“El tiempo es el más inexorable e inelástico elemento de nuestra existencia”, afirmó Alec Mackenzie en su libro La trampa del tiempo (The Time Trap), frase que compendia el núcleo argumentativo de su obra. Este libro fue muy leído en la década de los setenta e incluso el autor visitó Venezuela para hablar del buen manejo del tiempo. Su prédica, dirigida a los gerentes, tiene valor general, sobre todo en países con tendencia a no valorar el tiempo propio ni el de los demás.

Más adelante, en los años ochenta, Jean-Louis Servan-Schreiber escribió El arte del tiempo (L’art du temps), que presenta la mirada europea sobre el mismo asunto: el manejo del tiempo. El hombre moderno debe disponer de tiempo para el trabajo, pero sin sacrificar el reposo, la distracción, la lectura y la vida familiar. Ambos tienen en común la idea de que el tiempo es un recurso natural no renovable: tiempo perdido, tiempo que no se recupera. Por eso la puntualidad debe ser una regla de conducta.

Rafael Tomás Caldera nos deleita con un breve, pero sustancioso, análisis titulado El uso del tiempo, en el cual reflexiona sobre distintos aspectos de esta materia. Uno de ellos es el apresuramiento (¡inútil!), porque las cosas hay que hacerlas bien, más allá de la velocidad empleada al hacerlas.  “Despacito, no como exhortación a la lentitud, sino para hacer bien la letra”, nos dice Caldera; para lo cual se apoya en una copla de Antonio Machado: “Despacito y buena letra:/ el hacer las cosas bien/ importa más que hacerlas” Lo que interesa, en definitiva, es hacer bien lo que se hace.

Junto a los libros anteriores cabe mencionar Ébano, publicado en 1998 por el prestigioso periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski. En este libro, el autor narra sus viajes por África durante los años cincuenta, sesenta y setenta, en los cuales presenció 27 revoluciones y golpes de Estado militares, gobiernos represivos y corruptos. El autor describe la falta de sentido del tiempo que advirtió en la población subyugada por tiranos y déspotas. Estos dictadores africanos (Idi Amin, Bokassa, por ejemplo) pronunciaban interminables discursos, al estilo de Fidel Castro, sin reparar en el tiempo invertido en semejantes menjurjes retóricos. De ahí se puede extraer una relación entre la extensión de los discursos y la libertad: donde no hay libertad, hay discursos interminables; en las democracias, discursos cortos. Aquí vale la pena comparar la duración de las alocuciones de Angela Merkel (breves, sobrios y sustanciosos) con las de los populistas que hoy potencian sus garras aprovechando la cuarentena impuesta por la pandemia.

Otro aspecto que destaca Kapuscinski en su excelente libro es el sentido del tiempo en las poblaciones que recorría. Observaba que había grupos de personas que se concentraban en plazas y esquinas de las calles a hablar indefinidamente. Era lo mismo las 11:00 am que las 6:00 pm. El correr del tiempo era indiferente en esos países doblegados por dictaduras y por las carencias de servicios y de libertades. Eran poblaciones sin rumbo, a diferencia de los europeos y estadounidenses que apuntan a un objetivo en el horizonte. El periodista polaco reflexiona sobre la manera como las poblaciones sometidas por gobiernos tiránicos habían perdido la noción de la importancia del tiempo ¿Qué diría Kapuscinski sobre las colas para surtir gasolina que hemos visto en la última semana como consecuencia del fracaso de las políticas económicas? ¿Del tiempo que hay que invertir para buscar agua? ¿El que se pierde con los apagones y fallas eléctricas? ¿Es acaso esto una manera de expropiación del tiempo?

En este contexto, caben más interrogantes: ¿cómo manejamos los venezolanos el tiempo? ¿Cuál es la relación entre el tiempo invertido en un asunto y los resultados obtenidos? ¿Cuál es nuestro sentido de la puntualidad? ¿Cómo respetamos el tiempo de los demás? También puede formularse esta otra: ¿cómo se mide el tiempo en revolución? Y esta última merece un comentario: Venezuela inició hace veinte años el camino hacia el pasado: el tiempo se detuvo en 1999 para iniciar su regreso a 1863. Todo lo que se había logrado, pese a las fallas admitidas, indicaba que estábamos en camino hacía el desarrollo en un sistema de libertades. La economía crecía, no escaseaba la gasolina y el venezolano podía ejecutar su proyecto de vida, y no necesitaba emigrar. Hoy la situación es diferente. Estamos viendo una Venezuela equivalente a la del fin de la Guerra Federal. Lo más grave es que el retroceso continúa y vamos hacia un indetenible fracaso. Estamos en una situación de pérdida permanente del tiempo histórico.

Pese a las dificultades, se han encontrado durante la cuarentena mecanismos para paliar los efectos nocivos de la pérdida del tiempo. Entre estos está la realización de foros virtuales bajo la modalidad de videoconferencias. De esta manera se puede participar en eventos de distinta naturaleza que permiten el estudio de temas relevantes. Es lo que está haciendo la Academia de Ciencias Políticas y Sociales (Acienpol) en alianza con Universitas Fundación para realizar encuentros virtuales sobre temas jurídicos de interés.

Los foros virtuales son una forma de circulación de las ideas durante el tiempo de la cuarentena, “sin censura previa y sin temor a consecuencia ulteriores”, tal como lo proclamó el presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, Humberto Romero-Muci, en sus palabras de apertura del foro interacadémico sobre el impacto del covid-19 en nuestro país. Este encuentro virtual contó con ponentes de las Academias Nacionales de la Lengua, de Medicina, de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, de la Historia, de Ciencias Económicas, de la Ingeniería y el Hábitat y de Ciencias Políticas y Sociales. Fue una mirada multidisciplinaria para que los venezolanos podamos apertrecharnos de reflexiones y de experiencias para la época pospandemia (este evento tuvo 5.200 visitas en YouTube).

Además del evento señalado, la Academia de Ciencias Políticas y Sociales celebró, conjuntamente con las Academias Nacional de la Historia y la de Medicina, los foros en homenaje a Juan Germán Roscio y el foro sobre la beatificación de José Gregorio Hernández, respectivamente. Respecto a temas jurídicos, se han celebrado dos encuentros: uno sobre aspectos jurídicos del covid-19 y otro sobre la teoría de la imprevisión; ambas materias adquieren relevancia como consecuencia de la pandemia que afecta al país y al mundo.

A lo anterior se suman las universidades y diversas instituciones, como cámaras empresariales y centros de arbitraje que llevan a cabo clases y sesiones virtuales para aprovechar el tiempo.

El sufrimiento y la crisis que vivimos los venezolanos nos enseña que uno de los valores que hay que rescatar es la utilización del tiempo. La sociedad venezolana ha encontrado en el manejo de las tecnologías la oportunidad para intercambiar opiniones, enseñanzas y experiencias para aprovechar al máximo el tiempo con el que contamos. Hay otro país que no se detiene. Es el que aprovecha la pandemia para aprender y reflexionar sin prisa pero sin pausa.

El irrespeto del tiempo de los demás se evidencia con la extensión de los discursos políticos y de las cadenas informativas basada en el monopolio comunicacional. Esto junto a las dificultades para surtir combustible, las fallas eléctricas y la falta de agua son expresiones de la expropiación del tiempo de los venezolanos, que afecta la dignidad humana. Para aprovechar este recurso natural no renovable se requiere un cambio del modelo socialista y un ambiente político de libertad.


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