Cada día un integrante del régimen anuncia que tiene covid-19. No dan detalles de tratamiento ni aislamiento, pero sí publican con bombos y platillos que se curaron milagrosamente. Incluso llegan a decir que les bastaron solo tres días para recuperar la salud.

¿Será que tomaron té de maticas de acetaminofén que cultivan en el patio de sus mansiones? ¿Le hicieron caso a aquella candidata a diputada chavista, Rona del Valle Gómez, que desde 2015 recomendó sembrarlas?

Lo cierto es que mientras algunos altos jerarcas se jactan de que vencieron el virus, ninguno de ellos habla de los médicos y sanitaristas que han perdido la vida por estar en contacto con los infectados.

Pero no es de extrañar, porque poco les importa que los médicos venezolanos atiendan a los pacientes en los hospitales sin la protección adecuada. Tampoco que no tengan relevo y trabajen día y noche para tratar de salvar vidas.

Lo que les interesa es que la gente crea que ellos han sido expuestos al virus y que le han ganado la batalla. En el fondo lo que sucede es que el dicho “yerba mala nunca muere” nunca ha sido tan apropiado.

Los médicos cubanos cuentan con toda la protección tanto del régimen como en los hospitales. Se sabe que, por ejemplo, en el Universitario de Maracaibo hay una sala con los mejores equipos que fue asignada solo a los que vienen de la isla. Mientras, a los venezolanos los ponen a trabajar con las uñas.

¿Alguno de la cúpula rojita ha expresado el pésame a los familiares de nuestros médicos héroes que han perdido la vida en esta pandemia? ¿Alguno ha reconocido públicamente el valor de nuestros profesionales que se enfrentan a esta enfermedad sin la debida protección?

Obviamente la respuesta siempre es negativa. Lo que les importa es hacerle creer a la población que tienen la sartén por el mango, que saben cómo manejar esta pandemia. La irresponsabilidad del régimen es tal, que con la parranda de la cuarentena de 7 x 7 confundieron tanto a la población que ahora cuando se les ocurre volver al confinamiento “radical” nadie les hace caso.

Venezuela tiene años sobreviviendo a una crisis sanitaria sin precedentes. No han hecho nada para detener el colapso que llegó hace tiempo. Y lo que ahora hacen para responder a la pandemia se parece a esa idea insólita de sembrar matas de acetaminofén.

Que nos diga el vicepresidente cómo se curó en tres días, para ver si los venezolanos pasamos a la historia y podemos patentar el té de malojillo con limón y bicarbonato como la cura del covid-19.


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