Pareciera que en América Latina no aprendemos; pareciera que nosotros estamos condenados a tropezarnos siempre con las mismas piedras de la historia, lucimos como predestinados a cumplir un ciclo sin final.

Nuestros hermanos en Bolivia, tras el fraude electoral cometido por Evo Morales, lograron entrar en un interesante proceso de transición encabezado por la presidenta constitucional Jeanine Áñez. Sin embargo, las apetencias de poder, las consecuencias económicas de la pandemia y la división política de los demócratas hizo que el Movimiento al Socialismo (MAS) –el de Evo Morales– regresara al poder de la mano de Luis Arce.

Y, como es natural en las políticas de la izquierda. Ya empezó la cacería de brujas, la vengaza contra quienes defendieron la Constitución Nacional e impidieron que Evo Morales se mantuviera en el poder tras el fraude electoral.

Es así que las nuevas autoridades bolivianas están acusando a Jeanine Áñez de “traición”, “golpe de Estado” y otros señalamientos del mismo estilo.

Como podemos ver, los socialistas no pierden el tiempo cuando de venganzas se trata. Como podemos sopesar estos socialistas del siglo XXI son expertos a la hora de levantar acusaciones, en eso de perseguir a la disidencia y de eliminar a la oposición.

El gobierno de Bolivia, siguiendo a sus mentores de Venezuela y Cuba, está empeñado en “borrar” a los sectores democráticos, los mismos que se pusieron con los pantalones bien puestos y alcanzaron –aunque sea por poco tiempo– desplazar del poder a aquellos que estaban destruyendo no solo a Bolivia sino a todo el continente.

Y ustedes dirán: “Por qué, hablar de Bolivia cuando aquí, en Venezuela, tenemos tantos problemas”, a lo cual hay que responder que aunque no lo crean lo que sucede en La Paz, Bogotá, Santiago de Chile, Lima, Quito, Buenos Aires, afecta a Venezuela, así como lo que ocurre aquí tiene sus consecuencias en el resto de Suramérica.

Primero, los venezolanos debemos analizar bien los sucesos acaecidos en Bolivia. Debemos tener presente tanto los rasgos positivos que lograron derrotar al tirano de Evo Morales, como los negativos que llevaron al triunfo electoral de Luis Arce y el regreso del evismo.

Tenemos que reflexionar sobre lo que ocurre, también, en Ecuador donde el candidato de Rafael Correa, Andrés Arauz, va para segunda vuelta contra el líder opositor y cabal hombre de la democracia ecuatoriana y latinoamericana como es Guillermo Lasso. Como tampoco podemos dejar de pensar sobre el retorno del llamado kirchnerismo en Argentina de la mano de Alberto Fernández.

Frente a estos hechos, los venezolanos debemos pisar muy bien; tenemos que lograr un cambio en el país y el fin de la usurpación, además de realizar las acciones que permitan la consolidación de la democracia y de la institucionalidad, una vez despojados de la usurpación, para evitar que nunca, nunca, nunca más quienes destruyeron al país tengan oportunidad de regresar a los espacios de poder.

El mayor compromiso no solo será salir de la usurpación, sino hacer un gobierno eficiente, con calidad humana, con visión de futuro y efectividad; este será el gran reto luego de la liberación. Y creo que nosotros, en Venezuela, tenemos cómo hacerlo con liderazgos firmes y coherentes y programas de gobiernos liberales como el que presenta, por ejemplo, María Corina Machado.

Estamos persuadidos de que es ella la llamada a guiarnos en la transición y en la reinstitucionalización. Punto.


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