En estos tiempos los gobiernos de esencia democrática en Latinoamérica están signados por su volatilidad ante el incesante asedio de la izquierda no democrática en la región que se enmascara en diversos rostros y formas, apalancándose en plataformas y mega estructuras -de innegable eficacia- para acceder al poder y ejercerlo con una hegemonía que contrasta con la fragilidad de unos gobiernos que sucumben ante el irresponsable discurso populista o el vil chantaje de la violencia. Sería terrible que en la Venezuela post chavista, corriéramos tamaña suerte.

Los efectos que trajo consigo la guerra fría y sus distintas formas de reactualizarse y adaptarse se produjeron luego de los dos hechos fundamentales que marcaron un profundo cambio en la geopolítica mundial desde finales del pasado siglo: la caída del Muro de Berlín en 1999 y los sucesos del 11S del 2002. Visto cada uno con sus propias repercusiones, nos dan una idea de la gran metamorfosis que han tenido las tácticas y estrategias de los principales sistemas políticos en su objetivo vital de perdurar aún como factores en este nuevo orden internacional.

La fragmentación de la Unión Soviética, es tal vez el hecho de mayor relevancia en esa geopolítica de nuevo cuño. Rusia, sin una federación de países que le hicieron ser el gran factor del Bloque del Este, tuvo que rehacerse tanto desde el punto de vista político como económico, mediante un “divorcio civilizado” como en su momento lo denominó Putin. El Pacto de Varsovia y su resultante Bloque de Este quedaron pulverizados. La guerra fría dio paso a otra forma de manifestarse en sus nuevas áreas de influencia, mediante otras confrontaciones bélicas regionales, la radicalización del fundamentalismo, intervención de nuevos actores; así como nuevos métodos en materia de seguridad en los ámbitos nacionales y continentales, entre otras.

Al margen de las consecuencias en el resto del mundo, debemos ver con especial interés cómo esta renovada guerra fría se ha mostrado en nuestro continente americano, muy particularmente en Latinoamérica y por supuesto en Venezuela. Nos ayudará tener claro el grado de eficacia y determinación que caracteriza a cada uno de los grandes factores sistémicos que marcan hoy la pauta geo-estratégica en materia política y económica: Rusia, China, Irán, por una parte; y por la otra, Estados Unidos, con sus respectivos aliados regionales.

La desaparición de la Unión Soviética en modo alguno hizo cesar las pretensiones expansionistas de Rusia en nuestro continente. El viejo aliado cubano ha sido como siempre su punta de lanza en esta nueva etapa en la que tiene un papel importante, un incipiente neocomunismo ruso. Años atrás, Nicaragua, Chile, Bolivia, El Salvador y Venezuela fueron casos emblemáticos signados por la violencia comunista y la lucha armada que alentaron.

Hoy, en su afán de incrementar su área de influencia en Latinoamérica, neutralizando y disminuyendo a de Estados Unidos, apelan al cariz político en el que cabalgan también intereses armamentísticos y económicos desde una mega estructura en la que se han engranado desde hace algún tiempo el Foro de Sao Paulo, el Congreso Bolivariano de los Pueblos, el ALBA, Celac, Grupo de Puebla, Unasur (en vías de extinción) y parte de la Internacional Socialista. Exhiben como logros: las dictaduras, gobiernos totalitarios y de corte socialista radical del pasado, presente y los de un futuro próximo según se deduce de recientes acontecimientos, como es el caso de lo que se venir en Chile. He allí la eficacia de este entramado del mal en el que consiguen terreno abonado los intereses económicos de China y el fundamentalismo iraní.

Frente a esto se encuentra el otro polo, liderado por Estados Unidos, Brasil y Colombia. En el particular caso norteamericano, los hechos acaecidos el 11S marcaron una nueva etapa que generó decisiones y acciones de gran repercusión en el ámbito geopolítico. Más puntualmente en su lucha contra el terrorismo fundamentalista y por ende en lo que respecta a su seguridad nacional que hoy se ve amenazada por la incursión extremista en el continente americano.

En ese contexto, Venezuela se ha convertido en una importante pieza. Se encuentra nuestro país en puja, entrampado ante la poca posibilidad de salir de este régimen por una vía pacífica en la que la eficacia de las sanciones y de las negociaciones se encuentran a prueba. Lo que sí está demostrada es la ilimitada temeridad y determinación de quienes nos mantienen secuestrados.

¿Será que algún día saldremos de esta gran tragedia? Tal parece que con actitudes timoratas no lo lograremos por un buen tiempo.

@vabolivar


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