Para Carl Jung la alquimia significaba “cambiar aquello dentro de nosotros que no queremos cambiar” y ciertamente atravesar en lo personal espacios que evitamos por diversos factores hace de esta ciencia una herramienta potente al momento de aceptar su uso y modificar aquello en las profundidades del subconsciente que no nos permite como individuos evolucionar.

Con más de 4 milenios de historia, la alquimia ha formado parte de los capítulos más importantes en el cambio fundamental de la historia universal. El deseo de cambiar el plomo por oro y encontrar la piedra filosofal realmente escondía detrás una ciencia que buscaba el cambio real del individuo en su estadio más profundo y en transmutar en el todo aquello que lo apartaba de vivir en gracia, desechando todos esos materiales pesados y densos que no le permitían vivir a plenitud y convirtiendo lo que quedaba -luego de un proceso de decantamiento- en el oro puro, en un ser brillante, en el nuevo hombre.

Muchas veces nos hemos preguntado por qué siempre volvemos al mismo lugar y pareciera que no avanzamos, indistintamente de los esfuerzos que conlleve la tarea de hacer lo contrario. El MÍ altamente desarrollado en nosotros y que también llamamos EGO nos genera una serie de acciones propias a su defensa que solo rigen movimientos necesarios para hacer que perdure en el tiempo esa conducta insistente que quizás en algún momento tuvo fuerza; sin embargo, a medida que pasa el tiempo y cambia nuestro entorno no procuramos la fortaleza y la integridad de cambio para redefinir ese patrón egoico y procurar así una nueva vía de solución a lo que aqueja.

Esa estructura casi indestructible de bases y limitaciones propias construidas desde la infancia y desarrollada en la adultez, además de reforzada por el entorno, nos aparta del cambio realmente necesario y que aun sabiendo que es así, no tenemos la voluntad de solución inmediata.

Solo la alquimia real permite al iniciado poder encaminarse el cambio trascendental. Ir a lo más profundo y pasearse por los confines del MÍ para darle paso al YO, que no es más que la mente brillante detrás del EGO, que se fundamenta en el uso de su inteligencia y que junto a la inteligencia del corazón hará posible ese cambio que tanto deseamos y que hemos sido expertos en declinar y dejar para algún otro momento.

Imagine ahora el impacto de los factores externos que afectan su empresa; todo aquello que ocurre hoy que amerita haya un cambio en sus bases, que permitan una redefinición de los valores y generar una visión corporativa compartida, además de revisada, por cada uno de los integrantes de la organización.

En la aplicación de alquimia al proceso de pensamiento empresarial descansa un secreto único y fascinante que brinda a los accionistas una herramienta sin límites de poder para un crecimiento armónico; estar atentos al mercado, a sus nuevas necesidades e ir con grupos de trabajo a revisar la correspondencia de lo que está pasando afuera de la organización, dentro de cada uno de los elementos y poniendo orden sustancial al nuevo pensamiento que se genera, permitirá que aquello que pase afuera sea lo que adentro de la célula empresarial esté programado y determinado sólidamente para el avance.

Imagínese entender claramente las causas y efectos posibles y conocer en qué momento su empresa según el entorno, en qué espacio del movimiento pendular se encuentra y entender cómo hacer para generar ideas que le permitan no solo establecer la ruta más corta y menos traumática de avance, sino además tener la facultad de anticipar eventos y ejercer acciones de reposicionamiento rápido e inmediato.

Atreverse a revisarse en momentos de crisis y que además van globalmente en tiempo real, es el deber. Solo manteniendo el equipo en cohesión, con visión y valores compartidos y entendiendo aquello que el cambio es una necesidad de reinvención, se constituye en la clave para la sostenibilidad del nuevo orden claramente fundamentado por los cambios y la aplicación de la alquimia al nuevo YO de la organización que surge después de haber escuchado y fundamentado qué ideas residen en cada uno de los integrantes de su empresa.

Recuerde, el principio de correspondencia indica que “como es adentro es afuera” y también “como es arriba es abajo”, por lo que es hora de estudiar dónde se encuentra su organización, qué ideas tienen los líderes para afrontar este cambio y comenzar a generar la nueva ruta que le permita a usted y a su gente convertirse en una empresa ganadora, menos densa y más brillante.


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