Hay que reconocerlo. En eso de montar tramoyas sí son eficientes. No les pidamos que sean diestros en combatir la inseguridad, porque ellos en sí mismos la encarnan, bien se sabe que las bandas que asaltan y trafican son parte de su conglomerado delincuencial. Tampoco nos desgañitemos reclamándoles que mejoren su desempeño en el área de los servicios públicos, si lo hicieran, no les quedaría nada de las turbinas y plantas eléctricas que negocian de manera turbia, ni de la compra de medicinas vencidas ni de la comida que sobrefacturan para que deje grandes tajadas que van a parar a las suculentas cuentas bancarias que mantienen abiertas en los paraísos fiscales. Esos dólares de la corrupción no circulan en Venezuela, porque lo cierto es que esos “billetes verdes” que van de abasto en abasto o de farmacia a cualquier otro establecimiento comercial de nuestro país, son parte de las remesas que envían los venezolanos que estamos en la diáspora.

Pero consta que esas catástrofes no le mueven un músculo de la cara ni a Maduro ni a ninguno de sus capos. Para ellos lo que cuenta es preservar el poder que usurpan. Por eso van a tratar de conseguir otra prórroga del fulano diálogo de Barbados, para ganar tiempo, más del que lograron en estos 9 meses de manguareo. Y para crear ruido y descontrolar al gobierno de transición, sacan esas fotos de Guaidó con unos supuestos paracos.

Veamos cuál es la verdad. La verdad es que diariamente miles de venezolanos de todas las edades y sectores del país atraviesan esas trochas para llegar a Colombia. La verdad es que deben pagar coimas y arriesgar sus pellejos. La verdad es que cualquier persona que por allí circula está expuesta a esos peligros y hasta de tomarse una foto con los efectivos de diferentes organizaciones que operan en esa franja fronteriza. Como también cualquiera de nosotros estamos expuestos a que en cualquier plaza, bulevar o aeropuerto del mundo, alguien desconocido nos solicite compartir una fotografía.

Lo que sí es verdaderamente delicado es que Maduro ampara en territorio venezolano a los capos del narcotráfico. Que hay decenas de fotos, también de registros computarizados, que dan cuenta y evidencias incontrovertibles de que la falsa revolución que nos ha desgraciado la vida ha entregado nuestra soberanía a cubanos, rusos, iraníes y chinos. Pero así son ellos, muy cínicos. Entregan nuestro Esequibo y al mismo tiempo gritan acusando a otros de sus traiciones. Se dan golpes de pecho por “los descamisados” y al mismo tiempo se llenan los bolsillos de petrodólares, mutando de revolucionarios a potentados tenedores de bonos comprados con el dinero que le han robado a la nación. Se sacan fotos con Gadafi, con Mugabe, con Sadam Hussein, con Fidel Castro, con Iván Márquez, con Santrich, con Romaña y con el Paisa; y ahora salen con esa comiquita de querer poner en tela de juicio la conducta de Juan Guaidó, por unas fotos que en nada lo comprometen.

Nuestro presidente interino debe seguir centrado en su tarea, que no es otra que lograr el cese de la usurpación. Que no se deje distraer por esa algarabía diseñada en los laboratorios del G2 castrista. Ya se dio un paso histórico activando el TIAR, ahora hay que seguir hacia la ONU, donde no solo está el concepto de Responsabilidad de Proteger, sino también la resolución 1373 que ofrece el Plan Global contra el Terrorismo Internacional. Y lo que sí cuenta, por lo que significa, es que Maduro ampara terroristas y eso sí es una amenaza para la paz de nuestro continente. No esas fotos chimbas con las que maliciosamente pretenden desequilibrar a Guaidó.