La violencia política consiste en el uso de la fuerza física o psicológica contra una persona o grupos de ellas, o en atentados contra sus pertenencias.

La violencia es un concepto habitualmente utilizado en ciencias sociales y políticas, que hace referencia a destrucciones o atentados físicos contra objetos, instituciones o personas cuyo propósito, selección de daños y víctimas, puesta en escena y efecto, poseen una significación política en el bien entendido de su término.

De acuerdo con calificados profesionales de la sociología, que es la ciencia social  encargada del análisis científico de la sociedad humana o población, ésta estudia a los grupos humanos y las relaciones que forman la sociedad, y la violencia en la sociedad guarda relación con el desarrollo de la economía productiva, que entraña una transformación radical de la estructura social.

La violencia no está inscrita, por lo tanto, en los genes del ser humano y su aparición obedece a causas históricas y sociales, cuyas diversas manifestaciones destruyen la confianza de una comunidad, impactan negativamente en el bienestar de las personas y permiten la aparición de nuevas violencias, unas más silenciosas que otras, y muchas veces invisibles, por largo tiempo, antes que seamos capaces de evidenciar el daño.

En Venezuela la violencia oficial es utilizada como arma política, mediante la cual se ha venido sometiendo de manera progresiva y permanente, a quienes adversan al régimen socialista, marxista y mal llamado bolivariano, a fin de generar miedo en la población, e impedir las manifestaciones que a diario ocurren a lo largo y ancho de todo el territorio nacional.

Los recientes acontecimientos, en los que militantes del partido oficialista PSUV, apoyados por huestes de los llamados colectivos, agredieron salvajemente a miembros del equipo de campaña de la candidata presidencial de la oposición María Corina Machado, y a ella mismo, es una clara y evidentemente muestra de que la violencia por parte del oficialismo, tiende a crear un estado de impredecibles consecuencias.

A ello se suma el otro tipo de violencia, cuando se arresta a personas como la abogada Rocío San Miguel, defensora de los derechos humanos, detenida cuando iba a emprender viaje a España junto con su hija, en el aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía, por supuesta participación en un plan subversivo para derrocar a Nicolás Maduro.

Claro está que la voluntad de permanecer en el poder para siempre, por «las buenas o por las malas», ha llevado al régimen a desarrollar estrategias diversas de ejercicio de la violencia, además de la física y psicológica, como arma política de control social, desnaturalizado la esencia de una genuina democracia.

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