Tomé en préstamo la frase del titular con la idea deliberada de destacar el poder superior de las armas sobre las leyes, cuestión que ha privado entre nosotros por dos decenas de años consecutivas. De la misma manera, como se sobreponen frente a cualquier comportamiento pacifista, las armas tradicionalmente se esgrimen para contrarrestar cualquier acción de lucha por las diferentes corrientes democráticas. Ese es el caso de Venezuela, donde se ha hecho tan dificultoso rematar la faena e imponerse sobre el régimen de Nicolás Maduro. Es él el obstáculo. Mientras permanezca en el poder los problemas no tendrán solución, por el contrario, seguirán acrecentándose.

Este pulseo por el poder, los enredijos de la oposición por desplazar al actual gobierno de Miraflores, y estos por mantenerse asidos del poder, han hecho que tanto unos como otros recurran al apoyo de grupos extranjeros. El régimen se abraza de Cuba, Rusia, China, Siria e Irán, fundamentalmente. Por el otro lado, la oposición hace lo propio con países geopolíticamente muy importantes por su vecindad como Colombia y Brasil. Le sigue Estados Unidos, y se estiman sesenta naciones más. De manera que fuera de nuestro territorio se juega también el destino de nuestra nación, donde se baten ambos contendores. Hay porque sí, retomar la ofensiva y echar a andar de una vez el Gobierno de Emergencia Nacional.

Por otra parte, es necesario destacar en estos tiempos de algunas diferencias internas que el apoyo de los territorios extranjeros tiene nombre propio, Juan Guaidó, quien así es reconocido por presidentes y primeros ministros de América y Europa. De manera que es una aventurera insensatez pretender escamotearle el liderazgo que ostenta el actual presidente encargado; más si esa organización partidista, me refiero a Primero Justicia, tiene dentro del gobierno interino a valiosos dirigentes de su partido como Julio Borges y Tomás Guanipa ocupando posiciones de primera categoría. Aparentemente ese follón se apagó por ahora, ya veremos más adelante. Es una realidad incuestionable que la oposición lucha para que no prevalezcan las armas y de esa manera las leyes no tuviesen que guardar silencio. La dirigencia política, al igual que el pueblo venezolano, quiere salir de este régimen que ha sido una especie de bestia apocalíptica. Estos perversos han conseguido arrasar con la riqueza de un país que para muchos era mimado y el preferido de Dios. ¿Qué sentido tiene verter sangre si 90% desea elecciones libres, sin delincuencia electoral, para dilucidar las diferencias? Sabemos de antemano que mientras frente al mostrador de Miraflores se encuentren los forajidos, nunca tocaremos fondo ni se detendrá el descenso hacia la ruina. El domingo pasado, el presidente encargado de la República, Juan Guaidó, alertó “que Venezuela está entre los cinco países con riesgo de sufrir hambruna, según datos de la Organización de las Naciones Unidas”.

Conclusión: no hay que tentar al diablo con lo del silencio impuesto por el sonido de las armas, ojo. La unidad hay que tomarla más en serio para hacerla más eficiente. El apoyo a Juan Guaidó no está en discusión, lo contrario sería una monumental estupidez. El Gobierno de Emergencia debe ser visto no con la acepción de situación de improviso sino como un hecho que debe solucionarse lo antes posible. Por último, machacar hasta la intransigencia que los venezolanos solos no podemos…

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