Cuando cometemos un error que se transforma en contrariedad, dificultad, contratiempo, obstáculo o impedimento, se nos plantean dos maneras de actuar: evadir el inconveniente para no reconocerlo ni enfrentarlo, lo cual implica perseverar en la conducta que nos ha conducido a la situación problemática, aspirando con ello a que todo se solucione con más de lo mismo, o aceptar el yerro y cambiar de táctica.

El problema que deriva de circunstancias como la anterior es el alto nivel de insensibilidad que puede llegar a desarrollar el causante directo del mal. En efecto, según expertos del tema, cuando nos pasamos la vida escapando de las situaciones que debemos afrontar, nuestro cuerpo termina experimentando numerosos cambios de tipo fisiológicos. Las endorfinas –sustancias peptídicas producidas de forma natural en el encéfalo que son los analgésicos naturales de nuestro cuerpo– se liberan para bloquear cualquier sensación de malestar o dolor y generar una falsa impresión de placer. De ese modo, el sujeto responsable del yerro bordea la desazón que causa el tener que abandonar la decisión que da origen al conflicto interno.

Si a lo anterior le agregamos el componente político como aspecto dinamizador fundamental, escalamos entonces a nivel del trastorno, el cual se hace presente en figuras malignas y desquiciadas como el ruso Joseph Stalin, el alemán Adolf Hitler, el chino Mao Tse-tung y el iraquí Sadam Huseín. A la “ilustre” lista de los criminales y déspotas de América no es necesario relacionarla porque doy por sentado que mis lectores conocen a un importante número de sus integrantes.

La dictadura venezolana no se ha cansado de cometer errores; cuando se cree que va a dar un vuelco a sus políticas perniciosas actúa como los Borbones: sin aprender ni olvidar. Así, pues, no hay manera de que cambien sus maléficas acciones, limitándose entonces a huir hacia delante, una y otra vez, sin resolver nunca nada, provocando que el drama sea cada vez peor. Demostración de lo anterior son las decisiones que el régimen adoptó en relación con la gasolina que los ayatolas le enviaron recientemente.

Ya el nivel de deterioro al que hemos llegado en Venezuela exige un cambio de rumbo; pero eso no se hace y, por el contrario, se mantienen las conductas perversas que como país y sociedad nos hunden a profundidades abismales. Las desgracias las padece el pueblo, no Nicolás Maduro y sus aliados que disfrutan sin limitaciones las mieles del poder.

Eso último lo ponen en evidencia las damas del alto gobierno cuando se realizan refrescamientos en el rostro y otras partes del cuerpo que las hacen lucir más atractivas, mientras que los varones engordan y se inflan sin parar, exhibiendo groseramente ante el pueblo que a ellos les va requetebién. Esa magnificencia se ratifica con el uso de vestimentas y prendas de marcas, junto con la utilización de vehículos blindados y escoltas armadas que groseramente nos echan en cara el alto nivel de riqueza y la magnitud de su poder de fuego.

Volviendo a las medidas adoptadas para el suministro de la gasolina producida en Irán, apreciamos que el solo hecho de haberse establecido un precio en dólares ($ 0,50 el litro) viola de entrada el artículo 318 de la Constitución Nacional, en el cual se dispone que “la unidad monetaria de la República Bolivariana de Venezuela es el bolívar”. En paralelo con lo anterior se dispuso un subsidio significativo para quienes estén registrados en el sistema patria, gasolina que tiene un precio de venta al público de 5.000 bolívares ($ 0,025) por litro y una limitante en el suministro mensual de 120 litros para carros, autobuses o camiones, y 60 litros para motos. El transporte público está exento del pago del combustible

Al momento de escribir este artículo me informan que, sin perder tiempo en largas colas, muchas personas han logrado proveerse de gasolina pagando en dólares o su equivalente en bolívares a autobuseros que prefieren mantener paradas sus unidades y obtener un ingreso regular en moneda norteamericana, nada despreciable y sin mayor desgaste para sus unidades de transporte.

Se ratifica de esa manera que la torpeza del gobierno es siempre dañina y peligrosa, algo que ya a nadie sorprende.

@EddyReyesT


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