El árbol consumido por las llamas benditas describía el destino de un pueblo. Jehová pudo haber escogido uno de mayor linaje entre las especies nacidas en el Sinaí. Sin embargo, quiso que el más humilde de todos fuera el protagonista de aquella gesta. Las llamas que iluminaban las ramas del estoico espadachín, con ínfulas inmortales, frente al desierto, eran una ruta con el destino de un pueblo secuestrado en Egipto. Los pies humildes hundiendo su destino en el incierto desierto. Los múltiples avatares no le arrebataron llegar hasta la tierra prometida.

La zarza que arde en Venezuela es el sacrificio de una nación mancillada, ultrajada por aquellos que envalentonados en el veneno de su prepotencia; se han erigido en escarnecedores de los sueños nacionales. Somos tierra arrasada por la vil acción de una política criminal que no se detiene, por el contrario, incrementa su maldad en la medida que el tiempo se les agota. La inmoralidad de sus procederes los hace un espanto en medio de la sabana. Poco creíbles son sus actividades al frente del gobierno secuestrado desde Miraflores. Sus pautas son la corrupción y la venganza que rebana las gargantas democráticas, su interés no es otro que ofrecernos un país arrodillado que se entregue mansamente en manos de la barbarie. La zarza de ellos es el fuego de su infierno, ese que se alimentó de los leños de viejas frustraciones ideológicas, que encontraron un manjar envuelto en el botín del erario nacional. Durante más de dos décadas hemos vivido bajo el fuego de sus miserias.

Una nación próspera la despedazaron como fiel sortilegio de su ambición. No desaprovecharon la oportunidad de acribillarla. La revolución terminó siendo un veneno en el estómago del pueblo, demasiado letal la pócima que usaron para reducir la voluntad colectiva, no hay duda que el experimento totalitario hizo estallar el laboratorio de sus horrores, la carga que eso conlleva es una losa increíblemente fuerte en los hombros ciudadanos. Que arda la zarza de la libertad. Los ramajes iluminados del cambio, mostrando los grilletes a punto de ser corroídos por la fuerza de ciudadanos organizados dispuestos a luchar. Una ruta sin corruptos ni traidores. Dejemos atrás los carros del faraón. Que se abra nuestro Jordán: para ser la oportunidad de vencer y vivir en libertad.

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@alecambero


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