Foto REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

Encumbrados voceros del oficialismo alegan estar indignados porque sus críticos tratan de “aprovechar políticamente” el sufrimiento del pueblo… Para estos encumbrados personajes no hay límite en el descaro y el cinismo. Lo que indigna a casi toda Venezuela es el sufrimiento atroz de la gente por causa de una hegemonía despótica, depredadora y corrupta que malbarató y malbarata las inmensas oportunidades ofrecidas por la bonanza petrolera más prolongada y caudalosa de la historia.

El pueblo sufre porque está sumido en una catástrofe humanitaria que se sigue agravando. Y mientras tanto, los mandoneros del poder se dedican a salvaguardar sus billones de dólares para evitar el rastreo de las investigaciones internacionales, tanto policiales, como judiciales y también periodísticas. Proceder propio de la delincuencia organizada, a la cual pertenecen de pleno derecho. Por eso para esta cúpula y sus adláteres, el continuismo es crucial. Y han demostrado hasta la saciedad que están dispuestos a lo que sea para conseguirlo.

Por eso, la tragedia venezolana no es solo de carácter social, o económico, o político, o militar. Es todo eso y mucho más: es de naturaleza existencial. Lo que está en juego no es un tipo de régimen, o un “modelo” económico, o el mero alivio de las inmensas necesidades sociales. No. Lo que está sobre la mesa es la existencia de Venezuela como una nación viable que pueda darle un futuro digno y humano a su población.

¿Se entenderá eso? Me temo que no. Al menos no en círculos de élites, dentro y fuera del país, que se pronuncian sobre la situación venezolana, reduciéndola a una crisis de especial atención, que puede ser resuelta con tramoyas de diálogo, maromas leguleyas, algunas “políticas públicas” acertadas, y la celebración de unos comicios más o menos aceptables, que legitimen al poder establecido. No sé qué es peor, si la tragedia venezolana en sí misma, o la referida apreciación de la misma.

El sufrimiento del pueblo venezolano indigna. Indigna también que sus responsables se burlen malévolamente del sufrimiento popular. Indigna, así mismo, que ese sufrimiento nacional sea supuestamente “analizado”, como una abstracción desconectada con la vida. Luchemos para que el sufrimiento no conlleve a la resignación sino a una indignación resuelta a generar cambios efectivos.


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