Las sanciones secundarias de Estados Unidos en contra del gobierno de Nicolás Maduro se la han puesto difícil a sus grandes aliados. Le está tocando a China superar un  importante escollo y, muy posiblemente, revisar el rumbo de su relación con Venezuela.

Esta semana se dio a conocer que la empresa estatal China National Petroleum Corp. dejó de embarcar 5 millones de barriles del crudo venezolano, como consecuencia de las sanciones impuestas por Washington a quienes mantengan relaciones comerciales o de negocios con el gobierno usurpador y con la petrolera Pdvsa.

La decisión de CNP no es definitiva, ni tampoco es terminante para una relación comercial que ha sido útil entre Caracas y Pekín. De hecho, la noticia de Reuters asegura que el gobierno chino está a la espera de que la oficina del Tesoro estadounidense muestre más cartas antes de dar un paso en cualquier sentido. Las alarmas, sin embargo, están ya activadas porque lo que ello pudiera significar es que buena parte de la deuda venezolana con la China de Xi no pueda ser servida.

Si ponemos la lupa sobre la relación bilateral es fácil notar cómo el país venezolano, en épocas de Hugo Chávez y de Hu Jintao, fue uno de los principales asociados a China, cuando aún no se hablaba de la política expansionista que se consagraría en la “Nueva Ruta de la Seda”. Venezuela fue pionera en América Latina, desde inicios de este siglo, del propósito geopolítico chino de marcar una huella a través de su inserción activa en la economía de terceros países en todo el planeta, con inversiones cuantiosas en proyectos y en infraestructura.

Nunca se sabrá cuántos miles de millones de dólares le dedicaron los chinos a Venezuela en los gobiernos de Chávez y Maduro a través de inversiones de todo género enmarcadas en el Convenio Chino de 2008. La poca transparencia de las cifras de la revolución venezolana y de la administración china, además de que las contrataciones nunca pasaron por los órganos de aprobación y control venezolanos, no lo dejan ver. Se dice que superaron los 70.000 millones de dólares.

Pero lo que sí abulta es el fracaso de China en cada uno de los proyectos en los que se asoció con el chavismo/madurismo. No hay sino que referirse a uno, al Ferrocarril de los Llanos, colosal monumento a la ineficiencia y al derroche, de lo cual quedan como evidencias las bases estructurales de las líneas férreas, abandonadas en medio de la maleza por todo el país. Este proyecto tenía asignados 7.500 millones de dólares del Fondo Estratégico Chino Venezolano.

China evita abordar ante terceros el asunto de las inversiones fallidas, pero es muy protuberante cómo todas las iniciativas conjuntas corrieron la misma y triste suerte. Solo que Pekín no se engaña. En la Venezuela de Maduro lo que les queda es salvar, del ahogado, el sombrero. Tratar de rescatar los montos de deuda que aún deben ser saldadas e intentar salvar las inversiones que les quedarán en suelo venezolano – incluso en el terreno petrolero– para cuando la transición tenga lugar.

Una cosa hicieron bien los socios chinos desde los inicios de esta Ruta de la Seda anticipada y fue conseguir que Venezuela repagara parcialmente sus deudas a China a través de embarques de petróleo, lo que ha estado ocurriendo durante muchos años,  a razón de cerca de al menos 300.000 barriles diarios, según los conocedores.

Con las sanciones norteamericanas le está tocando aceptar a CNP que lo que viene es una paralización de sus embarques de crudo. Hay que pensar que lo que está en el panorama cercano es un replanteamiento de toda la relación bilateral en espera de tiempos mejores. Pero los tiempos mejores, de seguro, no ocurrirán con el régimen de Nicolás Maduro.