Debajo de las suaves plumas, se escondieron las serpientes de la codicia. El veneno de la ambición  trajo consigo que la esperanza de cambio sufriera un traspié. No solo han sido las oportunidades que sucumbieron en las manos de unos bribones. Son los que utilizaron sus recursos para vivir como magnates. Es fundamental que se aclaren estas cosas.

Es inaudito que se utilice la solidaridad automática para tratar de evitar algunas investigaciones, debemos exigir una pesquisa exhaustiva. Hemos transitado tantos errores, que proseguimos en la idea de volverlos a cometer. En eso se nos han ido las oportunidades de acabar con la dictadura.

Hemos visto cómo la consulta popular que plantea Juan Guaidó es una materia que aprobamos los venezolanos.  La histórica gesta del 16 de julio de 2017 logró que más de 7 millones de venezolanos hicieran el mayor acto de desobediencia civil en las últimas décadas. Aquella gigantesca autorización popular para avanzar, de manera paulatina, fue dejada de lado. No hubo interés, por parte del gobierno interino, de cumplir con el resultado. La decepción que produjo semejante dislate terminó por traer mayor frustración en nuestra volátil ciudadanía. ¿Quién garantiza que no sea nuevamente traicionado el edicto popular? ¿No es un esfuerzo inútil, para que después la dictadura logre una Asamblea Nacional a su medida?

Caer en el ejercicio de una consulta clandestina puede llenarnos de mayor turbación interna, ante la gran probabilidad de un autogol político. Es inverosímil que volvamos sobre los mismos pasos cuando la realidad pide una verdadera ruta. El video promocional de la actividad tiene en el fondo tintes de imitación al discurso del régimen. Una diputada desaforada para mostrar gallardía, en el furor de algunas groserías, creyendo de manera errónea que al asumir el papel de poseída por el demonio de Iris Valera puede lograr la cruz en la logia de los aplausos. Es la ensimismada retórica de quien cree que llega al pueblo llenándolo de vulgaridades. Otros son el calco del fracaso que supuso no haber actuado con la fuerza de un pueblo que creyó que aquello serviría, nos da la impresión de ser un recurso de aquellos que botaron una enorme herencia política. Al agotarse los argumentos, surge cualquier barrabasada.

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@alecambero


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