Después de la anexión de las 4 regiones, obtenida por una serie de referendos cuestionados por la inmensa mayoría de la comunidad internacional,  que sumado a la destrucción de los gasoductos submarinos en el mar Báltico, que derivan en la pérdida permanente de decenas de miles de millones de euros, no puede caber duda de que la guerra en Ucrania, está cerca de llegar a un punto de no reterno, para los países involucrados y el resto dela Comunidad Internacional.

No es casualidad, que grandes potencias nucleares como la India o la República Popular China hallan transmitido en la cumbre de Samarcanda en Asia central su negativa a lo ocurrido desde el mes de febrero en territorio ucraniano, que amenaza con canalizar las economías de los países de la OTAN hacia sus aliados fiables políticamente, destruyendo las inversiones realizadas en muchos países de diverso signo ideológico, donde lo importante hasta la fecha, era esencialmente los costos de producción.

Las posibilidades de que las sanciones a la economía rusa se conviertan en sanciones universales, aplicables a los aliados del gobierno de  Putin, en todos los continentes, genera una situación muy peligrosa en todos los continentes desde  América hasta el Pacífico,  pasando por Argentina,  Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela (América) , Chipre, Turquía, (Europa), Palestina, Líbano, Irán, Pakistán, Birmania, Vietnam, Mongolia, sumadas a las repúblicas del Asia Central (Asia), llegando a las micronaciones del Pacífico (Oceanía) y terminando en África, donde naciones muy importantes por su peso demográfico y económico, como Suráfrica, Nigeria, Argelia, Egipto, Congo, República Democrática Congo, sufrirían terremotos económicos, si perdieran la asistencia financiera y los mercados para sus materias primas.

Es en este punto, donde los presidentes de dichas naciones deben tomar decisiones verdaderamente importantes para su futuro y no equivocarse en el apoyo político al bando ganador de la Guerra de Ucrania, lo cual aún es una incógnita para muchos que pensaron equivocadamente, que la invasión de Ucrania, duraría una semana y criticaron ácidamente a los países de la OTAN, siendo inimaginable para ellos, la respuesta occidental que ha permitido al gobierno ucraniano sostener una administración pública y defensa militar durante ya 7 meses, frente a una gran potencia militar.

Pensar que estas situaciones no van a generar consecuencias o “facturas políticas”, sería muy ingenuo, mas en lo que si no pueden volverse a equivocar es en apoyar al ganador final, no es casualidad, que después de meses de ambigüedad muchos países estén comenzando a apoyar la soberanía e integridad integral de Ucrania, en razón de un previsible final victorioso de Ucrania, en razón de que el enorme apoyo militar, financiero y de inteligencia, prestado por la OTAN, puede terminar por quebrar la economía rusa, generando una derrota militar, que hundiría el gobierno de Putin, el prestigio político de Rusia, sus Fuerzas Armadas e Industria Militar, con la posibilidad de repetir fenómenos internos parecidos al de la desaparecida Unión Soviética, que llevarían a la independencia de otras repúblicas dentro de la Federación Rusa.

No olvidemos que existen 21 minorías étnicas en Rusia con sus propios territorios y la idea de se presenten movimientos independentistas en Siberia, no es un asunto solo de la literatura y el cine de los tiempos de la Guerra Fría (Tormenta Roja), por lo cual lo que se ta jugando Vladimir Putin, no es solamente su vida y legado final, sino el destino propiamente dicho de su nación.

En los casos de Latinoamérica es fácil imaginar que los organismos financieros internacionales, bancos  y bolsas se cerraran a todas las empresas de estas naciones, aparejados por cierre de intercambios comerciales y turismo, con lo cual el recordado caso de la década perdida de los años 90 de siglo pasado se puede convertir rápidamente en el “siglo perdido”, como se puede apreciar en el caso de países que retrocedieron décadas en sus indicadores sociales y perdieron millones de ciudadanos útiles sin que apareciera ningún conflicto bélico.

Incluso países tan importantes como México y Brasil corren el riesgo de sufrir represalias comerciales y financieras de seguir con sus políticas exteriores “antioccidentales”, pensando que los países desarrollados van a tolerar indefinidamente la confrontación, cuando no el sabotaje abierto (véase caso de Cumbre de las Américas en Los Ángeles, saboteada por México), sin que se produzcan contramedidas contundentes que hagan un enorme daño social y económico, que nuestros países no pueden soportar.

Países mucho mayores económicamente, como Indonesia, Vietnam, Suráfrica, Egipto, deben igualmente medir estas realidades con mucha frialdad política y económica, muy alejada de los discursos populistas antiimperialistas, considerando el daño económico que pueden sufrir y perder décadas de desarrollo económico sostenido. Es indudable que ello no será del agrado de grandes sectores de la población, pero una equivocación de este tamaño sería tan grave que, al igual que en la Unión Soviética, puede generar colapsos sociales e institucionales que den al traste con dichas naciones.

Un punto muy importante de esta guerra es que un colapso temporal de la industria militar rusa dejaría en estado de indefensión a una multitud de países que dependen de la tecnología y los suministros militares rusos para sus fuerzas armadas. Pensar que los países occidentales, los van a solapar por razones económicas y no van a apretar a derrocar dichos gobiernos es un riesgo demasiado grande para una multiplicidad de regímenes, que sienten que Putin se está jugando la suerte de todos ellos en un juego donde no se les pidió permiso para apostar la suerte de sus gobiernos.

Por estas razones esgrimidas en los párrafos anteriores, los presidentes del mundo no deben olvidar las amenazas del presidente de Francia de que esta vez no habrá países No Alineados, como ocurrió en el siglo XX durante la Guerra Fría, por lo cual situaciones como evitar que el presidente Zelenski se dirigiera en una conferencia virtual a los  países del Mercosur (único lugar donde no lo dejaron hablar) son posiciones políticas por las cuales alguien va a tener que responder en caso de una victoria de Ucrania, así que en las salas situacionales y comités de asesores políticos se está apostando con la suerte personal y política de presidentes, partidos políticos, gobiernos y hasta naciones enteras. Ya veremos con el tiempo quiénes erraron en su cálculo político.


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