Cada vez más, resulta difícil a los sectores oficialistas, beneficiarios inmediatos de la situación generada en todo el presente siglo, edulcorar la catástrofe aun frente a los grupos subalternos que tienen por único mandato y posibilidad el de sobrevivir a través del ejercicio represivo y encubridor, excepto que huyan al extranjero. Caso éste en el que preferirían no colaborar más con el régimen, aunque el oficio pudiera alcanzar otras dimensiones allende las fronteras, en circunstancias más promisorias para las minorías domiciliadas en los paraísos fiscales.

El libreto electoral del régimen ha sido por siempre el mismo, poblado de eufemismos que juran darle visos de novedad a la versión idílica que tienen del país en los numerosos eventos plebiscitarios que ha acumulado para romper sus marcas ante otros regímenes afines. Aquella envejecida consigna inaugural de la Venezuela que ahora es de todos, doblada por lemas semejantes y acordes a los estudios de opinión, aterrizan en una interpretación del país feliz y agradecido, dispuesto al combate en defensa del socialismo que las grandes mayorías descubrieron, padeciéndolo, como una radical experiencia desigualadora que contrasta radicalmente con los tiempos en los que, al menos, hubo libertades para quejarse.

Valga el ejemplo, la data levantada en mayo del presente año, por el Observatorio Venezolano de Seguridad Alimentaria y Nutrición (OVSAN), revela una realidad que el lenguaje del poder oculta, banalizándola, representada por el ya clásico emblema mesocrático del profesor de una extraordinaria formación técnica y académica con un precario y lastimoso ingreso real que lo obliga a incursionar en la muy ruda y competida – mas no competitiva – economía informal de preservar una mínima condición física para ello. Y es que la muestra en cuestión, ilustra los varios rubros del retroceso y las disparidades sociales en relación al aumento de las enfermedades graves entre 2022 y 2024, la obvia disminución del consumo de agua de acueducto a favor de la hervida por encarecimiento de la mineral, la disminución y postergación de las remesas, el muy superior consumo de carbohidratos en lugar de proteínas y frutas, el descenso de las bolsa CLAP/gobierno como fuente principal de 80% en 2022 a 36% en 2024; y esto, evidenciado por las llamadas reglas de afrontamiento que consiste en la búsqueda de otras alternativas –agregaríamos– urgidas e improvisadas de sostenimiento familiar, como la menor ingesta de los adultos en beneficio de los menores de edad en los hogares, la venta de los electrodomésticos y el préstamo garantizado por bienes muebles que ha significado el regreso triunfal de las casas de empeño, las antiquísimas formas de cooperativismo entre vecinos y compañeros de labores, la ya exhausta solidaridad familiar, y otras fórmulas de supervivencia que se prefieren lícitas y legítimas, algo muy necesario de subrayar.

Todos los comunicadores que sirven al sector público, se esfuerzan y mucho por una narrativa resueltamente paradisiaca de la realidad antojada como la Dulcinea capaz de asegurarles la quincena, forzados los servidores del sector privado a disimularla, esquivarla, adjetivarla y asumirla de un modo tal que no peligre la concesión radial y televisiva, o el suministro de papel periódico; no en balde, existen términos de prohibido uso como “régimen”, “dictadura”, “sanciones internacionales”, etc. A lo sumo, el reconocimiento de algún problema y gravedad de la índole que fuera, obliga a todo oficialista y oficioso que se precie a apelar al manido bloqueo y a tantear una escena de heroica resistencia.

La atípica y breve campaña electoral en curso, no renueva la acostumbrada estrategia oficialista de una cínica reiteración de las antiguas promesas de rápida redención, animada por la amenaza y persecución de una oposición constitucionalista. Y es que, con ella, pacífica y transparente, luce poco fácil emular los combates de Playa Girón.

Entonces, desde las cumbres del poder establecido, la lírica es todavía redentora para los suyos y persistentemente retadora para los críticos, aunque el cuestionamiento no parta siquiera de los propósitos, metas y objetivos inalcanzados que trazaron las diferentes ediciones del denominado Plan de la Patria, sino de la inmediata, concreta y específica realidad social y económica derivada. La que, por cierto, asoman los ventanales del edificio viejo de la Corte, en pleno centro histórico y estratégico de la ciudad capital, sirviendo de dormitorio para los más vulnerables, desfavorecidos, desiguales entre desiguales.

El aparato propagandístico y publicitario del Estado exhibe un desgaste únicamente compensado por las limitaciones impuestas a una oposición censurada, pero exponente de una esperanza que tiene por principal imaginario el de la unidad y su genuina reconstrucción. Ésta ha de vivir la realidad, contándola y transformándola.

@luisbarraganj


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