Hay quienes afirman, como Mariano de Alba (abogado venezolano especialista en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales) en su cuenta de Twitter, que la elección de Venezuela como miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU para el período 2020-2022 denota que el régimen de Maduro sigue siendo capaz de conseguir apoyo político importante en la ONU.

Más allá o más acá de si el régimen sigue siendo teniendo condiciones para el logro de algo, está el hecho de que la situación de relaciones e intereses en el mundo abona en favor incluso de la capacidad diplomática, disminuida o no disminuida, del régimen. Veamos.

De acuerdo con, por ejemplo, la organización Freedom House y su informe de 2019, correspondiente al año de 2018, publicado a inicios de este año 2019 y titulado «Democracia en retirada: La libertad en el mundo 2019», un total de 68 países empeoraron en materia de derechos políticos y libertades civiles durante 2018, mientras que tan solo 50 países verificaron mejoras. La versión de 2019 registra el debilitamiento de las normas democráticas a nivel global, particularmente en relación con elecciones y derechos de migrantes. 2018 fue el decimotercer año consecutivo en el que la libertad global medida por el concepto de Freedom House se mostró en declive. La fracción de países no libres ha incrementado durante este período, y una crisis de confianza en varias democracias longevas se ha intensificado.

Lo anterior y según Freedom House, ha sido capitalizado por las principales autocracias del mundo, Rusia y China, que han continuado avanzando para expandir su influencia antidemocrática. Moscú y Pekín identifican la democracia como una amenaza para sus regímenes opresivos, y trabajan implacablemente, con creciente sofisticación, para socavar muchas de las 116 democracias electorales existentes y neutralizar a sus principales defensores.

Como se sabe, en la ONU están representados 193 países y el índice de Freedom House califica 195 países en 3 categorías: libre, parcialmente libre y no libre. El informe de Freedom House de 2019 exhibe 88 países libres, 58 parcialmente libres y 49 no libres. En otras palabras, entre parcialmente libres y no libres hay 107 países.

El caso es que 107 se parece a 105, el número de votos que obtuvo Venezuela en la votación para lograr su asiento  en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Dado que la votación para el puesto no fue pública, no podemos afirmar cuáles fueron los países que votaron a favor de Venezuela. Sin embargo, no es difícil saberlo. Costa Rica obtuvo 96 votos y si bien y como afirma Mariano de Alba su caso constituyó una candidatura improvisada, sus cifras de votación obtenidas revelan que la diplomacia tuvo algo de efecto, ello en virtud de que como vimos y de acuerdo con la situación actual del mundo desde la perspectiva de Freedom House, los números le son favorables a la antidemocracia.

Antes de la votación, se evidenció un notable esfuerzo mediático de organizaciones que defienden los derechos humanos para impedir la postulación y elección de Venezuela. Sin embargo, tales esfuerzos fueron neutralizados por la diplomacia de países como Cuba y sus aliados. Para entender el poder de esta diplomacia, tenga el lector en cuenta este entorno antidemocrático representado por esos 107 países y tenga también en cuenta el objetivo de la diplomacia: representar y velar por los intereses de un Estado y de su nación en relación con  otro Estado u organismo internacional. De modo que no bastan ni las buenas intenciones ni la política convencional: el sustrato político-diplomático que apoya los fines del interés nacional de estos 107 países es lo que hay que considerar a la hora de materializar un análisis.

La votación obtenida por Venezuela vuelve a revelar que en toda arena internacional, la diplomacia y la «realpolitik» clásica (el interés de las grandes autocracias), en oposición a la «idealpolitik», continúan privando.

Si es cierto que «billete mata galán», también lo es que la «diplomacia 107 mata buenas intenciones».