Merkel Biden
Foto: EFE

En el contexto de la pandemia donde las buenas noticias escasean ha surgido un acuerdo político, que representa la factibilidad de unidad de corrientes políticas de diferente origen, cuyo efecto pudiera relanzar a la Unión Europea en el concierto mundial de naciones, y en otro nivel airear a nivel global los pactos políticos globales.

Precisamente ocurre en la nación más afectada en la historia de la humanidad, que por el dislate de sus élites políticas se embarcó en la primera mitad del siglo XX en dos guerras mundiales, de las cuales resultó destruida, fragmentada y dividida, al extremo de conformarse 2 países: la Alemania Occidental y la República Democrática Alemana. Como consecuencia de estas tragedias hubo el holocausto de 7 millones de judíos, la muerte de más de 5 millones de alemanes y de más de 80 millones de personas producto de este apocalipsis global.

Pues bien, esta nación supo levantarse de la mano de 2 titanes, del socialcristiano Konrad Adenauer y del socialdemócrata Willy Brandt, quienes encaminaron la reconstrucción de un país devenido en cenizas y convertido hoy en la cuarta economía del mundo, y al mismo tiempo promovieron la cogestión como modelo laboral opuesto a los soviets de la URSS.

En tan solo 45 años de la tragedia universal los alemanes lograron la reunificación en 1990, para luego en el transcurso del siglo XXI profundizar la economía social de mercado bajo la gestión de Ángela Merkel, donde se ha acentuado como la nación eje de la Unión Europea y del Grupo de los 7 junto a Estados Unidos.

El acuerdo firmado por el SPD de emblemático color rojo y su líder Olaf Scholz, los amarillos del FDP partido liberal representado Volker Wissing y los ecologistas conocidos como los verdes y su lider Annalena Baerbock, representa un escenario donde fuerzas de diferente origen político, económico y social concretan no solo la conformación de un gobierno, también el arquetipo que permite la consolidación de los valores democráticos a nivel continental y global.

La concreción de este gobierno rompe los mitos del sectarismo de quienes ven a un mundo unicolor, que ubica la batalla civilizatoria solo entre la derecha y la izquierda o entre capitalistas y socialistas. En realidad, el SPD fundado en 1863 por Fernando Lasalle, fue el partido que debatió con Carlos Marx y Federico Engels, es hoy el representante máximo de los trabajadores en Alemania, junto a los sindicatos cristianos de la hoy derrotada CDU, el Partido Liberal es el partido de los industriales que luchan por la expansión económica, y los Verdes que representan las fuerzas sociales, en defensa del medio ambiente y la lucha contra las emisiones del CO2 que afectan hoy a la humanidad.

Entre tanto el otrora partido comunista alemán, heredero de la RDA, identificado en la actualidad como Die Linke, fue descalificado por el electorado y relegado a su cuasi desaparición, han vivido una debacle y a duras penas mantienen su representación en el Bundestag, el parlamento alemán.

Los alcances y dimensiones de este nuevo gobierno que continuará la excelente gestión de Angela Merkel, sirven de ejemplo para un mundo político ahogado por la corrupción, donde sus actores tropiezan a diario con la ética y con la democracia, como lo representa hoy en América Latina el régimen madurista y su comisionado de la corrupción Alex Saab, justamente preso en Estados Unidos, sirviendo de lección a quienes crean que el crimen en el poder no tiene castigo, cuando deben prevalecer la justicia y la libertad.


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