La segunda temporada de Good Omens se estrenó  en Prime Video y es un buen momento para recordar lo más importante de la primera entrega. En especial, como Neil Gaiman transformó el mundo de sus obras más conocidas en una curiosa sátira sobre la religión. 

El ángel Aziraphale (Michael Sheen) y el demonio Crowley (David Tennant) están de vuelta. En una poco común decisión, Neil Gaiman, decidió ampliar el universo que escribió junto a Terry Pratchett, en la pantalla pequeña. Lo que convierte a la segunda temporada de Good Omens no solo en un homenaje sincero al material original, sino también, en una rareza el ámbito literario. Es una de las pocas veces, en que un libro recibe una segunda parte directamente como un guion televisivo.

Pero la primera entrega obtuvo la suficiente popularidad como para convertirse en un suceso en el variado catálogo de la plataforma. En 2019, Prime Video logró finalmente, lo que se consideró durante años, un proyecto con escasas posibilidades de éxito. La adaptación de Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch, publicado por 1990, atravesó un largo período de incertidumbre. En específico, por su curioso argumento y su combinación de religión, filosofía y fantasía.

De hecho, el autor Terry Pratchett se opuso, en más de una oportunidad, a la posibilidad de llevar la historia a otros medios, por temor al resultado. Al escritor le preocupaba que el relato, que cuenta la historia de un ángel y un demonio que unen fuerzas en un intento de evitar el apocalipsis, fuera censurado. Mucho más, que su elegante crítica acerca de la religión y la fe, se suavizara para un público masivo. Por lo que rechazó, una y otra vez, diversas ofertas. Lo que le alejó de la mayoría de las cadenas televisivas y al menos, una negociación con Warner para una película, que resultó fallida.

Un largo trayecto para llegar al público 

Más tarde, Neil Gaiman admitiría que la negativa también tenía relación con el particular punto de vista de ambos acerca de cómo debía contarse el relato. De la misma que el cómic The Sandman, la novela Good Omens es una fábula sobre fuerzas primordiales encarnadas. Solo que esta ocasión, todo ocurre en medio de reinterpretaciones de pasajes bíblicos, figuras sagradas e incluso, la particular perspectiva de ambos escritores acerca de Dios. Que, en el universo de la narración, es, de hecho, una mujer.

Debido a lo cual, buena parte de la trama, depende de sus conversaciones, pequeñas escenas íntimas y alegorías poéticas al bien como una idea colectiva. Algo que no parecía idóneo para el formato cinematográfico. Por último, la llegada del streaming abrió la posibilidad de una serie. Aunque todavía, Neil Gaiman tendría que obtener la aprobación de los familiares de Terry Pratchett. Fallecido en 2015, el británico no dejó instrucciones acerca de sus intenciones — o decisiones — sobre una posible venta de derechos alrededor de sus obras. Aunque tanto como el uno como el otro habían discutido la posibilidad de secuelas de la ficción original, jamás se acordó en qué medio.

Pero sería la insistencia de Neil Gaiman la que llevaría a la serie a convertirse en un proyecto en concreto. En especial, luego de su éxito con American Goods, cuyo argumento para televisión escribió y se convirtió en un triunfo de crítica. En 2018, un primer esbozo del guion de la futura serie Good Omens, se debatió con Neil Gaiman y Rhianna Pratchett, hija del difunto narrador. Poco a poco, lo que comenzó como un boceto lleno de detalles — incluso, los habituales diálogos en mayúsculas de Terry Pratchett — evolucionó hasta un piloto. Este recibió la aprobación de todas las partes interesadas, por lo que al final de ese mismo año, ya se grababan los primeros episodios. La producción completa con seis capítulos, se estrenó el año siguiente con un cálido recibimiento del público y la prensa especializada.

La inevitable controversia 

Como era de esperarse, el tono irreverente de la serie — que cuestiona desde la versión bíblica de la Creación hasta la naturaleza angélica — levantó polémica. Incluso, un grupo católico publicó una petición en línea para exigir su cancelación. Solo que levantó la protesta en contra de Netflix en lugar de Prime Video, lo que provocó las burlas y un renovado interés sobre la serie.

Convertida en una celebración tanto al espíritu caótico, generoso y amable del libro como a la fe en su sentido más inocente, la producción cautivó. Pero no se esperaba su renovación, luego de ser concebida como una miniserie que adaptaría la única historia disponible. Por lo que sorprendió la decisión de Neil Gaiman, de no solo explorar el universo literario con una secuela. Además, de hacerlo durante la crisis sanitaria de la pandemia, que obligó a que la grabación se llevará a cabo entre extremas medidas de seguridad y bajo cierto misterio.

Con todo, la segunda temporada, es un experimento narrativo que abarca un inédito lugar del relato. Ahora, tanto Aziraphale como Crowley, deberán enfrentar un sorprendente dilema, relacionado — ¿como no? — con el fin de los tiempos. Pero más allá de sus debates sobre cómo evitar la destrucción de la raza humana, Neil Gaiman profundiza también en sus personajes. Un paso curioso que, seguramente, brindará a la segunda temporada de la serie un nuevo peso dentro de la amplia mitología del universo creado por el autor.

 


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