Las empresas se desenvuelven en un entorno de constantes cambios y para muestra la pandemia, que no solo las tomó por sorpresa, sino que ha tenido un fuerte impacto en los negocios. Pero desde antes de la irrupción del covid-19, las compañías han tenido que buscar los mecanismos para adaptarse a las transformaciones que se suscitan, como es el caso de los continuos avances tecnológicos y, lo más importante, sobresalir.

Una de las vías, y por cierto bastante exitosa, es la innovación disruptiva, la cual ha provocado cambios rotundos en los mercados y en los consumidores. Clayton Christensen, profesor de Harvard Business School, fue quien acuñó ese término, que se refiere a las tecnologías y los modelos que traen consigo transformaciones radicales en el mundo de los negocios.

“Innovar es crear un producto capaz de generar un nuevo mercado y desestabilizar a la competencia que antes dominaba el escenario”, señaló el académico, en el año 1997, en su libro The Innovators Dilemma.

Ejemplos de innovación disruptiva sobran. Años atrás las invenciones parecían solo posibles dentro de la ciencia ficción, hasta que una y otra vez las empresas han demostrado que pueden ser una realidad. Está el caso de la telefonía, que dejó de ser la misma con el paso del teclado a la pantalla touch.

Ahora, además, tenemos una plataforma que revolucionó la industria del entretenimiento mediante la transmisión vía Internet de series y películas. Me refiero al streaming, el cual se ha potenciado durante esta crisis sanitaria a raíz del confinamiento.

Detrás de esas iniciativas están las empresas disruptivas, aquellas que han adoptado modelos de negocios que rompen con los esquemas convencionales para innovar en el mercado. El objetivo es traspasar la oferta de productos y servicios tradicionales y establecer nuevas formas de proceder. Es el caso de Uber, Netflix y Airbnb.

Para conseguir revolucionar el mercado se apoyan en las tecnologías disruptivas desarrolladas en las últimas dos décadas, como la inteligencia artificial, robótica, blockchain, Internet, vehículos aéreos no tripulados y realidad virtual y aumentada.

Valiéndose de la innovación disruptiva, las compañías logran imponerse sobre sus competidores y transformar su relación con el consumidor, que ahora es más sofisticado, autónomo, crítico, observador y exigente respecto a los productos y servicios.

Esto significa una nueva forma de ver las cosas, donde en cualquier momento lo que era nuevo ya no lo es. Para las empresas esto representa una redefinición continua de los mercados, que juegan con nuevas reglas casi constantemente.

De hecho, en los últimos años empresas que tenían una posición sólida en las plazas comerciales fueron minimizadas o desplazadas por otras, incluso más pequeñas y con consumidores de menor poder adquisitivo, que aplicaron la innovación disruptiva en productos y servicios.

Ciertamente, el auge de la innovación disruptiva le debe mucho a las tecnologías. Las nuevas herramientas digitales contribuyen a facilitar ciertos procesos, como segmentar y monitorear al público de manera personalizada e identificar oportunidades para mejorar el producto u optimizar el servicio.

Esto obliga a las empresas, para poder abordar con éxito la innovación disruptiva, mantenerse actualizadas en la parte tecnológica y estar pendientes de los cambios que ocurran y actuar en consecuencia. Ello requiere un enfoque del diseño del negocio centrado en la comprensión profunda de las necesidades de los clientes.

Así que para no pocas compañías, la innovación disruptiva es una realidad ineludible. Sobre todo, en el contexto actual de la pandemia, en el que la transformación tecnológica sigue su curso, de una forma brusca, e impacta el mundo empresarial de manera decisiva, y donde es vital “atrapar” nuevos clientes y conservar los existentes.


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