No sé si es verdad, pero vale la pena especular sobre el tema, porque en este mundo tan particular en que vivimos, como diría Campoamor, ya nada es verdad ni es mentira. Leo por ahí, en las reses sociales, un par de críticas a la película La sociedad de la nieve que merecen comentario.

Una de ellas acusa a la película de machista porque ninguna mujer se salva, en tal sentido la crítica apunta a que el largometraje pretende dar a entender que el hombre es más fuerte que la mujer.

La otra crítica argumenta que la película no visibiliza al veganismo puesto que su planteamiento es que la fuerza proviene del comer carne.

Vamos por parte, la aclamada película se fundamenta en un hecho real conocido como la tragedia de los Andes y, luego de la aparición de los sobrevivientes, como el milagro de los Andes.

Se trata de un accidente aéreo ocurrido en la mencionada cordillera el 13 de octubre de 1972, de un vuelo de la Fuerza Aérea Uruguaya, con 40 pasajeros (entre ellos 19 miembros de un equipo de rugby uruguayo) y 5 tripulantes, cuyo destino era la capital chilena.

Entre la colisión, las heridas, el frío y una avalancha murieron 24 de los pasajeros y el resto sobrevivió durante 72 días usando como refugio lo que quedó del fuselaje del avión.

Para alimentarse, agotados los pocos suministros y agobiados por el hambre, tuvieron que recurrir a la antropofagia con los cadáveres de las víctimas mortales.

Una historia muy dura como se ve, una decisión difícil en condiciones extremas para sobrevivir, cosa que lograron 16 personas, todos de sexo masculino.

Esto último, obra del azar, no producto de alguna fuerza misógina de la naturaleza, de la nieve o de quien asignó los puestos en el avión.

La gran pregunta es: ¿debemos tergiversar las historias reales para contarlas según la corrección política de los tiempos? Surgen algunas preguntas al respecto: ¿Ha debido el filme omitir la antropofagia y en su lugar decir que se alimentaron de frailejones al gratén con queso uruguayo? ¿Se debe suprimir el cine histórico cuando exponga actitudes que colidan con las de nuestro tiempo? O quizá lo pertinente es realizar una advertencia al estilo Disney en cada una de las películas, algo como esto: «El contenido que usted va a presenciar contiene elementos históricos».

La historia humana es una calamidad. Si los hermanos Wright no hubiesen inventado los aviones que destruyen el medio ambiente, una tragedia como la de los Andes nunca habría sucedido. No podemos hacer futurología del pasado. Nuestra historia personal y nacional es como es, somos producto de ella. Yo no puedo cambiar mi pasado, pero si la manera cómo lidio con él.

Y lo interesante de la película es justamente cómo lidia con el pasado. La sociedad de la nieve nos deja un mensaje final conmovedor que nos recuerda la interdependencia que tenemos los seres humanos unos con otros, el valor de la solidaridad y la entrega por nuestros semejantes, también nos habla de la fortaleza del alma humana en las condiciones más adversas. Numa Tucatti, el último en morir antes del rescate, representado por el actor Enzo Vogrincic, es uno de los pasajeros que, gracias a su fortaleza física y a su carácter abnegado, tuvo destacada actuación en las primeras expediciones tras el accidente.

Al final, una herida en la pierna causó una infección que acabó con su vida. En la película, al morir, tiene un trozo de papel en sus manos en el que, parafraseando el evangelio de San Juan (15:13), se lee: «No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos». Este es el mensaje de la película y también, sin duda, el de la historia real.

Lo que sí parece claro es que si este trágico accidente en vez de en 1972 se hubiese producido en el tiempo actual, la historia quizá habría tenido un desenlace sin sobrevivientes: habríamos acabado unos con otros discutiendo necedades en la montaña.

Publicado en el diario TalCual


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