No es fácil dilucidar y entender el trasfondo de lo que hoy se experimenta en Venezuela. El hundimiento del país ha alcanzado tal nivel que se hace difícil, por lo insólito, explicarnos con propiedad lo que ha ocurrido. ¿Cómo ha sido posible esta catástrofe que vivimos? ¿Por qué nos hundimos cada día más y no hemos sido capaces de retomar el rumbo que marca el ejercicio de la razón y el estado de derecho? Hurgamos por diferentes partes y la incomprensión se hace más manifiesta. Pareciera que las acciones en contra de la justicia, la razón o lo debido fuesen las únicas respuestas. Pero esa burda conclusión no es suficiente si realmente queremos encontrar la puerta de salida. La encrucijada que tenemos ante nosotros impone, más que nunca, encontrar el camino de retorno a las prácticas democráticas e implantar las necesarias políticas dirigidas a promover el crecimiento y desarrollo del país.

Es ilusorio pensar que en un artículo de prensa como éste vamos a dar respuesta definitiva a un tema tan intrincado como el planteado en el párrafo anterior; es obvio que el mismo exigiría un desarrollo más extenso. Acá solo podemos trazar un sucinto bosquejo sobre realidades o hechos que pueden afectar el orden social y político, o –si se quiere- el drama de la libertad y extraer de allí las conclusiones conducentes.

Para el anterior propósito me dejo guiar por tres autores de obras singulares: Aldous Huxley, Rüdiger Safranski, y Johann Wolfgang von Goethe. El primero dictó 16 conferencias en la Universidad de California que fueron luego recogidas en un libro bajo el título de La situación humana. El segundo es autor de El Mal o El drama de la libertad. Y el tercero escribió una memorable autobiografía de su juventud: Poesía y verdad.

Huxley inició su primera conferencia (“Educación integral”) señalando lo siguiente: “Aprender poco es peligroso (…) adquirir muchos conocimientos altamente especializados también lo es; de hecho, en ocasiones resulta más peligroso que lo primero”. Más adelante el autor agregó: “…la especialización es absolutamente necesaria, pero llevada al extremo puede llegar a ser absolutamente perjudicial”.

Al leer lo anterior no podemos dejar de pensar en las formaciones especializadas de Hugo Chávez Frías (militar de ideales revolucionarios que se formó en Venezuela) y de Nicolás Maduro (político de extrema izquierda que fue adoctrinado en Cuba). Puestas a la luz de los señalamientos de Huxley, ambas capacitaciones evidencian cuan perjudiciales han sido al momento de ejecutar sus respectivas políticas gubernamentales. Conducir al país como a un cuartel (en el caso del líder de Sabaneta) o laboratorio político (como ha venido haciendo el conductor de Miraflores) nos ha llevado al estado de postración económica y social en que ahora nos encontramos.

En su última conferencia, referida a las “Potencialidades humanas latentes”, Huxley nos dice: “Si no se satisfacen las necesidades biológicas primarias, sencillamente no se experimentarán las demás (…) Un hombre hambriento no tiene otra preocupación que la comida (…) Lo mismo ocurre con la seguridad. Si nos sentimos continuamente amenazados, es extraordinariamente difícil sentir cualquiera de las necesidades más elevadas”.

A raíz de tan drástica conclusión Huxley detona sin más miramientos su preocupación mayor: “…una crisis, para ser tal cosa, debe ser corta; una crisis que se vuelve crónica, que se prolonga demasiado, conduce inevitablemente a la depresión. Los miembros más débiles de una sociedad en crisis caen enseguida; los más fuertes pueden resistir más tiempo, pero también ellos, a la larga, se desintegran bajo la prolongada presión”.

Safranski, por su lado, inicia su libro El Mal resaltando que no hace falta recurrir al diablo para entender el mal. “El mal –dice- pertenece al drama de la libertad humana. Es el precio de la libertad”. Ya adentrado en el tema hace mención a Arnold Gehlen y su trabajo Sobre el nacimiento de la libertad desde la alienación, publicado en 1952. Este último autor resume su antropología así: “El hombre es un animal blando, las instituciones son la corteza y la coraza que le dan sostén y lo protegen. Sólo en la crisis se vuelve a notar el sentido de la institución. Para entonces es demasiado tarde; la institución corre tanto riesgo como el hombre mismo y se destruyen con gran rapidez. El hombre cae muy rápidamente en lo primitivo”. Es por eso que en su libro Gehlen defiende las instituciones de la sociedad moderna al igual que San Agustín abogaba por la Iglesia.

En su obra Safranski alcanza el punto cenital cuando reconoce que no basta con estar seguro en el instante, que también hay que preocuparse por el futuro. La iluminación entonces resplandece: solo porque hay una amenaza futura, surge la exigencia de poder, que ha de asegurar el futuro (…) El poder quiere más poder. Sólo perdura en el crecimiento, en la acumulación. Sólo eso explica que la competencia, la lucha y la guerra no cesen nunca, y que quienes soportan los mayores sufrimientos son aquellos que representan las figuras de ajedrez en el juego de fuerzas de los poderosos. Goethe, al final de su libro Poesía y verdad, la autobiografía de su juventud, lo deja claramente establecido:

“Pero la manifestación más terrible de lo demoníaco es cuando predomina en alguna persona. A lo largo de mi vida he podido observar a varias de ellas (…) No siempre son las personas más sobresalientes (…) Sin embargo, su ser desprende una fuerza monstruosa y son capaces de ejercer un dominio increíble (…) Todas las fuerzas morales unidas no pueden hacer nada contra ellos. Es inútil que la parte más clarividente de los hombres pretenda hacerlos sospechosos de estafados o de estafadores, pues la masa se sentirá igualmente atraída por ellos (…) De esta clase de observaciones debe haber nacido aquel dicho extraño pero terrible: Nemo contra Deum nisi Deus ipse” (Contra un Dios sólo un Dios puede triunfar).

La “revolución bonita” de Chávez y Maduro estatizó al pueblo venezolano; igual cosa hizo con el crimen.

Aunque lo hemos dicho antes en artículos anteriores, insistimos en ello: si Venezuela no recupera prontamente sus libertades, acompañada del decidido apoyo de la comunidad democrática internacional, vamos camino a convertirnos en “Cuba II”, pero con minerales estratégicos y la segura posibilidad de ser un gran exportador de drogas y políticas comunistas al mundo liberal de Occidente. A pesar eso no perdemos el optimismo: el mal no tiene la última palabra.

@EddyReyesT


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