá en medio de su fatiga, para que llegado el momento, cobre aliento y continúe su camino. No es ese un reflejo de las vivencias y elocuentes cargas que en ocasiones deforman y evitan que se alce la mirada al cielo por sobre lo material perecedero, y se recuerde que en la constitución humana, un espíritu pide a gritos comunicarse con su creador. Innumerables personajes modernos cuentan sus experiencias con Dios y como éstas les cambiaron la vida e hicieron de ellos personas con una misión, que dura el tiempo de sus días mortales sobre la tierra.

Campechano y alambico es el encuentro inmaterial de los espíritus humanos con el diseñador de la vida. Promulgador de los únicos juicios justos y fiel entusiasta de la potencialidad de su obra en cada individuo. Si aún respiras y tus ojos han dejado de brillar, cobra ánimo y donde nadie más te vea, preséntate ante Él, te aseguro que proporcionara mieles que superan amores carnales y revestirá de brillo tu rostro fatigado e impúdico de tanto andar.

@alelinssey20


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