Estamos seguros de que los momentos que vivimos en la actualidad traerán una especie de reconocimiento póstumo a la resiliencia y al coraje que cada individuo hizo por salir adelante a las terribles consecuencias que se reflejan en el hoy.  No solo quedará evidencia de la fortaleza de cada uno de nosotros, sino también la capacidad desarrollada y comprobada para evaluar nuevas posibilidades, mejorar con alta eficacia nuestra relación personal con el entorno, evaluar la visión acerca de la vida y explorar lo espiritual como un factor comprobable dentro de la fórmula desarrollada para el manejo de la crisis.

Haber aprendido acerca de nosotros mismos y de la facultad oculta de soporte y reinvención nos dejará un gran aprendizaje. Replantear el mundo y cómo encajamos en el nuevo por venir son preguntas que aún quedan abiertas; sin embargo, las respuestas lucen difíciles y dolorosas pero con alto grado de recompensa segura al término de esta línea de tiempo.  El manejo de los procesos emocionales y lo que ellos reflejan en nuestra capacidad de dibujar las posibilidades inmediatas dejan una visión de la manera como regulamos inteligentemente lo emocional. El descubrir la dimensión que parte de nuestro centro y de cómo desde ahí evolucionar ha sido una gran tarea.

El desarrollo de nuestra capacidad narrativa alrededor de las historias que han surgido a partir del trauma y del dolor genera que de manera articulada entendamos los efectos de lo que nos acontece. El uso de la esperanza como una herramienta personal de manejo en situaciones que lucen adversas ha aumentado nuestra capacidad de soporte y entendimiento en espacios donde la negatividad y fatalismo se habían desarrollado. Se han hecho equipos con jugadores de bandos distintos en donde las reglas de juego establecidas son las mismas para todos sin hacer diferencia, sin arbitraje y sin que el marcador importe a la fanaticada que equipo lidera el juego.

Comprender que lo que hacemos afecta al otro, así como también como procurar un beneficio mutuo en la cadena de valor de cada uno cada día, ha permitido que todos desarrollemos la empatía y entendamos que de otros aprender para ser mejores nosotros mismos. Se entiende globalmente que palabras tales como espiritualidad, dolor, empatía, emociones y esperanza son fundamentales en el establecimiento de planes tanto individuales como grupales para manejar y salir de esta crisis.

Los lideres se están encontrando con una gran tarea. La construcción de estrategias que permitan de una manera dinámica la conexión entre el pensamiento y entendimiento del futuro con la acción del momento presente se hace imprescindible. La búsqueda de comprender qué será el “nuevo normal” no se basa en proyecciones únicamente sino en vivencias de lo que hoy se desarrolla en los intramuros de toda empresa. Al igual que los individuos, el uso de esperanza será herramienta en la formulación de vías alternas. La correspondencia ha de ser tomada en cuenta para armar estrategias que permitan al líder comprender que “como es afuera es adentro y viceversa.”

A las unidades de Recursos Humanos se les debe empoderar para que establezcan vías de entendimiento entre los empleados. No basta con políticas generales acerca de cómo manejar situaciones; la verdad es que se debe trabajar individuo por individuo y entender cómo el cúmulo de situaciones similares e individuales afectan las áreas estratégicas y operativas de la empresa. ¿Cuántos empleados comparten el dolor por la pérdida? ¿Quiénes sienten el terror de lo que aún no acontece? O también, ¿cuántos han superado las fases anteriores y se encuentran en un plan de avance resiliente hacia un nuevo mañana? De todos se aprenderá y servirá de base para lograr aún más entre compañeros salir adelante en equipo tomados de la mano sin diferencias en estos momentos de crisis.

El líder de hoy debe llevar de la mano sigilosamente a las unidades de estrategia y operaciones. De ambas visiones depende la buena realización y ejecución de los planes. En la construcción de una vía que permita la conexión efectiva entre ambas unidades reside el secreto. Se debe estar preparados para gerencia un futuro impredecible mientras se gerencian procesos urgentes que se demandan en el hoy. El establecimiento de escenarios que ayuden a la empresa a navegar la incertidumbre dejará claro acerca del cómo manejar los recursos en el momento presente.  Fomentar las ideas, plantearlas en escenarios, proyectarlas, probarlas en la inmediatez y hacer planes en constante revisión hacen que la disciplina del equipo sea menester y se conviertan en “juegos de guerra” a las constantes acciones estratégicas alrededor del plan.

Haga alquimia y sienta el poder de la “dulce rendición”. Dele paso al entendimiento de lo espiritual en la fórmula para el manejo del momento presente. La búsqueda de su centro es imperativa y ello solo depende de usted. Entienda que preocuparse de algo no ayuda. La disposición de preocuparse es una reflexión en la condición negativa, tendiendo por lo tanto a ocasionar la condición negativa. Tratando de estar positivo es también una reflexión en lo negativo y hace muy poco en mejorar las preocupaciones. La crisis socava las bases en las zonas de confort de todo individuo. Aún se mantiene la premisa de que lo más difícil es encontrar a los valientes que deseen “cambiar aquello que no desean cambiar”, atrévase.


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