Las palabras incertidumbre y cambio han resurgido con nuevos bríos en estos meses de pandemia, aunque en realidad son constantes de las relaciones humanas; la ausencia de cambios impredecibles es incompatible con la vida. Vienen a mi memoria muchas anécdotas recogidas en el libro, reeditado por el BCV, Estrategia empresarial y calidad de gestión y las expresadas por el entrenador de un equipo de fútbol de primera división, quien decía: “Tengo un plan, pero el contrincante tiene el suyo y eso podía dar o no al traste con el propio”.

Von Mises nos dice: El ser humano actúa, pero no puede conocer anticipadamente las consecuencias de sus acciones; cada acción está vinculada a un futuro incierto y, por tanto, la noción de acción tiene implícita la de incertidumbre. El hombre que actúa desconoce el futuro, si pudiera conocerse desaparecería, tanto la capacidad de elegir como la noción misma de la acción. Por ello el porvenir siempre nos sorprende.

Se trata de millones de seres humanos actuando, tomando decisiones imposibles de prever en los planos teórico y práctico. Intentamos anticiparnos formulando planes, cuya utilidad depende de su flexibilidad y permeabilidad al cambio. Los planes son una forma de elegir y todos lo hacemos, tomamos decisiones: los gobiernos en todos los niveles, los organismos internacionales, los trabajadores, las empresas, los consumidores, los inversionistas, los migrantes, las asociaciones diaspóricas.

Las decisiones acarrean consecuencias diversas, algunas esperadas otras inesperadas. Por ese motivo, como afirma Jouvenel, no es posible hacer una ciencia del futuro. Encontramos en la numerología de la diáspora un buen ejemplo. Muchos especularon y cifraron en 9 millones, otros en 8 los números de la diáspora venezolana.

El futuro no es proyección del pasado y fenómenos, no previstos o considerados siquiera, como el COVID-19, ponen freno al éxodo y propicia el retorno de cerca de 100.000 venezolanos. Aumentará la presión sobre los servicios en proceso de extinción, disminuirá el monto de las remesas y los famélicos ingresos provenientes de las hilachas de la industria petrolera. El efecto de la caída de ese ingreso sobre millones de hogares se sentirá de muy diversas maneras.

Los efectos del coronavirus han sido mayúsculos en los ámbitos social y económico en todo el mundo y los países de mayor desarrollo relativo, los mayores donantes de la cooperación internacional, se verán en la obligación de destinar recursos extra para atender a sus nacionales y hacer frente al desempleo, el cierre de empresas y a la caída del PIB global.

Tampoco estaba prevista la captura del Alex Saab, miembro del círculo íntimo del señor Maduro y parte de complejos entramados globales. Su detención ha generado entre sus amistades cercanas un gran nerviosismo y un desmesurado interés por demostrar su venezolanidad. Desconocemos lo que ocurrirá; hay varios actores jugando, también ignoramos los resultados que podría arrojar el interrogatorio. Repiten el mismo esquema aplicado en la captura de Makled y el general Carvajal.

Resulta imposible eliminar la incertidumbre, pero es necesario reducirla fortaleciendo la capacidad de análisis y obtención de información. De esta forma evitamos que cobre vida lo dicho por Groucho Marx: “La política es el arte de hacer un diagnóstico falso y aplicar después los medios equivocados”. En una entrevista reciente de Carla Angola a Gustavo Tarre, el entrevistado analiza la situación y aporta información de gran utilidad con la cual desmonta y pone en evidencia a quienes prometen lo que saben que no pueden proporcionar y al mismo tiempo nos salva de los profetas clarividentes.

El cambio, resultado de la acción humana, crea nuevos escenarios ante los cuales surge la duda; la falta de certeza es consustancial a la actividad humana en los amplios campos de los negocios y la política. En ambos se lidia con realidades independientes e incluso opuestas a los deseos, los cuales hay que dejar de lado para evitar la confusión y recordar el dicho: no basta con desear. La realidad no se modifica a voluntad ni porque lo deseemos. Quienes desconocen los límites tienen en su ADN la vocación autoritaria.

La política trabaja precisamente con estos cambios imprevisibles, se interroga acerca de las reacciones de la sociedad ante sus decisiones y escogencias. Las encuestas, como serie de instantáneas, muestran la aceptación y el rechazo hacia partidos, líderes, marcas y formas de gestionar las pandemias. Eventos como el COVID-19, el asesinato de Floyd o la captura de Alex Saab pueden cambiar la realidad de un momento a otro y dar al traste con situaciones y tendencias aparentemente inmodificables. La relación de los ciudadanos con los políticos es un asunto complejo.

