En tiempos borrascosos escasea la verticalidad. La política venezolana parece un viejo muladar en donde cualquier fetidez es posible, lógicamente existen las excepciones del caso. El ciudadano se nota harto de ver cómo su país se hunde en el abismo de lo indecible. La traición no es novedad, se cambia de posiciones con tal desparpajo; que la lealtad es una pócima extraña en los labios del sufrido pueblo venezolano, su sabor distinto confunde al paladar nacional.

Algunas posturas expelen veneno a cántaros industriales, desde Miraflores la maquinaria mafiosa presenta la puesta en escena de sus miserias. Lo hacen sin ningún tipo de escrúpulos. Parecen disfrutar su hecatombe responsorial. Arrasarlo todo es su consigna: parece que cada escombro es la primera piedra de nuestro ataúd; sin oportunidades de emergen como una nación con principios básicos de grandeza republicana. Es en la charca donde quiere que debatamos a la Venezuela que anhelamos. Quien no se deja soliviantar por sus mecanismos de control es execrado. Un perverso dispositivo de intimidación para quebrantar los espíritus indóciles de la libertad.

En ese viento de proa se inscribe con refulgentes méritos María Corina Machado. Su coherencia política va de la mano con principios inalterables labrados en un hogar intachable. Su fuerza ideológica crece con una identidad sin temores. Ofrece un proyecto totalmente distinto a lo vivido en veintidós años de pandemia totalitaria, si hurgamos más allá de esta coyuntura histórica nos encontraremos que lo añejo tampoco ofrecía un proyecto ambicioso con el que ella presenta.

Es radicalmente opuesta a cualquier forma de populismo, esa gangrena social que termina siendo la causa de la amputación del desarrollo, no forma parte de sus ideas. Cree en un crecimiento sostenido en donde el ciudadano tenga como limite el cielo para crecer con grandes estándares de calidad de vida. Una nación saludable del punto de vista fiscal, organizativamente activa para emprender un giro profundo hacia la modernidad. Que sea la libertad el camino correcto de la fundación de una nueva sociedad, donde logremos avances extraordinarios en el desarrollo.

Una administración sin atajos, ni con la exaltación de la pobreza para utilizarla como mecanismo de presión social. Es pensar en evolucionar hasta llegar un crecimiento que nos coloque entre las naciones más prósperas. No es un toque desquiciado en el preámbulo de la desesperación. Poseemos suficientes recursos y capacidades para lograrlo, solo tenemos que dejar el camino fácil que ofrece el populismo. Comprender que nuestra solución está en la construcción de un modelo totalmente distinto a lo vivido en Venezuela durante toda su historia.

María Corina Machado entendió el mensaje y actúa con dotes de estadista. Su brillantez y honestidad es la garantía que tenemos que la llave del progreso encuentre la cerradura correcta.

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@alecambero


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