Vencido el período presidencial del general en jefe Eleazar López Contreras, el Congreso Nacional (abril de 1941) eligió a otro militar también civilista, al general Isaías Medina Angarita, quien, sin pérdida de tiempo, entró a ejercer el mandato recibido y a trabajar desde temprano.

Cabe suponer que este general ya había estudiado suficientemente la situación en que se encontraba Venezuela en aquel tiempo  y tal vez le habría jerarquizado sus necesidades a fin procurarles adecuadas soluciones. A semejanza de su predecesor, y sin nada de esperas, dio comienzo a su gobierno, ¿cómo lo hizo?

En primer lugar, con la creación de novedosas e importantes instituciones como lo fueron la Identificación Nacional, el Seguro Social Obligatorio, el Impuesto sobre la Renta y la primera Ley de Hidrocarburos. Ello confirma la presunción de que sí se había estudiado y reflexionado suficientemente sobre los acomodos políticos y económicos que se requerían en Venezuela. En segundo lugar, la vocación de servicio al país escenificada y puesta de manifiesto por el presidente Isaías Medina Angarita no se quedaba solo en las intangibles obras ya mencionadas, sino que fueron más allá. Entre otras, se hicieron objetivamente presentes muy importantes obras materiales: como la moderna Urbanización El Silencio, el inicio de  construcción de la bella Ciudad Universitaria de Caracas a la que, además, le donó los terrenos para que definitivamente nuestra querida Universidad Central de Venezuela contara con sede propia. También, mucho enriqueció a la cultura venezolana con los grupos escolares en todo el país y las unidades sanitarias; algo más, le construyó a San Cristóbal el Edificio Nacional, sede de diversas y muy importantes instituciones públicas.

Se le reconoce al general Isaías Medina Angarita haber sido “uno de los presidentes venezolanos más democráticos que ha tenido Venezuela”. Sin embargo, como rememorando la actitud de Pedro Carujo frente al doctor Vargas, un partido político venezolano que ambicionaba el poder, en vez de esperar las elecciones que al año siguiente se realizarían para acceder por vía democrática, se alió con militares, con la fuerza bruta, y bruscamente le interrumpió su período presidencial el 18 de octubre de 1945 (muy mal precedente para la democracia venezolana, que aún lo padecemos). A consecuencia de esta oscura y nefasta ocurrencia, enviaron al exilio al  depuesto  general Medina Angarita y al expresidente López Contreras, quien no tenía vela en ese entierro.

En uno de sus documentos, el doctor Ramón J. Velásquez describió ese hecho así: “Desde comienzos del año conspiraban militares pertenecientes a la oficialidad subalterna del ejército y dirigentes de Acción Democrática, los dos sectores establecerían un pacto sin precedentes en la historia de Venezuela”.

Transcurridos tres años, ese régimen golpista fue depuesto en igual forma y con la misma moneda empleada por los mismos actores de antes. Ello no alegra a Venezuela, al contrario, la entristecen estos precedentes.

Volviendo al gobierno del general Medina Angarita, se recuerda que tanto este presidente como el de López Contreras, indiscutiblemente, dejaron profundas huellas durante sus respectivas administraciones, traducidas en tan importantes obras tangibles e intangibles de Venezuela. Lo cual demuestra dos cosas: a) profundo afecto por el país y b) haber trabajado en forma incansable y desinteresada por el engrandecimiento de Venezuela. Estas imborrables huellas deberán estimular a los líderes que se desempeñarán en futuros gobiernos de nuestro secuestrado y abandonado país.   (Tal vez se vuelva sobre el mismo tema… nada de regionalismo, solo recordar y honrar la historia de Venezuela).

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