En este terreno es posible detectar errores muy comunes, como la sobrestimación de las fuerzas propias o la subestimación de las fortalezas del otro, la defensa a ultranza de lo hecho pese a las evidencias en contra. También los encontramos en el campo de la ciencia. Como sostiene Lakatos, los científicos, igual que los políticos, crean hipótesis ad hoc para defender los fallos de sus planteamientos. Algo así como “peor para la realidad si ella no se ajusta a lo que pienso”. El mejor ejemplo es el de quienes afirman: aquí no ha fracasado el socialismo, pues nunca lo ha habido. Como si el resultado no fuese idéntico al alcanzado en todo el mundo por el socialismo real.

Ciertamente, el porcentaje de apoyo a los representantes del régimen ha mermado y aumenta el grado de rechazo. Pero no es posible desconocer que cuentan con su bufete de abogados particular (el TSJ), con parte de las bayonetas sobre las que se sustenta y con los “camisas rojas”, grupos paramilitares particulares concebidos con el fin de amedrentar, además de la institución responsable del tema electoral. Conviene desentrañar los fundamentos de esos respaldos: ¿negocio?, ¿miedo?, ¿ideología después de más de dos décadas de adoctrinamiento y hegemonía comunicacional?, ¿hambre?, o más bien ¿las redes de corrupción alrededor del narcotráfico, los negocios del oro, el coltán, el torio, la extracción de gasolina? Ese conocimiento es fundamental en la reducción de incertidumbre y en la toma de decisiones.

Es insuficiente denunciar a los responsables del desastre, forma de denuncia que puede resultar enemistada con la construcción de realidades. Pienso en la experiencia de principios de los setenta con el proyecto urbano de San Agustín. Con el apoyo de especialistas, redujimos todo a una consigna carente de futuro: no al desalojo, sin propuestas alternas y consignas paralizantes, carentes de posibilidades de presente y futuro. Algo parecido ocurre en el ámbito de la diáspora: se culpa al responsable por el inmenso desplazamiento humano…¿y?

Lo realmente importante es cómo hacer frente a esa realidad, pues hechos son amores y no buenas razones. No basta con tener “buena voluntad”; el camino al infierno está empedrado de las mejores intenciones. Es necesario blindar la voluntad con contenidos creíbles y posibles. El clima de desconfianza, de inestabilidad política y desesperanza, no se resuelve solo con consignas y estridentes generalizaciones. La propaganda no sustituye a la política.

No hay acción exenta de riesgo y la valoración de las decisiones depende de los resultados esperados de cada una de las acciones emprendidas y, en política, como en los demás terrenos, los logros refuerzan estrategias, así como los fracasos obligan a modificaciones. Las consecuencias pensadas de decisiones que no tienen los resultados esperados no pueden mantenerse en el tiempo. Hay quienes recurren a la mentira para evitar que se propague el pánico. En este ámbito los principios importan, pues, como decía Camus, el fin no justifica los medios.

La acción política podría servir para crear mayores dosis de incertidumbre. La información, y también la desinformación, son formidables medios al servicio de la incertidumbre. La mentira, las medias verdades y la corrupción son otras fuentes favorecedoras de la incertidumbre y el escepticismo, a lo cual contribuyen medios y redes.

El propósito de la política no es promover proyectos a sabiendas de que no se logrará nada y solo con fines subalternos. Por ello, comprender la complejidad de los fenómenos es muy necesario. Gracias al trabajo de la diáspora contamos con información relevante, estudios y resultados del trabajo realizado. Como sociedad poseemos una valiosa información que nos permite construir a partir del reconocimiento de su composición heterogénea y plural. Es necesario un abordaje intelectual capaz de enfrentarse a políticas “improductivas”: las de mucho ruido y pocas nueces.

Se atribuye a Von Bismark la frase de que la política es el arte de lo posible y el del “second best” agregaba, no con lo que es correcto o lo que es mejor, sino con lo que se puede lograr. Hay quienes se empeñan en lo contrario o quienes juegan bien en el  regate corto, poseedores de principios siempre susceptibles de modificación.

@tomaspaez

 


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