Dijo Descartes: “No hay nada repartido de modo más equitativo en el mundo que la razón, todo el mundo está convencido de tener suficiente”.

Se cierra el diálogo auspiciado por Noruega, se crea un nuevo bloque político de entendimiento entre un sector de la oposición venezolana y Nicolás Maduro & Cía., acción que cuenta con el respaldo de la FANB en palabras del general en jefe Vladimir Padrino López.

Hasta hace dos días, la escena política venezolana seguía dominada por dos polos, los que están dentro del espectro del PSUV y los que hacen vida en el mal llamado G4 o partidos que encabezan la coalición opositora junto con Juan Guaidó. Pequeños, grandes, a la medida, tarifados o no, quienes se sentaron en la Casa Amarilla el pasado lunes 16 de septiembre también son actores de la vida nacional.

Etiquetados como “colaboradores, vendidos y pagados para oxigenar al régimen”, me corresponde decir, de forma imparcial y objetiva, que más allá de las caras de estos “políticos” que firmaron el acuerdo con Maduro, existe una cantidad importante de venezolanos que están buscando una ruta alterna,más coherente e incluyente.

Hasta el 30 de abril, gran parte de la coalición que ha venido acompañando la ruta Guaidó se sentía triunfante. Actuaban como quienes ya tienen la guerra ganada, en privado menospreciaban las iniciativas provenientes de los grupos minoritarios y del chavismo no madurista.

La soberbia, la exclusión y el sectarismo de quienes sin ningún tipo de tacto han dicho “ustedes son cuatro gatos sin representatividad” ha dado origen a la rebelión de “los excluidos”; lamentablemente olvidaron que, en medio de un combate, todo aliado es valioso, lo estratégico es sumar, no restar. Un ejemplo ilustrativo lo tenemos en el trato poco inteligente que se le ha dado al chavismo descontento cuya “inclusión” se quedó solo en el discurso propagandístico de quienes intentaron vender una sensación incluyente sin creer en ello.

Parece irreal, pero son más las personalidades externas al conflicto venezolano que muestran su preocupación por lograr un proceso incluyente, que los mismos líderes cercanos a Guaidó. En honor a la verdad conozco a muchos; sin embargo, me referiré a Luis Almagro, quien ha venido trabajando para que la voz de los excluidos sea escuchada, y a Elliott Abrams, el primer funcionario del gobierno estadounidense en hablar públicamente sobre el reconocimiento del chavismo.

Cualquier salida a la crisis debe tener como principio elemental la inclusión, reflejar el sentimiento ganador de todo un país. Lamentablemente, la soberbia no es buena consejera y la exclusión pro Guaidó comienza a generar estragos.

En otro tema. Hace poco más de un mes se filtró o filtraron información sobre posibles encuentros entre Diosdado Cabello, Nicolás Maduro y personas vinculadas a Estados Unidos. En medio de una lluvia de informaciones y contradicciones se comprueba la intención de explorar nuevas vías para un diálogo directo.

El “código enigma” enviado por Nicolás Maduro el 12 de septiembre parece haber pasado inadvertido, aunque desde mi punto de vista pudiera ser uno de los episodios más importantes de la política venezolana en los últimos meses. En medio de una entrega de viviendas, Maduro le dice al gobernador del estado Carabobo, Rafael Lacava: “Estoy recordando la conversación que tuvimos anoche, en la reunión que tuvimos tú y yo, ¿te acuerdas?, con aquella gente que vino tú sabes de donde, estás autorizado a hacer todo lo que hablamos Lacava, pa’lante”.

Por primera vez el propio interesado dice quién es su interlocutor, le pone nombre y apellido: Rafael Lacava, de quien minutos antes se había referido como su compañero, su amigo y su hermano, algo que no le hemos escuchado decir sobre “otros” cercanos a él.

Hay que leer entre líneas. Maduro dice: “estás autorizado Lacava” y es válido preguntarse ¿autorizado para qué? Evidentemente, ese mensaje solo podía ser entendido por quienes están involucrados en el proceso actual que busca construir de una línea directa entre la Casa Blanca y Miraflores, “si quieren una salida conmigo hablen con Lacava”.

Siendo así, Maduro intenta salirse del único ruido que ha frenado un cambio en Venezuela, y es la actitud de algunos sectores que quieren monopolizar la comunicación entre Caracas y Washington.

Partiendo del hecho cierto de que el gobierno estadounidense tiene la intención verdadera de dialogar con Maduro, entonces, la Casa Blanca a través de Mauricio Claver-Carone o el Departamento de Estado a través de Elliot Abrams, ya conocen el nombre del interlocutor, pero existe un pequeño problema: Rafael Lacava está sancionado desde febrero de este año, sanción empujada, entre otras cosas, por un pacto que se generó entre un factor de mucho peso cercano a Maduro y un altísimo dirigente de la oposición, quienes decidieron unir fuerzas para sacar del camino a quien venía tomando protagonismo a raíz del proceso que liberó a Joshua Holt.

Todavía quedan algunas interrogantes por despejar: ¿aceptará Washington a Lacava? ¿Se le levantarán las sanciones? Lo cierto es que el gobierno de Estados Unidos debe hacer un corte de cuenta con respecto a Venezuela, definir un cambio en su política si realmente quieren apoyar a los venezolanos en la búsqueda de una solución a su crisis o si por el contrario continuará reforzando una estrategia que hasta ahora no ha generado los resultados esperados.

Por último, quien quiera hablar con Maduro o su representado debe partir de cinco temas centrales:1) presos políticos; 2) cese de la persecución y extorsión política; 3) levantamiento del desacato de la AN, incluyendo la incorporación de todos los disputados perseguidos a los cuales les fue allanada su inmunidad; 4) voluntad de reinstitucionalización del Poder Electoral; 5) voluntad de tener elecciones libres, limpias, con amplias garantías internacionales; fuera de esto, cualquier esfuerzo sería más de lo mismo y los venezolanos cada vez sufren más.