La poliarquía es la base del concepto de democracia que estudia Robert Dahl. El poder del pueblo es aquí construido como múltiples poderes que entran en competencia política con sus diferentes puntos de influencia en la sociedad.

La poliarquía, por tanto, significa el gobierno de varios, esto es, de varios poderes. La democracia es normalmente entendida como el poder del pueblo, como si el pueblo fuera unitario, estuviera constituido de forma homogénea y pudiera ejercer su poder de acorde al interés general. El que problema que plantea esto, como ya hemos indicado en numerosos artículos, es que la construcción de un pueblo unitario y homogéneo es una entelequia. Simple y llanamente no existe. Son creaciones políticas y sociales de acorde a los propios intereses personales, particulares.

Por ello, Robert Dahl, introduce aquí un concepto capital para entender bien como funciona una democracia. Es el concepto de poliarquía que ya hemos mencionado. Para Dahl, el poder más relevante y poderoso es el poder económico. El cual somete a los demás. El poder político, el poder social y cultural, además de otros tales como el poder tecnológico, el mediático, etcétera, quedarían al albur del poder económico. De esta forma la voluntad general dejaría de tener una completa independencia si tenemos en cuenta la injerencia del poder económico en los intereses y las necesidades de los ciudadanos.

Por ello, es necesario dirigirnos hacia una democracia saludable para que todos los poderes interactúen entre sí bajo una premisa de equilibrio. Para que dentro de una poliarquía, se funcione como en una democracia donde a su vez funciona como una poliarquía es necesario canalizar una traslación justa de las demandas de los representados a los representantes, dentro de una democracia representativa claro está. Aquí es donde entran conceptos de análisis que utiliza Dahl, como la participación efectiva de los ciudadanos y las libertades civiles como elementos esenciales de una democracia.

Para que, dentro de los grupos de poder no exista ninguno que sobre salga ni tenga especial influencia en los demás, Dahl indica que las decisiones que se lleven a cabo han de hacerse bajo principios inclusivos y de distribución equitativa del poder. Es decir, todos y cada uno de los ciudadanos deben tener derecho y posibilidad a que sus demandas sean escuchadas y tenidas en cuenta. Así, es necesario que la distribución del poder sea equitativa. Si el poder económico o el poder político -en algunos Estados autoritarios sobre todo- se sobre ponen y se erigen sobre algún otro poder dentro de un sistema poliárquico, el principio de inclusividad quedará vetado y por tanto la democracia también. Los grupos privilegiados han de quedar limitados, al menos su poder, al igual que la clase política -como señala Dahl- ha rendir cuentas a la ciudadanía bajo mecanismos y herramientas transparentes y eficaces.

Otro de los puntos en el que hace hincapié Robert Dahl, es que la democracia no es simplemente votar, es decir, el proceso electoral. Y aquí hemos de hacer especial mención al asunto en cuestión. Pues se tiene la falsa creencia, en la mayoría de ocasiones y países, que la democracia es simplemente votar. Colocar unas urnas, votar, contar los votos y voilà, el pueblo ha hablado y su poder se ha ejercido efectivamente. Pues no. La democracia no funciona así. Como indica Dahl, la democracia es un compromiso continuo de los ciudadanos en la toma de decisiones, participación activa, protección de derechos individuales, competencia justa y abierta entre los grupos de interés, etcétera.

Otro hecho necesario advertir, es que la cuestión por la cual se vota en sí, nunca puede ser constitutiva de delito. No se puede votar aquello que previamente ya la ciudadanía de acorde a su soberanía allá indicado que ciertas acciones son delito. Además para que se canalice eficientemente la voluntad de los ciudadanos en unos resultados electorales, es necesario que existan unos trámites y unas reglas electorales justas además de una información competitiva, transparente y libre para que los ciudadanos estén libremente informados. Algunas de las reglas son: campañas electorales, elaboración de programas, configuración de mesas electorales, cuento y recuento de los votos, vigilancia de parte de la sociedad internacional en el proceso electoral, etcétera. Poner unas urnas y votar, ni por asomo es representativo de lo que debe ser una democracia genuina.

La democracia no es un ideal supremo a alcanzar sino un ideal en constante construcción. Nunca podemos hablar de si existe o no democracia, debemos hablar de si hay más o menos democracia, de si es una democracia más saludable o menos, de si es una democracia de peor o de mejor calidad. No podemos catalogar la democracia en base a un código binario o dicotomía. La democracia siempre es un proceso de construcción donde no existe un final. No podemos hablar de la democracia como un sistema completamente realizado. Que existan fallas democráticas no significa que no exista democracia, ni mucho menos. La democracia es un proceso a construir entre todos y cada uno de nosotros.

Artículo publicado por illiberaldemocracy.es


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