“Dios no puede aprobar la violencia de sus propios principios, de sus leyes fundamentales; por el contrario, Dios ve con horror el crimen de la usurpación, de la tiranía”.  Simón Bolívar

Plus Ultra

No se puede llamar de otra manera, sino complicidad corruptiva de un régimen, cuando se observa que los dineros del Estado han sido birlados por una pandilla de pícaros oportunistas, que no contentos con detentar el poder han llenado sus alforjas con mil millonarias cifras en dólares depositados en bancos extranjeros, tras saquear las arcas del erario público a su antojo y arropados por una libertina alcahuetería, que pone en evidencia la connivencia séptica del régimen socialista comunista y mal llamado bolivariano.

Existe un denominador común que no es otro que la corrupción entremezclada con la política.  Y esto es lo que ha venido ocurriendo en los últimos años en nuestro atormentado país, víctima de la insaciable voracidad de un numeroso grupo de depredadores de la cosa pública, que han dado rienda suelta a sus instintos delictivos, sin importarles en absoluto los principios éticos y morales y sus propias familias, a las que seguros estamos las deslumbraron con oníricos sueños de esa riqueza mal habida.

Es difícil entender cómo con los recursos naturales con los que cuenta nuestro país, podamos estar enfrentando una crítica situación económica, que va desde el desabastecimiento de productos básicos de la alimentación, falta de insumos médicos, desempleo, devaluación de la moneda –aún cuando los jerarcas del régimen se empeñen en afirmar que no se trata de tal, sino de una necesaria reforma fiscal– para hacer frente a una denominada, en jerga militar “guerra económica, propiciada por la burguesía oligarca, imperialista, apátrida y enemiga” (sic) de la tan mentada revolución del siglo XXI. Pretexto tras pretexto para esconder debajo de la alfombra roja la basura y desperdicios de sus erradas políticas públicas y económicas de inspiración marxista, causantes de esta penosa debacle, a lo largo de más de veintiún años.

A propios y extraños cuesta mucho comprender que este evidente y estrepitoso fracaso de un país con las mayores reservas de petróleo del mundo – una quinta parte –, no lo haya aprovechado especialmente durante esta última década, con los precios e ingresos más altos de su historia, situación que hoy en día se le torna más difícil aún, porque el sector petrolero está en franco deterioro, por la falta de reinversión y la excesiva burocratización y en los últimos tiempos por el desfalco total de PDVSA, hoy día en menguada situación de improductividad que acarea la escasez de gasolina y gasoil, lo cual está empezando a generar severos problemas en el transporte público y a los productores agrícolas del interior del país, que se ven impedidos de trasladar sus productos a la capital, esto último pudieses devenir en un desabastecimiento de alimentos en medio de un caos impredecible.

Venezuela es considerada como uno de los países más corruptos del mundo –vergonzoso récord– que en aleja a nuestro país de su esplendido pasado, lleno de riqueza, felicidad, paz, tranquilidad, seguridad, armonía y la emblemática jocosidad y alegría que permitía al venezolano –hombres y mujeres– exhibir con orgullo su gentilicio, hoy afectado por el dolor y tristeza de ver partir allende las fronteras, a miles de jóvenes en procura de un mejor porvenir. Fuga de talentos irrecuperables, porque si bien es cierto que encontrarán lo que ansían, muchos no regresaran a la patria por haber sentado raíces en otros lares. Es el doloroso costo a futuro, que nos depara la mal habida revolución comunista venezolana del presente siglo, de la cual pretende Maduro no desprenderse y entronizarse en el poder.

Un amigo nos refería en días pasados que Venezuela enfrenta una situación peor que la de Haití, por la extrema situación de pobreza que se observa en ciudades y pueblos de todo el país, a lo cual le respondimos que la tragedia de la nación caribeña era completamente diferente, pues el hambre, pobreza e inseguridad que agobia a la patria de Petion era el resultado de un terremoto, mientras que en nuestro país era producto de uno de los peores gobiernos (¿) que hemos tenido, por la inevitable consecuencia de una visión autoritaria de la sociedad y de la economía, una visión que ubica al Estado como el principal, o mejor dicho, como el único protagonista de todas las actividades productivas, financieras y comerciales. Una visión que no cree en la separación de los poderes, sino en la concentración de los mismos, y en consecuencia no cree tampoco en la libertad empresarial, pues su ideología esta totalmente divorciada de la libre empresa.

La corrupción es la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar, de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española (RAE), y por tanto puede tratarse como en el caso venezolano de una depravación moral o simbólica, aun cuando en otro sentido la corrupción es la práctica que consiste en abusar del poder, de funciones o de medios para saca un provecho económico o de otra índole. Lo cierto es que nuestro país copa las primeras páginas de los diarios del mundo, como consecuencia de estos ilícitos, que el régimen pretende ocultar o silenciar, distrayendo la atención pública con pretextos de invasión de potencias extranjeras y otras tantas sandeces, que a diario predica Maduro con insistencia por todos los medios y en actos públicos, que suelen ser recurrentes.

Son muchos, pero muchos los casos de corrupción que el régimen se ha hecho de la vista gorda, aun cuando pretende guardar las apariencias buscando chivos expiatorios por delitos menos graves, para enjuiciarlos y anunciarlo a través del fiscal general de la República, lo cual se interpreta como una silenciosa impunidad, que ya no causa asombro ante tantos otros hechos similares, como el de la línea aérea Plus Ultra, relacionada con altos personeros del régimen madurista, que involucra a Cilia Flores y Delcy Rodríguez, y que el gobierno español el pasado fin de semana rescató económicamente, otorgándole 53 millones de euros a través de un fondo para ayudar a las empresas estratégicas de España, mediante oficios del secretario general del partido Podemos, Pablo Iglesias, a la vez vicepresidente de la República española, como lo denuncia el diputado venezolano en el exilio Américo de Grazia, tras minuciosa investigación con recaudos.

La corrupción ha sido definida por acuciosos investigadores del tema, como un comportamiento político desviado (falta de ética política); conducta política contraria a las normas jurídicas (falta de ética jurídica y política); y usurpación privada de lo que corresponde al dominio público, quienes al mismo tiempo  destacan que el interés personal no es un elemento que necesariamente debe incluirse en una definición, pues los actos de corrupción no siempre benefician únicamente a intereses particulares.

En el caso venezolano, es la falta de todo lo anteriormente indicado, más la ausencia de escrúpulos y la inexistente voluntad política, de un gobierno que se arropa bajo la bandera de una supuesta revolución socialista, que el mismo viejo caudillo cubano Fidel Castro la denominó comunista, la cual mantiene al  pueblo en el más deplorable estado de miseria, hambre, desnutrición, desempleo, corrupción, inseguridad y narcotráfico, todo un cocktail explosivo que en cualquier momento, además del covid-19, puede trasformar la metástasis que padece en un imprevisible final.

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