En varias ocasiones hemos comentado —una vez que se fueron moviendo gradualmente las posibilidades hacia la recaída en ese gravísimo mal conocido como desesperanza— la necesidad del viraje, de darle vuelta al manubrio. Dolencia que ataca con regular frecuencia los organismos de nuestros compatriotas anotados en las listas de los grupos democráticos. Creo que como consecuencia de estos hechos llegó el momento de dejar de lado la formalidad ilímite, insensata otras veces.

No está bien seguir con el pernicioso vicio de tragar harina sin pensar en sus secuelas. Hay maneras, hay muchas fórmulas, de mostrar nuestras reflexiones sin que estas ocasionen daño al líder indiscutible de este proceso. De todas formas, hacia allí hay que empujar; todos tenemos que hacer fuerza para que se produzcan los cambios que nos conduzcan a la toma del poder a través de un proceso de comicios impolutos; que abarque lo que va implícito en esta  frase de “elecciones limpias”. El objetivo final y consecuencialmente el reto que todos tenemos por delante es la toma del poder, lo demás se originará de manera progresiva. Pero el poder para combatir los vicios perniciosos como la corrupción en primer lugar, la ineficiencia y todos los desmanes del régimen de NM. Los descubrimientos de hechos irregulares donde participaron dirigentes afines a la causa democrática deben ser sancionados inmisericordemente, la cárcel debe ser su destino final. De esta acción firme del presidente encargado depende el futuro de rescatar o no la democracia. De él depende. O desenvaina la espada para preservar la decencia, la ética administrativa, o cava su fosa donde descansará por los siglos de los siglos: ¿qué sentido tiene entonces el cambio de gobierno? ¿Para qué tantos muertos, encarcelados, perseguidos, torturados y exiliados?

Juan Guaidó tiene la gran oportunidad en sus manos, que no es otra cosa que deshacerse de los deshonestos que lo rodean. De ser así, se catapultará ante los rostros compungidos de algunos que  se dicen oposición, pero por dentro  piensan que estas serán sus Navidades más felices.

Conjuntamente, JG debe ordenar que se proceda de inmediato a la realización de auditorías internas. Aprovechar estos días decembrinos para llevar a cabo un examen exhaustivo, reflexivo, detallado; una especie de tomografía computarizada de la situación interna y externa… Por ejemplo, ¿se va a mantener a toda costa ese tapón paralizante que significa “fuera el usurpador” para poder avanzar hacia caminos más realizables y que permitan encausarnos por una ruta más larga, pero con un objetivo más asequible? Insistir con porfía en la unidad. De la misma manera que se negocia hacia afuera, asimismo hay que hacerlo hacia adentro. Las democracias exigen negociación, compromiso y concesiones. Es decir, los acuerdos políticos hay que llevarlos hasta la intimidad de la alcoba. Las invenciones tales como las convocatorias a protestas de hoy para mañana es la expresión más cuestionable de fantasías irracionales. El Frente Amplio hay que apuntalarlo, es un error dejarlo morir de mengua. Es la bisagra, la ventana, para articular los partidos políticos y la sociedad civil. De no ser esto posible, pues termine de una vez con él; entonces, veremos estos grupos —partidos políticos y sociedad civil— como fantasmas en pena vagando como almas errantes con un cartelito en las manos plagado de errores ortográficos…

En conclusión, a pesar de todos estos resbalones, cabe destacar que sería un hecho demencial pretender desplazar a Guaidó de la cúspide donde se encuentra. Sigue gozando de alta popularidad. De la misma manera, hay que estar alerta ante las elecciones para la escogencia de la directiva este 5 de enero. Alerta, justamente, porque los corruptos rojos pretenden comprar corruptos opositores para cambiar la correlación de fuerza en el Parlamento nacional.

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