El dos veces excandidato presidencial, exgobernador de Miranda y exalcalde de Baruta Henrique Capriles Radonski ve en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre “una rendijita” para reposicionar su liderazgo dentro de las fuerzas democráticas de Venezuela.

“Mete el pie” en el momento financiero más débil del régimen de facto de Nicolás Maduro, resultante de la política de máxima presión impuesta por el gobierno de Donald Trump. A tal punto que este año los ingresos de divisas por las exportaciones caerán 50% con respecto a 2019 –en el sector petrolero la reducción estará en el orden del 75%–, un hecho que lo coloca en cuidado intensivos.

Frente a la situación endeble en la que se encuentra el sucesor de Chávez, la hoja de ruta propuesta por Capriles para desplazarlo del poder es desarrollando músculo electoral a lo largo del calendario comicial venezolano: en 2020 las parlamentarias, en 2021 las regionales, en 2022 el referéndum revocatorio y en 2024 la elección presidencial.

La premisa de la agenda de Capriles es que el régimen de Maduro es un gobierno dictatorial que respetará la Constitución chavista de 1999 y los resultados electorales.

Por el contrario, la aproximación de los partidos que acompañan al gobierno interino es que la debilidad del régimen usurpador es por su ilegitimidad de origen resultante de las elecciones presidenciales de 2018 y por la grave violación de los derechos humanos que demuestra la puesta en marcha de una estrategia “orientada a neutralizar, reprimir y criminalizar a la oposición política y a quienes critican al gobierno”, según el informe del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas del 4 de julio de 2019.

Desaprovechar entonces la oportunidad de presionar para que se repita la elección presidencial de 2018 y se realicen las legislativas correspondientes a este año, cuando Maduro y La Habana manifestaron estar en una posición débil al liberar a más de 100 presos y perseguidos políticos el pasado lunes, podría traer consecuencias desfavorables para salir del atolladero.

La premisa de Cuba y el régimen de Maduro es que el próximo 3 de noviembre gana las elecciones presidenciales estadounidenses el candidato demócrata, con quien esperan lograr un arreglo que les permita revertir la política de máxima presión de Trump. Un escenario que permitiría reanudar las exportaciones de petróleo en Venezuela y en consecuencia el ingreso de divisas, lo que oxigenaría las economías de ambos países.

En una entrevista para NBC de Florida este domingo, el candidato presidencial demócrata Joe Biden dijo que la estrategia hacia Venezuela y Cuba será diferente a la aplicada hasta ahora por Trump, si gana los venideros comicios presidenciales. “Es un fracaso abyecto desde que asumió el cargo. Nicolás Maduro se ha fortalecido, el pueblo de Venezuela está peor, vive una de las peores crisis humanitarias del mundo. El país no está más cerca de unas elecciones libres”, aseguró el exvicepresidente.

Precisamente, la celebración de unas elecciones libres es lo que persiguen las fuerzas democráticas del interinato con la política de máxima presión al no participar en las parlamentarias del 6 de diciembre. Han sido 21 meses de aciertos y desaciertos que han permitido acentuar la debilidad del régimen de Maduro, fundamentada en su ilegitimidad de origen y en ejercicio.

De continuar con esta estrategia es cuestión de pocos meses alcanzar la meta de las elecciones presidenciales y legislativas en Venezuela.

Si además el candidato republicano es reelecto en los comicios estadounidenses el 3 de noviembre, la solución a la crisis de gobernanza en el país será un asunto resuelto. La continuación de la política de máxima presión del gobierno de Trump dejará con muy poco oxígeno al régimen de Maduro.

En el caso de resultar electo Joe Biden, la solución tomará más tiempo al tener que vivir su propia curva de aprendizaje, haciendo énfasis en la ilegitimidad del heredero de Chávez en el ejercicio del poder y en la violación de los derechos humanos. En este sentido, el régimen de Maduro podría vivir con “ventilación mecánica” al relajar la política de máxima presión.

Ante la crisis humanitaria producida por las políticas económicas erróneas de los planes de desarrollo durante 13 años (2007-2020) de Chávez-Maduro y el efecto en la economía del covid-19, un nuevo gobierno demócrata en Estados Unidos podría permitir un acuerdo petrolero humanitario, a la vez que presionaría por unas elecciones libres.

Por lo tanto, “la rendijita” que observa Capriles en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre es mínima ante el espacio abierto en el que actúa el interinato. En consecuencia, se debe seguir fortaleciendo la máxima presión al régimen de Maduro. Y todos unidos remar en esa dirección, tanto a nivel interno como internacional. Así se conseguirá el restablecimiento de la democracia en Venezuela y la solución a la crisis humanitaria.


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