“La ley del deber es más poderosa para mí que los sentimientos del corazón, me impone la obediencia a las instancias de un pueblo libre” Simón Bolívar

Maduro y con él, Cabello y todos los conmilitones del llamado socialismo bolivariano y marxista, tienen definitivamente los santos de espaldas, bueno, por decirlo de una manera elegante, pues sabemos que no son católicos sino entregados al culto de los yorubas babalaos, cuyos sacerdotes cubanos de ifá, como Lázaro Cuesta, quien le sugirió al extinto Hugo Chávez “tocara la puerta de sus templos para apoyarlo en su compleja convalecencia”, después de haber sido sometido en La Habana a una cuarta operación de cáncer, insinuación que aceptó y que según íntimos allegados suyos, cumplió al pie de la letra, pero sin resultado alguno, porque sabemos el desenlace final de su vida.

Por qué afirmamos que tienen los santos, perdón, la santería de espaldas, pues sencillamente por el descalabro que en los últimos tiempos viene experimentando el oficialismo, debido a la crítica situación económica y social que vive el país, como consecuencia de políticas sociales equivocadas y ajustadas según sus voceros al socialismo, que como se sabe y conoce, no ha producido beneficio alguno en los países en los que se ha aplicado, y por el contrario los ha llevado a la ruina, camino por el cual estamos cayendo precipitadamente.

Provoca molestia e indignación en la población, que cansada de los abusos del gobierno ha tomado calles y avenidas de ciudades en todo el territorio nacional, para manifestar y hacer valer sus derechos ciudadanos, y recordarle a Maduro y su tren gubernamental, así como a gobernadores, diputados, concejales y funcionarios que militan en el PSUV, y son miembros de la ilícita asamblea constituyente, que el régimen constitucional de un gobierno es el democrático, y no un ”proyecto político del partido, movimiento o gobernante de turno”. Que los principios fundamentales de la Constitución Nacional define “la organización jurídico política que adopta la nación venezolana, como un Estado democrático y social de derecho y de justicia, y que el Estado propugna el bienestar de los venezolanos, creando las condiciones necesarias para su desarrollo social y espiritual, procurando la igualdad de oportunidades para que todos los ciudadanos puedan desarrollar libremente su personalidad, dirigir su destino, disfrutar de los derechos humanos y buscar su felicidad”.

Ha sido letra muerta para los socialistas bolivarianos enquistados en el poder, el contenido de la carta magna, la cual estipula en su preámbulo que “el fin supremo de refundar la República, es para establecer una sociedad democrática y que no solo el Estado debe ser democrático, sino también la sociedad, pues siendo democrática la sociedad, todos los elementos que la integren deben estar signados por los principios democráticos y someterse a ellos”. Nada de ello han cumplido quienes se rasgan las vestiduras con la “bicha” en la mano, para vociferar a los cuatro vientos que el gobierno en estricto apego a la constitucionalidad, se ciñe a los valores superiores del ordenamiento jurídico del Estado y de su actuación, así como a la vida, libertad, justicia, igualdad, solidaridad, preeminencia de los derechos humanos, ética pública y pluralismo político. ¡Qué desfachatez!

El total fracaso en el que se halla inmerso el régimen solo le ha servido de pretexto para acusar al empresariado de una “guerra económica”, a la cabeza de la cual imputa a Estados Unidos y a los adversarios políticos a los que acusa de conspirar bajo la tutela del imperialismo de Estados Unidos, por vía de la DEA y el FBI, y por tanto se les señala como traidores a la patria. No se miran en el espejo, porque si a ver vamos, los traidores son quienes detentan el poder, siguiendo directrices, pautas, normas y órdenes que emanan desde Cuba.

En la práctica, el proyecto revolucionario socialista, marxista y mal llamado bolivariano, ha gobernado contrariando los valores democráticos constituidos, lo cual se demuestra a lo largo de 20 años en los que el pueblo venezolano ha sido despojado de su poder soberano y se encuentra engañado, manipulado, abusado, dividido y permanentemente amenazado por quien debería ejercer con dignidad la majestad del cargo que desempeña, y no proferir en sus largas y diarias peroratas insultos, groserías y actitudes desafiantes, cual guapo de barrio.

Maduro se precia de ser un verdadero demócrata, pero no tiene recato alguno en mostrar sus ínfulas de dictador, al mismo tiempo que no entiende que el poder no es eterno, y que más tarde que nunca pasará a la página negra de la historia. Tampoco piensa que las acciones que viene aplicando está destruyendo el futuro de todos los venezolanos, no solo de aquellos que por desconocimiento o ignorancia votaron por su partido socialista, y marxista y por ende comunista, sino de millones de niños, jóvenes, mujeres, hombres y ancianos, anhelantes de una patria libre, soberana y democrática en toda la extensión de la palabra.

Ahora más que nunca es necesario acometer una intensa y sostenida lucha por la reivindicación de un país endeudado, con abultada burocracia, debilidad institucional, abrumado por el narcotráfico, consumo de drogas, falta de alimentos y medicinas, galopante inflación, nepotismo, servicios públicos ineficientes y una desbordada delincuencia que ha tomado calles y ciudades de todo el país, enlutando miles de hogares venezolanos. Se impone acometer de inmediato un programa de desarrollo, para superar los daños causados a la estructura del aparato productivo y en consecuencia a la economía nacional, así como erradicar los estropicios que en materia de educación, salud y seguridad principalmente, generaron los socialistas criollos de nuevo cuño, amén de la reconquista de la libertad de expresión y de prensa.

Maduro, Cabello y sus capitostes deben entender que el pueblo venezolano no está de acuerdo con el modelo socialista revolucionario, mal llamado bolivariano, pues por el contrario anhela un cambio radical en su modo de vivir a futuro, y este desafío es un acto de valentía y soberbia, en procura de evitar que siga en riesgo la estabilidad y la paz social, tan necesaria en estos tiempos de angustia, temor, desaliento, pero con una encendida fe de que se avecinan nuevos horizontes verdaderamente democráticos.

[email protected]// @_toquedediana


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